El fenómeno Torrijos
Liderizando todas las encuestas por márgenes inéditos, Martín Torrijos al igual que Mireya Moscoso, parecen desmentir cada uno en su particular circunstancia, el predicho final del caudillismo para el siglo próximo, que personificaran respectivamente Omar Torrijos Herrera y Arnulfo Arias Madrid.
Uno de los que primero tuvo conciencia del fenómeno que representaban ambos caudillos fue sin duda el desaparecido médico guerrillero Hugo Spadafora Franco, quien constantemente hablaba de la permanente vigencia de ambos líderes, al margen de sus defectos.
Spadafora fue ministro de Salud del general Torrijos y, una vez desaparecido éste, se involucró en la guerra civil centroamericana y en especial en la lucha sandinista contra Somoza, al lado de sectores menos radicales de esa orgnización. Para eso fundó una brigada que llamó Victoriano Lorenzo, integrada por jóvenes idealistas, en su mayoría simpatizantes torrijistas y arnulfistas.
En su momento, Martín Torrijos, chitreano como Spadafora, simpatizó con la causa de éste.Y ese movimiento debió permearlo tanto como, en su momento, confesó su padre que lo hizo en su persona la traumática experiencia del Tute. Según Omar, revisando las mochilas de los estudiantes caídos, leyó manifiestos sociales que lo marcaron para siempre y determinaron su senda tras el golpe del 68.
Como dijimos en otra ocasión en esta misma columna, Martín tiene su principal mérito en ser hijo de su padre y en especial, en su parecido físico extraordinario con Omar. El propio Martín lo ha expresado con palabras sencillas, que es portador de lo bueno y lo malo de su papá. A eso debe gran parte de la gran acogida que ha tenido entre campesinos y gente humilde.
Mas no es solo eso. El impacto que genera a nivel de la juventud no es cuestión de mera identidad generacional. Puede ser que subyace en el inconsciente las marchas patrióticas de Lucho Vejarano, las versiones nacionalistas de "La Cucarachita Mandinga" de Rogelio Sinán y la "Panamá Defendida" de José Franco, bajo cuya influencia transcurrió la niñez de Martín y los suyos. A ello hay que añadir la obra populista de Omar, al margen de sus defectos y grandes errores.
Otro elemento en nada deleznable es su raíz interiorana. Es herrerano, de madre santeña y padre veragüense. Sus raíces subyacen profundas en las entrañas de la campiña.
Pero ningún análisis del fenómeno político que tiene a un joven abogado y economista a pocas semanas de ser electo Presidente de la República a la temprana edad de 36 años, puede pasar por alto aspectos de su personalidad y proyección.
Si lo observamos bien, concluiremos que refleja en su orden humildad, talento, sinceridad, amplitud de criterio, receptividad y buenas intenciones. Tiene otra cosa, y es que todo eso lo proyecta con facilidad, con total transparencia; no da la impresión de tener agendas secretas ni segundas intenciones. Luce como un libro abierto, accesible y de fácil lectura. Estos elementos, sumados a los anteriores hacen del fenómeno Torrijos un adversario difícil de vencer.
Uno de los que primero tuvo conciencia del fenómeno que representaban ambos caudillos fue sin duda el desaparecido médico guerrillero Hugo Spadafora Franco, quien constantemente hablaba de la permanente vigencia de ambos líderes, al margen de sus defectos.
Spadafora fue ministro de Salud del general Torrijos y, una vez desaparecido éste, se involucró en la guerra civil centroamericana y en especial en la lucha sandinista contra Somoza, al lado de sectores menos radicales de esa orgnización. Para eso fundó una brigada que llamó Victoriano Lorenzo, integrada por jóvenes idealistas, en su mayoría simpatizantes torrijistas y arnulfistas.
En su momento, Martín Torrijos, chitreano como Spadafora, simpatizó con la causa de éste.Y ese movimiento debió permearlo tanto como, en su momento, confesó su padre que lo hizo en su persona la traumática experiencia del Tute. Según Omar, revisando las mochilas de los estudiantes caídos, leyó manifiestos sociales que lo marcaron para siempre y determinaron su senda tras el golpe del 68.
Como dijimos en otra ocasión en esta misma columna, Martín tiene su principal mérito en ser hijo de su padre y en especial, en su parecido físico extraordinario con Omar. El propio Martín lo ha expresado con palabras sencillas, que es portador de lo bueno y lo malo de su papá. A eso debe gran parte de la gran acogida que ha tenido entre campesinos y gente humilde.
Mas no es solo eso. El impacto que genera a nivel de la juventud no es cuestión de mera identidad generacional. Puede ser que subyace en el inconsciente las marchas patrióticas de Lucho Vejarano, las versiones nacionalistas de "La Cucarachita Mandinga" de Rogelio Sinán y la "Panamá Defendida" de José Franco, bajo cuya influencia transcurrió la niñez de Martín y los suyos. A ello hay que añadir la obra populista de Omar, al margen de sus defectos y grandes errores.
Otro elemento en nada deleznable es su raíz interiorana. Es herrerano, de madre santeña y padre veragüense. Sus raíces subyacen profundas en las entrañas de la campiña.
Pero ningún análisis del fenómeno político que tiene a un joven abogado y economista a pocas semanas de ser electo Presidente de la República a la temprana edad de 36 años, puede pasar por alto aspectos de su personalidad y proyección.
Si lo observamos bien, concluiremos que refleja en su orden humildad, talento, sinceridad, amplitud de criterio, receptividad y buenas intenciones. Tiene otra cosa, y es que todo eso lo proyecta con facilidad, con total transparencia; no da la impresión de tener agendas secretas ni segundas intenciones. Luce como un libro abierto, accesible y de fácil lectura. Estos elementos, sumados a los anteriores hacen del fenómeno Torrijos un adversario difícil de vencer.