El Estado de la Nación
A medida que se acerca el 1 de julio, creo importante referirme a varios temas que guardan relación con la responsabilidad encomendada a mi persona por el Presidente Martinelli frente a la cartera de Gobierno y Justicia. Los termas inherentes a la seguridad ocuparán gran parte de mi agenda y estas semanas dedicadas a la transición me han permitido, junto al equipo que me acompaña, ir descubriendo y entendiendo aspectos fundamentales del grave problema de inseguridad ciudadana que estamos padeciendo y que con razón la población los identifica de primero en su lista de prioridades y son en su conjunto de primera prioridad también para el gobierno entrante.
La criminalidad en el país nos alarma a todos. Cuando se nos presentó la interesante explicación de la situación de la criminalidad en el país, una de las razones que caracteriza a la misma y fluye hacia otros escenarios también complejos, es el índice de deserción escolar. Por allí, podemos decir, empieza todo. El niño a los niveles de sexto grado que su padre no tiene empleo y que le resulta muy oneroso mantener a sus hijos en la escuela los saca, poniéndolos inmediatamente a ganarse la vida en las calles y en pleno contacto con todo lo que en ella pasa. De niño casi adolescente se convierte en presa fácil del mundo de las pandillas, primero por atracción natural-ve en los pandilleros un modelo a seguir por las facilidades económicas que desde temprano adquieren- y luego por invitación luego de una estrategia de conquista que va desde permitirle jugar en las canchas de juego públicas sin pagar hasta darles la confianza de empezar la vida de pandilleros, sea vendiendo droga o sirviendo de sicarios, dependiendo el lugar y el giro de la pandilla. En todo esto hay un denominador común: la enorme cantidad de droga que circula en el país y que tiene en la venta al detal la mayor penetración en los jóvenes, en los adultos y en muchas de las instituciones llamadas a velar por la seguridad ciudadana. Dónde se perdió el control, aún nadie sabe ubicar el momento con mediana certeza, pero se perdió.
El pueblo panameño confió al nuevo gobierno la legitimidad para gobernar. Empezar el primer día a culpar al gobierno saliente de todo -aunque razones sobran- no es, en mi concepto lo que el país requiere. Empezamos a gobernar el país donde está y como está, al tiempo que se debe tener claro que gobernar es decidir, no tirarse la pelota de una esquina a otra.
Hay muchas otras causas de la situación de criminalidad en el país. Poco a poco iré adentrándome en las mismas, pero desde ya les digo que la débil institucionalidad y la desmotivación moral que caracteriza a los componentes de esas instituciones, son causas que hay que atacar y resolver a fin de invertir en seguridad con el mismo o quizás mayor énfasis en que se requiere invertir en educación, salud, vivienda, en fin, en las carencias del país.
Llevaré estos temas a toda la sociedad civil para que se compenetren y comprendan que los mismos no son solo problemas de gobierno sino de Estado y requerimos su apoyo para ir mitigando los mismos con gran responsabilidad. Todos nos merecemos vivir sin temor.