El evidente pragmatismo entre social cristianos y social demócratas
El gobierno panameño es, claramente, un gobierno social demócrata. No sólo porque la población votó por una propuesta social demócrata, sino también por su evidente preocupación por los problemas sociales, su estilo de gobernar, la racionalidad que domina sus decisiones económicas y su marcado interés por recobrar protagonismo en materia de política exterior. No obstante, quedarnos con esta definición sería pecar de simplistas.
La realidad es mucho más compleja y el fenómeno inédito que hoy experimenta Panamá, es uno que viene ocurriendo en Chile desde hace muchos años y que se identifica también con quienes en su momento hicieron oposición en Ecuador: una pragmática asociación política entre social cristianos y social demócratas, que va mucho más allá de una coyuntural relación electoral.
Si en Chile esta relación se explica como la única forma de hacer frente políticamente a la derecha, en Ecuador parecía explicarse como la función de unir fuerzas desde la perspectiva opositora, -como comenzó aquí en Panamá con el denominado Pacto Meta-, concretándose en nuestro país en una alianza de gobierno con una estructura propia y un plan político de acción.
Ahora bien, si pudiera pensarse que tanto ideología como política podrían dividir a social cristianos y a social demócratas panameños, el encontrarse en oposición juntos, el animarlos un espíritu de reconciliación pero, sobretodo, el mantener un programa que siempre ha estado por encima de sus diferencias ideológicas, es lo que ha mantenido vigente esta alianza.
Así, si los demócratas cristianos se rigen por el principio de subsidiaridad, en virtud del cual se debe dejar al individuo y a las organizaciones sociales el rol de organizar a la sociedad, también este principio reconoce el rol supletorio del Estado. Y, si bien para los social demócratas el Estado debe ser el proveedor del bienestar del individuo y de la sociedad, esa noción se encuentra en nuestros países sub desarrollados frente a la realidad de exiguos recursos materiales para llevar bienestar a todos los asociados. Esto coincide con el generalmente aceptado declive del llamado Estado benefactor, por la inmovilidad económica y social que ha producido, sobre todo, en Europa Occidental, frente a la ascendencia cada vez más aceptada del concepto del Estado facilitador.
En la práctica, los primeros días de ejercicio del poder por parte del Presidente de la República, se dejaron influenciar de ambas corrientes, pero sobre todo, de un prudente ejercicio de racionalidad política.
La eliminación del Ministerio del Canal, la reducción de la planilla estatal abultada de funcionarios nombrados sin funciones durante la última campaña electoral y la puesta en marcha de un plan de desburocratización y mayor eficiencia del Estado, son medidas típicamente social cristianas, como son medidas típicamente social demócratas la forma como se abordaron las catástrofes naturales que aquejaron a la población, la dinamización de los llamados ministerios sociales, la eficiente gestión del gabinete social y el esfuerzo panameño por jugar un rol más trascendental de política exterior, asociado con su nombramiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Finalmente, seguiremos observando una creciente integración de medidas social cristianas con medidas social demócratas. Y quien crea que el peso de las actitudes social cristianas será pequeño, comete un gran error. No sólo porque la racionalidad política se inclina cada vez más hacia gobiernos pequeños, pero eficientes (sin descuidar la gestión social del Estado), pero también, porque a nuestro juicio, el Señor Presidente de la República recibe influencia política no sólo de su padre (q.e.p.d.), pero también del máximo exponente del social cristianismo panameño.
(La historia puede continuar)
A criterio de Jaime Salas, director de Ingeniería Municipal de la Alcaldía de Panamá, los edificios que han sido demolidos no tienen ningún valor histórico.
Salas expresó que para que un edificio sea considerado como histórico, debe ser calificado de esta manera por la Dirección de Patrimonio Histórico del INAC.
"Cuando Ingeniería Municipal otorga un permiso de demolición y está dentro de las áreas que se consideren con valor histórico, primero se le pide autorización a este departamento del INAC", indicó.
Según Salas, lo que hace el municipio es seguir lo que está en las normativas del MIVI.
La realidad es mucho más compleja y el fenómeno inédito que hoy experimenta Panamá, es uno que viene ocurriendo en Chile desde hace muchos años y que se identifica también con quienes en su momento hicieron oposición en Ecuador: una pragmática asociación política entre social cristianos y social demócratas, que va mucho más allá de una coyuntural relación electoral.
Si en Chile esta relación se explica como la única forma de hacer frente políticamente a la derecha, en Ecuador parecía explicarse como la función de unir fuerzas desde la perspectiva opositora, -como comenzó aquí en Panamá con el denominado Pacto Meta-, concretándose en nuestro país en una alianza de gobierno con una estructura propia y un plan político de acción.
Ahora bien, si pudiera pensarse que tanto ideología como política podrían dividir a social cristianos y a social demócratas panameños, el encontrarse en oposición juntos, el animarlos un espíritu de reconciliación pero, sobretodo, el mantener un programa que siempre ha estado por encima de sus diferencias ideológicas, es lo que ha mantenido vigente esta alianza.
Así, si los demócratas cristianos se rigen por el principio de subsidiaridad, en virtud del cual se debe dejar al individuo y a las organizaciones sociales el rol de organizar a la sociedad, también este principio reconoce el rol supletorio del Estado. Y, si bien para los social demócratas el Estado debe ser el proveedor del bienestar del individuo y de la sociedad, esa noción se encuentra en nuestros países sub desarrollados frente a la realidad de exiguos recursos materiales para llevar bienestar a todos los asociados. Esto coincide con el generalmente aceptado declive del llamado Estado benefactor, por la inmovilidad económica y social que ha producido, sobre todo, en Europa Occidental, frente a la ascendencia cada vez más aceptada del concepto del Estado facilitador.
En la práctica, los primeros días de ejercicio del poder por parte del Presidente de la República, se dejaron influenciar de ambas corrientes, pero sobre todo, de un prudente ejercicio de racionalidad política.
La eliminación del Ministerio del Canal, la reducción de la planilla estatal abultada de funcionarios nombrados sin funciones durante la última campaña electoral y la puesta en marcha de un plan de desburocratización y mayor eficiencia del Estado, son medidas típicamente social cristianas, como son medidas típicamente social demócratas la forma como se abordaron las catástrofes naturales que aquejaron a la población, la dinamización de los llamados ministerios sociales, la eficiente gestión del gabinete social y el esfuerzo panameño por jugar un rol más trascendental de política exterior, asociado con su nombramiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Finalmente, seguiremos observando una creciente integración de medidas social cristianas con medidas social demócratas. Y quien crea que el peso de las actitudes social cristianas será pequeño, comete un gran error. No sólo porque la racionalidad política se inclina cada vez más hacia gobiernos pequeños, pero eficientes (sin descuidar la gestión social del Estado), pero también, porque a nuestro juicio, el Señor Presidente de la República recibe influencia política no sólo de su padre (q.e.p.d.), pero también del máximo exponente del social cristianismo panameño.
(La historia puede continuar)
A criterio de Jaime Salas, director de Ingeniería Municipal de la Alcaldía de Panamá, los edificios que han sido demolidos no tienen ningún valor histórico.
Salas expresó que para que un edificio sea considerado como histórico, debe ser calificado de esta manera por la Dirección de Patrimonio Histórico del INAC.
"Cuando Ingeniería Municipal otorga un permiso de demolición y está dentro de las áreas que se consideren con valor histórico, primero se le pide autorización a este departamento del INAC", indicó.
Según Salas, lo que hace el municipio es seguir lo que está en las normativas del MIVI.