El Estado y las poblaciones indígenas
Las poblaciones indígenas están clasificadas dentro del campo de la etnografía como grupos étnicos. También se les denomina aborígenes, que significa primeros pobladores. Los etnólogos, estudiosos de las razas humanas definen las etnias como un conjunto social que crea y reproduce su propia cultura, con la cual se identifica y por la cual es identificado, con características específicas, como la de tener su propio territorio, una lengua, una manera muy peculiar de conocer su realidad, un modo de organización social.
Dentro de este marco conceptual de ideas, haremos una síntesis, de la política estatal y su compromiso con el desarrollo social y cultural de las poblaciones indígenas de nuestro país.
Si revisamos los programas de política indigenista del actual gobierno y ponemos sobre la balanza de lo justo, encontraremos más problemas que soluciones. Encontraremos que los mismos adolecen de una política coherente que les permita mayor cobertura de trabajo, mayor espacio vital que se traduce en tierras, viviendas, salud y educación.
Nuestros aborígenes han sufrido el más absoluto abandono, por los gobiernos de turno. Como resultado de esta situación se han originado confrontaciones violentas entre lo que ellos denominan colonos, se les ha violado sus derechos despojándolos de sus tierras, arrinconándolos a su mínima expresión.
Por otro lado, las poblaciones indígenas no han sido incorporadas a su concepción etnocéntrica, es decir, no se ha desarrollado un programa que impida que estos grupos continúen en el atraso social, cultural, económico y político.
Si miramos retrospectivamente, y nos situamos en los tiempos de la dictadura militar encontramos que a estos grupos se les trató con desprecio e ingratitud, al margen de lo que hubiera sido un desarrollo; se les trató poco menos que animales, algo así como tribus salvajes.
Martín, el actual candidato de P.R.D., fue viceministro de Gobierno y Justicia, Ministro Encargado en varias ocasiones; nunca hizo nada por reivindicar a estas poblaciones del abandono de las injusticias a que han sido sometidAs; nunca se pronunció, ni dijo una palabra en beneficio de los indígenas. Ahora como candidato a la presidencia ha hecho muchas promesas, ha dicho muchas cosas, cuando Viceministro no sólo no hizo nada para hacerle justicia a estas poblaciones, sino que participó en las humillaciones que se le hicieron por protestar pidiendo mejores condiciones de vida.
La conquista no ha terminado para estos grupos humanos olvidados del planeta, muchas veces vilipendiados y humillados por los gobiernos de turno. La violación de sus derechos y el atropello a que han sido sometidos desde la llegada de los españoles a estas tierras, hasta nuestros tiempos, no ha terminado. Los primeros invasores justificaron tales violaciones en nombre de la evangelización, ahora la justifican en nombre de la modernización. Lo cierto es que nuestros aborígenes desde antes, durante y después de Urracá y Nele Kantule han estado contra el suelo.
"La política indigenista panameña ha sido en principio racista, mediante la cual las masas indígenas son sometidas a un proceso de autodestrucción, una especie de extinción y negación de su mismisidad", A. Turpana.
El gobierno actual no ha puesto en práctica una política coherente en el aspecto cultural y educativo, lo que ha impedido que dichos grupos se incorporen a la civilización. No se ha llevado a cabo un proceso de modernización de estos grupos, sin que esto implique necesariamente el abandono de su cultura; no se les ha dado participación en la planificación y en la ejecución de sus programas de desarrollo. Se les ha impedido ampliar sus reservas, a un sistema de propiedad común de las tierras.
No se les ha dado tratamiento justo y equitativo a nuestros aborígenes. El síndrome del maltrato se ha generalizado en ellos, lo que ha reforzado los sentimientos y complejos de inferioridad.
Existe el peligro latente de que estos grupos mantengan su supervivencia física y cultural, la amenaza de su extinción, y lo que es peor, que desaparezcan del planeta.
Dentro de este marco conceptual de ideas, haremos una síntesis, de la política estatal y su compromiso con el desarrollo social y cultural de las poblaciones indígenas de nuestro país.
Si revisamos los programas de política indigenista del actual gobierno y ponemos sobre la balanza de lo justo, encontraremos más problemas que soluciones. Encontraremos que los mismos adolecen de una política coherente que les permita mayor cobertura de trabajo, mayor espacio vital que se traduce en tierras, viviendas, salud y educación.
Nuestros aborígenes han sufrido el más absoluto abandono, por los gobiernos de turno. Como resultado de esta situación se han originado confrontaciones violentas entre lo que ellos denominan colonos, se les ha violado sus derechos despojándolos de sus tierras, arrinconándolos a su mínima expresión.
Por otro lado, las poblaciones indígenas no han sido incorporadas a su concepción etnocéntrica, es decir, no se ha desarrollado un programa que impida que estos grupos continúen en el atraso social, cultural, económico y político.
Si miramos retrospectivamente, y nos situamos en los tiempos de la dictadura militar encontramos que a estos grupos se les trató con desprecio e ingratitud, al margen de lo que hubiera sido un desarrollo; se les trató poco menos que animales, algo así como tribus salvajes.
Martín, el actual candidato de P.R.D., fue viceministro de Gobierno y Justicia, Ministro Encargado en varias ocasiones; nunca hizo nada por reivindicar a estas poblaciones del abandono de las injusticias a que han sido sometidAs; nunca se pronunció, ni dijo una palabra en beneficio de los indígenas. Ahora como candidato a la presidencia ha hecho muchas promesas, ha dicho muchas cosas, cuando Viceministro no sólo no hizo nada para hacerle justicia a estas poblaciones, sino que participó en las humillaciones que se le hicieron por protestar pidiendo mejores condiciones de vida.
La conquista no ha terminado para estos grupos humanos olvidados del planeta, muchas veces vilipendiados y humillados por los gobiernos de turno. La violación de sus derechos y el atropello a que han sido sometidos desde la llegada de los españoles a estas tierras, hasta nuestros tiempos, no ha terminado. Los primeros invasores justificaron tales violaciones en nombre de la evangelización, ahora la justifican en nombre de la modernización. Lo cierto es que nuestros aborígenes desde antes, durante y después de Urracá y Nele Kantule han estado contra el suelo.
"La política indigenista panameña ha sido en principio racista, mediante la cual las masas indígenas son sometidas a un proceso de autodestrucción, una especie de extinción y negación de su mismisidad", A. Turpana.
El gobierno actual no ha puesto en práctica una política coherente en el aspecto cultural y educativo, lo que ha impedido que dichos grupos se incorporen a la civilización. No se ha llevado a cabo un proceso de modernización de estos grupos, sin que esto implique necesariamente el abandono de su cultura; no se les ha dado participación en la planificación y en la ejecución de sus programas de desarrollo. Se les ha impedido ampliar sus reservas, a un sistema de propiedad común de las tierras.
No se les ha dado tratamiento justo y equitativo a nuestros aborígenes. El síndrome del maltrato se ha generalizado en ellos, lo que ha reforzado los sentimientos y complejos de inferioridad.
Existe el peligro latente de que estos grupos mantengan su supervivencia física y cultural, la amenaza de su extinción, y lo que es peor, que desaparezcan del planeta.