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El FMI y los candidatos


Con mucha razón, algún aguafiestas de cuando en cuando recuerda que ninguno de los candidatos presidenciales puede apartarse demasiado de los lineamientos acordados con las IFIs. Pero hemos de reconocer en cada uno de ellos la honestidad de aceptarlo. El estrecho margen de maniobra, deja poca diferencia entre las propuestas.
En consecuencia, de las elecciones de mayo, no debe salirnos ningún Hugo Chávez. Y menos mal que ello sea así, pues la situación de Panamá no es tan precaria como la de Venezuela ni justifica aventuras mayores, sino más bien seguir la senda con algunas variantes y rectificaciones.
Si los electores pensamos bien, lo que hemos de buscar para preferir un candidato, al margen de las preferencias partidistas, más que las pequeñas variantes en las propuestas, es la capacidad y cualidad que podamos evaluar en cada uno, para gobernar mejor. Porque lo que sí no cambia son las IFIs, que nos acompañarán quienquiera gane. O hacemos bien la tarea prometida o no hay préstamos para obras ni respaldo de una deuda impagable.
En ese contexto, el Fondo Monetario Internacional (FMI), a través de su Consejo Consultivo, hizo en diciembre pasado un diagnóstico de nuestra economía. Se prodigó en halagos por nuestro desempeño en privatizaciones (en especial la del IRHE), liberalización (aranceles), nueva ley bancaria, inversiones en las áreas revertidas y los avances en la privatización del IDAAN (no le llaman "concesión administrativa" ni con eufemismos).
Allí mismo, el FMI reconoció las circunstancias que justifican una menor velocidad de marcha este año, pero advierte que tanto el gobierno saliente como el que surja de las elecciones de mayo, deberá controlar el gasto público para disminuir el déficit fiscal, controlar los salarios, controlar los costos del Seguro Social y mejorar el cobro de cuotas y encaminar la entidad hacia su "viabilidad financiera a largo plazo" (¿privatización?).
Es importante, dice el FMI, "que las autoridades se ciñan al cronograma fijado" (¿por qué no lo divulga nuestro gobierno?), que incluye: más privatizaciones, una reforma tributaria (¿impuesto a los servicios?), aplicar la ley bancaria (en los créditos a personas de un mismo grupo), eliminar el Banco Hipotecario Nacional (subsidios a viviendas) y el Banco de Desarrollo Agropecuario (reemplazarlo por un programa de préstamos a pequeños agricultores) y aplicar más controles a la Caja de Ahorros para hacerla más eficiente (¿es que no lo es?) y poner a funcionar el fondo privado de pensiones del sector público (¿preludio de lo que ocurrirá a la CSS?).
Como es fácil advertir, quien asuma la presidencia en septiembre próximo, lo hará lleno de amarras.

101 años de Panamá América

 
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