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El Estado regulador


En la dialéctica neoliberal, una técnica de argumentación muy utilizada consiste en convertir a un cactus en un rosal. Aunque ambos tengan espinas, sólo uno es dueño de una apariencia estética superior. Decir como se dice vanamente que la responsabilidad de la crisis económica actual es causada por exceso o por defecto de los mecanismos reguladores del Estado es simple y sencillamente negar la parte que le toca al mercado y especialmente a quienes lo hacen funcionar.

Hablar del Estado y del mercado generalizando, sin especificar los distintos sectores y sin señalar a sus actores principales, es diluir el problema con el fin obvio de soslayar las responsabilidades propias de una manera injusta o cínica.

Hay por allí quienes esgrimen el dogma de la libertad económica para imponer una visión muy particular de hacer política y negocios. Ideología que ha fracasado en todas partes, especialmente en su responsabilidad social de crear empleos estables con participación en los beneficios; respetar la salud del medio ambiente; no interferir por medios económicos en la forma de escoger a las autoridades públicas; no apropiarse de los bienes ajenos utilizando recursos éticamente reprochables y no usar a los cabilderos para lograr beneficios propios, ni tampoco a los medios de comunicación, publicitarias y agencias "calificadoras de riesgo financiero" para engatusar a comerciantes e inversores honestos. La raíz de este fracaso está vinculada con la falta de aplicación ética en su ejercicio, es decir: de un mínimo necesario de valores humanos y actitudes basadas en principios fundamentales de consenso universal.

Contrario a lo que opinan Erich Fromm y algunos empresarios dogmáticos, no es a la libertad a la que se le tiene miedo, es a los terroristas económicos con nombre y apellido que la manipulan para su propio beneficio y para engañar incautos a los que realmente se les teme. Dice un lúcido nonagenario economista y escritor español: José Luis Sampedro: "La libertad es como una cometa, vuela porque está amarrada a un cordel". Ese cordel se llama responsabilidad. Sin hilo no hay cometa y sin responsabilidad no puede haber libertad.

Ni el estado de bienestar a ultranza, ni el "libre" mercado sin responsabilidad, pueden existir sin la participación voluntaria y activa de la población. La economía no puede funcionar correctamente eliminando al Estado o al mercado. Para ello es necesario que ambas partes se auto limiten, renuncien libremente a viejos dogmas y privilegios y se dediquen al ejercicio de una responsabilidad mutuamente compartida y solidaria.

Riqueza sin trabajo; disfrute sin conciencia; conocimiento sin carácter; negocios sin moral; ciencia sin humanidad; religión sin sacrificio y política sin principios son los siete pecados capitales enumerados por Mahatma Gandhi.

Un gran teólogo y eticista alemán, Hans Küng nos advierte: "Ciertamente carecemos en todos los sentidos de una visión realista que ilumine el futuro. Y me atrevo a añadir: difícilmente la podemos esperar de los representantes de las grandes ideologías... Se mire a la derecha o a la izquierda, no vemos ninguna señal".

101 años de Panamá América

 
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