El exterminio de las mujeres
EL EXTERMINIO DE UN GRUPO HUMANO es la actividad sistemática e ininterrumpida de aniquilar por medios extremadamente violentos vidas humanas, con la finalidad de erradicarlas totalmente de la faz de la tierra como especie o grupo, sin ningún freno o represión de los otros grupos humanos que conviven en el mismo medio social. Ocurrió con los judíos en la Alemania de Hitler, ocurrió con la población Kurda en el Irak de Sadam Hussein; y está ocurriendo hoy día en Panamá, con las mujeres en sus relaciones maritales.
El exterminio de las mujeres que tienen vida marital en Panamá es un hecho irrefutable y cuantificable a través de mediciones estadísticas.
Recientemente, se informó que en el 2005 hubo 14, 691 casos reportados de violencia intrafamiliar o doméstica, de los cuales 1, 386 fueron remitidos y atendidos en el Instituto de Medicatura Forense del Ministerio Público por las palizas y heridas recibidas por las víctimas, todas mujeres. Estas cifras de por sí alarmantes, angustian más cuando constatamos que estadísticamente hay una tendencia creciente y ascendente de los casos de violencia doméstica, lo que agravará esta situación. Vale decir que, el futuro es desolador para las mujeres que viven en pareja.
Lo más grave del escalamiento de la violencia doméstica en Panamá es que el vocablo " exterminio", que empleamos como título de este artículo, no es un ardid para sobredimensionar el problema. Efectivamente, a la fecha, más de 160 mujeres en Panamá han sido asesinadas por su pareja o ex-pareja, en circunstancias en donde "teóricamente" están plenamente constituidas las autoridades que tienen el deber legal de frenar o reprimir preventivamente esta violencia doméstica, cuyo desenlace son los homicidios de sentimientos.
Para entender esta problemática de la violencia doméstica en nuestro país, debo explicar algunas cosas. El bien jurídico más protegido en cualquier sociedad en cualquier parte del globo terrestre es la vida. Al punto que, en varios códigos penales del mundo, se condena con la muerte el homicidio. La vida es, entonces, lo primero que las autoridades deben proteger.
En los casos de violencia doméstica que he analizado, me queda claro que el desenlace no es súbito, sino que es parte de un proceso que se inicia comúnmente en una corregiduría, toma su tiempo, y desemboca irremediablemente con una tumba en el cementerio. Sus causas son diversas, pero su patrón es el mismo siempre. Sus mayores cómplices son el silencio y la inacción.
Hoy tenemos un enorme problema que enfrentar con resolución, a menos que queramos seguir contando las muertas. ¿Qué hacer?
El eje central de las autoridades encargadas de perseguir el delito debe variar para que los casos de violencia doméstica sean atajados desde el principio antes que se conviertan en estadística de homicidios. Estos deben ser los casos de alto perfil en nuestro país. Esto es así por varias razones. Primero, debemos proteger la vida ante todo. Segundo, porque según un informe del Banco de Desarrollo Interamericano sobre la violencia doméstica en América Latina, la inacción y el silencio es el factor que más agrava la escalada de este crimen. Tercero, porque las estadísticas nos indican que debemos enfocar nuestros esfuerzos hacia allá.
Vemos que, en el 2005 entraron al sistema de justicia 1, 625 personas por delitos relacionados con Drogas. En la actualidad los casos de alto perfil en casos de corrupción no exceden la cifra de 50 expedientes. Con excepción de las muertes por accidentes de tránsito, que son homicidios involuntarios y por imprudencia, el asesinato de mujeres que tienen vida marital tiene connotaciones epidémicas en nuestro país.
En Panamá es más fácil que a una mujer la mate su pareja, que un asaltante en un robo a mano armada. Se dice que los casos de violencia doméstica no reportados representan una cantidad igual a los reportados. De ser así, más del 2% de la población panameña está vinculado a la violencia doméstica. Las estadísticas son abrumadoras.
En Panamá, ser una mujer casada, unida o separada conlleva hoy día un riesgo de muerte. Existen muchas otras cosas que sustentan la necesidad de un cambio de actitud y una nueva política criminal para frenar la violencia doméstica y vamos a exponerlas en otros artículos. Mientras tanto, y por lo pronto, les doy buenos consejos a las mujeres compatriotas mías, para que no terminen siendo una estadística más de la violencia: Conozcan bien a su pareja antes de convivir juntos; si pueden tengan noviazgos largos (preferible 10 años); no se deje embarazar fácilmente; si tiene hijos téngalos espacionados y con el mismo hombre; y al primer asomo de violencia, ¡déjelo!
