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El fenómeno del cambio


En los países de América Latina se da lo que pudiéramos llamar fenómenos políticos en democracia, y las características y condiciones que presentan esos pueblos para que ello se dé, en su momento, son muy similares entre sí, en lo económico, en lo social y en lo político.

Ello, en mi opinión, ha hecho posible que, en gran medida, en este país emerja un Ricardo Martinelli como uno de esos fenómenos políticos latinoamericanos, que se repiten. Así lo ha reconocido la clase política, entre otros. Estos países son ricos en petróleo, gas, cobre, oro, plata y muchos otros recursos naturales y geográficos; sin embargo, mantenían niveles de pobreza que no se compaginaban con los de riqueza como países.

También existía una gran disparidad social, ya que cada día había más pobres, cuando lo importante no es que haya menos ricos sino menos pobres. La mala distribución de la riqueza no permitía que la misma llegara a los necesitados, con sus secuelas de desnutrición, baja escolaridad, delincuencia, entre otras. Los partidos políticos tradicionales totalmente desacreditados, con una clase política corrupta que sólo buscaba enriquecerse con el reparto del poder, en detrimento de las grandes mayorías marginadas. Estas han sido, entre otras, las condiciones muy resumidas, que en mi opinión, han propiciado el surgimiento de líderes políticos en la región, a quienes ya todos conocemos.

Las condiciones para el cambio en nuestro país no son muy diferentes al resto de Latinoamérica, en donde el mismo se ha dado. Tenemos una economía con altos índices de crecimiento y, al mismo tiempo, con altos niveles de pobreza aún. Nos encontramos en una crisis de inseguridad ciudadana llegando al pánico como consecuencia de una altísima criminalidad y un alto nivel del narcotráfico y sus secuelas; con un pésimo servicio del transporte público, y una canasta básica que disparó sus precios y que todavía no disminuye.

Además, tenemos el desempleo, que si bien los indicadores señalan una disminución, la realidad es otra, pues, cotidianamente y desde hace años, encontramos las principales arterias de la ciudad capital llenas de vendedores ambulantes como parte de una economía informal; la corrupción, en la cual se han señalado a políticos corruptos y no pasa nada, a menos que sean los hijos de la cocinera.

Toda esa situación ha sido, entre otras, el detonante para que emergiera un líder político que nadie esperaba que irrumpiera con una fuerza arrolladora en el ámbito nacional para dar por terminado con el bipartidismo del poder cada cinco años.

Martinelli tuvo la habilidad y la astucia de sintonizarse oportunamente con importantes segmentos de la población y hablarles en un lenguaje llano sobre los problemas que aquejan a los panameños y sus soluciones, que lo entienden y lo apoyan; y que han establecido, al mismo tiempo, una comunicación recíproca con él, sobre todo cuando habla del cambio, que no es más que la esperanza a la solución de sus más importantes, prioritarios y urgentes problemas cotidianos.

101 años de Panamá América

 
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