El estado de la Interamericana
EL GOBIERNO de Ernesto Pérez Balladares dejó una carretera Interamericana en óptimas condiciones, al menos en el trecho situado entre la capital y Aguadulce. La amplió a cuatro carriles, desde La Chorrera hasta Penonomé, quedando pendiente la construcción de unos puentes entre la última ciudad y Aguadulce.
Dejó, además, elaborados los planos y los fondos necesarios para continuar el ensanche hacia Santiago. Pero la administración de su sucesora, Mireya Moscoso, no dio seguimiento a la obra, prefiriendo en su lugar la ampliación de la vía desde La Concepción hacia Paso Canoas, en la frontera con Costa Rica; y descuidando el necesario mantenimiento de lo hecho por Pérez Balladares.
El resultado de cinco años de descuido durante los tiempos de Moscoso es desastroso. La vía muestra fracturas y baches por doquier, a tal grado que, de no hacerse algo pronto, podría perderse toda y, con ello, millones de balboas de los contribuyentes.
Sólo al final de su mandato, el gobierno de Moscoso ejecutó algunos trabajos de parches y reemplazo de algunos tramos hundidos; pero fueron tan mal hechos, que la mayor parte se ha vuelto a dañar, pese al breve tiempo transcurrido; y los que permanecen son tan burdos, que provocan sobre los vehículos el efecto de resaltos o "policías muertos", con el agravante de que se tornan muy peligrosos cuando se marcha cerca del límite de velocidad, de 100 kilómetros por hora.
Corresponderá, pues, a la administración de Martín Torrijos, sacar de donde no hay, para enfrentar el problema. Y en ello no tiene alternativa, si es que desea mantener el tremendo impulso que ha tenido el turismo en el interior gracias, sin duda, a las obras que ejecutara Pérez Balladares.