El estigma mata...no hay tiempo que perder
A l celebrarse hoy el día mundial de la Cruz Roja, el movimiento humanitario más grande del mundo dedica sus esfuerzos a combatir la discriminación y promover la tolerancia y el respeto de la dignidad humana en toda circunstancia. Aunque la organización tiene un mandato reconocido por la comunidad internacional como guardián y difusor del Derecho Internacional Humanitario (normas que se aplican durante los conflictos armados), en los últimos años también dirige sus esfuerzos hacia la divulgación de los derechos fundamentales de la persona humana.
Se sabe que los seres humanos enfrentamos diversas formas de discriminación originadas por motivos raciales, culturales y religiosos. También hay discriminación, siendo la más aberrante, por causa de enfermedades. Ese drama lo padecen, por ejemplo, las personas afectadas por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH/SIDA), quienes día a día afrontan el rechazo de sus semejantes. Es por ello que el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha hecho suya la tarea de consolidar un mundo más condescendiente con el dolor y el sufrimiento humano. El Movimiento ha tomado conciencia de que el padecimiento del hombre no se circunscribe a los desastres naturales o a los conflictos armados -momentos durante los cuales, sin temor a equivocarme, se vulnera más que nunca la dignidad humana-. Los sufrimientos que causan el estigma y la discriminación social por los distintos motivos ya enunciados, igualmente, generan graves daños emocionales al individuo.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre advierte en su artículo 1 que todos los seres humanos nacen “iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Así mismo destaca que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Estos principios son confirmados por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, cuyo artículo 26 dispone que “Todas las personas son iguales ante la ley y tienen derecho sin discriminación a igual protección de la ley. A este respecto, la ley prohibirá toda discriminación y garantizará a todas las personas protección igual y efectiva contra cualquier discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social”.
Queda claro que los instrumentos internacionales de protección de los derechos fundamentales tutelan la dignidad de la persona humana, proscribiendo todas las formas de discriminación; sin embargo, los seres humanos actuamos como si fuéramos inmunes a los males que hoy puede sufrir alguno de nuestros semejantes. Todos y todas deberíamos tener presente que cualquiera puede ser objeto de discriminación racial. Todos y todas estamos expuestos a contraer el VIH/SIDA. Frente a esta realidad, ninguna persona debería estigmatizar o discriminar a otra, especialmente cuando todos habitamos una misma casa, el planeta Tierra.
Debemos saber que el estigma mata lentamente, pero la conciencia humana también. En la medida que discriminemos a la gente, nuestra conciencia será la encargada de recordarnos el sufrimiento que causamos a quien le debíamos comprensión y tolerancia, tan sólo por su condición de persona humana.
No hay tiempo que perder, digamos no a la discriminación; ya no hay espacios para la xenofobia, ni para las luchas étnicas y menos para estigmatizar a quienes resisten una enfermedad infectocontagiosa; pero tampoco para las guerras. Sólo quedan espacios para la comprensión y para el respeto de los derechos fundamentales de la persona humana.
Al celebrar el 140 aniversario del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, con motivo del natalicio de su visionario fundador, el ginebrino Henry Dunant, no cabe duda que la acción mundial emprendida por la organización contra el estigma y la discriminación de las personas que viven con VIH y SIDA es un gran paso en la búsqueda de la tolerancia y la supremacía de los derechos fundamentales de la persona humana. Hagamos del combate de todas las formas de estima y discriminación el poder de la humanidad.
(* Difusor del Derecho Internacional Humanitario - Cruz Roja Panameña.
(c) solisgon@cwpanama.net)
Por su parte, Juan Carlos Navarro, alcalde del distrito capital, reconoció que este acuerdo nunca se ha puesto en práctica realmente, ya que a pesar de que se hizo con buena intención, estas acciones no funcionan en ningún país del mundo.
Sostiene que técnicamente esta acción es inoperante, porque en una ciudad como la nuestra no tiene ningún sentido, pues no es factible ni técnica ni financieramente pedirle a cada construcción una planta de tratamiento de agua.
Se sabe que los seres humanos enfrentamos diversas formas de discriminación originadas por motivos raciales, culturales y religiosos. También hay discriminación, siendo la más aberrante, por causa de enfermedades. Ese drama lo padecen, por ejemplo, las personas afectadas por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH/SIDA), quienes día a día afrontan el rechazo de sus semejantes. Es por ello que el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha hecho suya la tarea de consolidar un mundo más condescendiente con el dolor y el sufrimiento humano. El Movimiento ha tomado conciencia de que el padecimiento del hombre no se circunscribe a los desastres naturales o a los conflictos armados -momentos durante los cuales, sin temor a equivocarme, se vulnera más que nunca la dignidad humana-. Los sufrimientos que causan el estigma y la discriminación social por los distintos motivos ya enunciados, igualmente, generan graves daños emocionales al individuo.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre advierte en su artículo 1 que todos los seres humanos nacen “iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Así mismo destaca que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Estos principios son confirmados por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, cuyo artículo 26 dispone que “Todas las personas son iguales ante la ley y tienen derecho sin discriminación a igual protección de la ley. A este respecto, la ley prohibirá toda discriminación y garantizará a todas las personas protección igual y efectiva contra cualquier discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social”.
Queda claro que los instrumentos internacionales de protección de los derechos fundamentales tutelan la dignidad de la persona humana, proscribiendo todas las formas de discriminación; sin embargo, los seres humanos actuamos como si fuéramos inmunes a los males que hoy puede sufrir alguno de nuestros semejantes. Todos y todas deberíamos tener presente que cualquiera puede ser objeto de discriminación racial. Todos y todas estamos expuestos a contraer el VIH/SIDA. Frente a esta realidad, ninguna persona debería estigmatizar o discriminar a otra, especialmente cuando todos habitamos una misma casa, el planeta Tierra.
Debemos saber que el estigma mata lentamente, pero la conciencia humana también. En la medida que discriminemos a la gente, nuestra conciencia será la encargada de recordarnos el sufrimiento que causamos a quien le debíamos comprensión y tolerancia, tan sólo por su condición de persona humana.
No hay tiempo que perder, digamos no a la discriminación; ya no hay espacios para la xenofobia, ni para las luchas étnicas y menos para estigmatizar a quienes resisten una enfermedad infectocontagiosa; pero tampoco para las guerras. Sólo quedan espacios para la comprensión y para el respeto de los derechos fundamentales de la persona humana.
Al celebrar el 140 aniversario del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, con motivo del natalicio de su visionario fundador, el ginebrino Henry Dunant, no cabe duda que la acción mundial emprendida por la organización contra el estigma y la discriminación de las personas que viven con VIH y SIDA es un gran paso en la búsqueda de la tolerancia y la supremacía de los derechos fundamentales de la persona humana. Hagamos del combate de todas las formas de estima y discriminación el poder de la humanidad.
(* Difusor del Derecho Internacional Humanitario - Cruz Roja Panameña.
(c) solisgon@cwpanama.net)
Por su parte, Juan Carlos Navarro, alcalde del distrito capital, reconoció que este acuerdo nunca se ha puesto en práctica realmente, ya que a pesar de que se hizo con buena intención, estas acciones no funcionan en ningún país del mundo.
Sostiene que técnicamente esta acción es inoperante, porque en una ciudad como la nuestra no tiene ningún sentido, pues no es factible ni técnica ni financieramente pedirle a cada construcción una planta de tratamiento de agua.