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El eterno misterio de la Navidad


Si bien el caso parece dilucidado, lo que no se sabe es por qué había tanta gente en Belén, hasta el punto de que los inminentes padres no pudieron encontrar lugar en ninguna posada, debiendo refugiarse en un pesebre de las inmediaciones.
La Navidad no se celebró desde siempre. La primera vez fue en el año 345, o al menos esta es la fecha en que se estableció conmemorarla, porque otros historiadores afirman que en realidad el festejo original data del año 354. Pero de todos modos, la Navidad se propagó rápidamente, tanto por Occidente como por Oriente, si bien con distintos ritos.
Y la estrella que guió a los Reyes Magos hasta el lugar del nacimiento de Cristo, efectivamente existió, aunque se la considera un fenómeno astronómico perfectamente identificado por científicos europeos, chinos y rusos. Se supone que fue la explosión de un astro del tipo Nova, tesis que superó la creencia del cometa. Aún quedan muchos científicos, no obstante, que siguen opinando que la famosa y simbólica estrella de Belén, en realidad, fue el fenómeno astronómico de la conjunción de Júpiter y Saturno.
Los Reyes Magos ni eran reyes ni eran magos. Eran, en realidad, astrólogos, y en la antigüedad los éstos eran sumamente respetados porque sus predicciones tenían el halo encantador del sortilegio. De aquí la definición de "magos".
Toda la simbología del misterio cristiano se encuentra en los presentes de aquellos míticos Reyes Magos. Melchor obsequió al recién nacido con oro, alegoría de un reinado. Gaspar entregó incienso, profetizando así el sacerdocio de Jesús, y Gaspar, con su mirra, optó por significar, con este ungüento funerario usado desde remotos tiempos, la muerte y el renacimiento.
En Colonia, la bella ciudad alemana, se observa en su espléndida catedral la tumba de los Reyes Magos. Hasta dicha ciudad habían llegado sus restos, luego de morir en el año 54, todos en el mismo mes de enero: Melchor, el primer día; Baltasar cinco jornadas más tarde, y Gaspar clausuró el ciclo el 11 de enero.
Fantasmas de un pasado que vuelven una y otra vez, para regocijo de una humanidad que busca su camino de redención. Esperamos que estas Navidades el misterio de la venida del Hijo de Dios ilumine la esperanza de que algún día el amor y la paz reinen en esta tierra.


101 años de Panamá América

 
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