El exterminio de las mujeres que tienen vida marital en Panamá es un hecho irrefutable y cuantificable a través de mediciones estadísticas.
Recientemente, se informó que en el 2005 hubo 14, 691 casos reportados de violencia intrafamiliar o doméstica, de los cuales 1, 386 fueron remitidos y atendidos en el Instituto de Medicatura Forense del Ministerio Público por las palizas y heridas recibidas por las víctimas, todas mujeres. Estas cifras de por sí alarmantes, angustian más cuando constatamos que estadísticamente hay una tendencia creciente y ascendente de los casos de violencia doméstica, lo que agravará esta situación. Vale decir que, el futuro es desolador para las mujeres que viven en pareja.
Lo más grave del escalamiento de la violencia doméstica en Panamá es que el vocablo " exterminio", que empleamos como título de este artículo, no es un ardid para sobredimensionar el problema. Efectivamente, a la fecha, más de 160 mujeres en Panamá han sido asesinadas por su pareja o ex-pareja, en circunstancias en donde "teóricamente" están plenamente constituidas las autoridades que tienen el deber legal de frenar o reprimir preventivamente esta violencia doméstica, cuyo desenlace son los homicidios de sentimientos.
Para entender esta problemática de la violencia doméstica en nuestro país, debo explicar algunas cosas. El bien jurídico más protegido en cualquier sociedad en cualquier parte del globo terrestre es la vida. Al punto que, en varios códigos penales del mundo, se condena con la muerte el homicidio. La vida es, entonces, lo primero que las autoridades deben proteger.
En los casos de violencia doméstica que he analizado, me queda claro que el desenlace no es súbito, sino que es parte de un proceso que se inicia comúnmente en una corregiduría, toma su tiempo, y desemboca irremediablemente con una tumba en el cementerio. Sus causas son diversas, pero su patrón es el mismo siempre. Sus mayores cómplices son el silencio y la inacción.
Hoy tenemos un enorme problema que enfrentar con resolución, a menos que queramos seguir contando las muertas. ¿Qué hacer?
El eje central de las autoridades encargadas de perseguir el delito debe variar para que los casos de violencia doméstica sean atajados desde el principio antes que se conviertan en estadística de homicidios. Estos deben ser los casos de alto perfil en nuestro país. Esto es así por varias razones. Primero, debemos proteger la vida ante todo. Segundo, porque según un informe del Banco de Desarrollo Interamericano sobre la violencia doméstica en América Latina, la inacción y el silencio es el factor que más agrava la escalada de este crimen. Tercero, porque las estadísticas nos indican que debemos enfocar nuestros esfuerzos hacia allá.
Vemos que, en el 2005 entraron al sistema de justicia 1, 625 personas por delitos relacionados con Drogas. En la actualidad los casos de alto perfil en casos de corrupción no exceden la cifra de 50 expedientes. Con excepción de las muertes por accidentes de tránsito, que son homicidios involuntarios y por imprudencia, el asesinato de mujeres que tienen vida marital tiene connotaciones epidémicas en nuestro país.
En Panamá es más fácil que a una mujer la mate su pareja, que un asaltante en un robo a mano armada. Se dice que los casos de violencia doméstica no reportados representan una cantidad igual a los reportados. De ser así, más del 2% de la población panameña está vinculado a la violencia doméstica. Las estadísticas son abrumadoras.
En Panamá, ser una mujer casada, unida o separada conlleva hoy día un riesgo de muerte. Existen muchas otras cosas que sustentan la necesidad de un cambio de actitud y una nueva política criminal para frenar la violencia doméstica y vamos a exponerlas en otros artículos. Mientras tanto, y por lo pronto, les doy buenos consejos a las mujeres compatriotas mías, para que no terminen siendo una estadística más de la violencia: Conozcan bien a su pareja antes de convivir juntos; si pueden tengan noviazgos largos (preferible 10 años); no se deje embarazar fácilmente; si tiene hijos téngalos espacionados y con el mismo hombre; y al primer asomo de violencia, ¡déjelo!