El fin del mundo
¿Profesor es verdad que este mes se acaba el mundo? ¿De verdad que una bomba atómica acabará con el mundo? Así me recibieron los niños del cuarto grado. Me dediqué por una hora a hablarles del fin del mundo.
Recordé mis momentos de angustia por el fin del mundo. Nostradamus, Malaquías, se presentaron a mis neuronas. La maestro de quinto grado nos dijo que un día se iba a apagar el sol y que la vida en la tierra se iba a extinguir. ¡Qué susto! Gracias a Dios va ocurrir dentro de miles de años. ¡Uf! Suspiramos todos. Recordé a aquel señor que se ponía unos cartelones sobre su cuerpo y anunciaba el fin del mundo en la Plaza 5 de Mayo y luego en La Cresta. Un día, ya de once años, estábamos en casa de mi primo y llegó un amigo suyo que decía: "Estoy prendío". Estaba lleno de Dios, del Espíritu Santo. En su iglesia le habían predicado del Apocalipsis y del fin del mundo que sería pronto y había que estar listos para el rapto final.
Cada cierto tiempo surge la idea del fin del mundo. Responsable de esto es el acelerador de partículas de Suiza, que busca repetir las condiciones del Big Bang. Algunos querían detener el experimento por miedo a que provocase un agujero negro por el que todos desapareceríamos. Hace un año hubo una alarma por un posible tsumani en nuestra tierra. Algunos hablaban de enormes olas que entrarían hasta 5 kilómetros. Mi hija de 9 años se asustó. Me preguntó: ¿Papi, nuestro colegio está en Paitilla, la ola nos cubrirá? Sí hija, le dije. Pero le añadí: Hija, no debemos temer la muerte primera, sino la segunda. San Francisco de Asís lo dijo en su célebre cántico de las criaturas: "Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal."
Una vez Jesús dijo: "Amigos míos: No teman a los que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más.
Stgo 4,12, Yo les voy a mostrar a quién deben temer: Teman a Aquel que, después de quitarle a uno la vida, tiene poder para echarlo al infierno". El fin del mundo para cada persona es el día de la muerte. ¿Qué debemos hacer mientras tanto? En el siglo primero, los tesalonicenses estaban afanados por el fin del mundo. Se metían en todo y no producían nada. Algunos hasta dejaban de trabajar y no estudiaban. ¿Para qué si viene el fin? San Pablo les escribió y les dijo una frase que se ha vuelto lapidaria: "El que no trabaja, que no coma".
Nadie sabe ni el día, ni la hora. Vive el día de hoy como si fuese el final. Carpe diem. No dejes para mañana tu conversión.