El Fondo Fiduciario: 2. La crisis del agua
A raíz de la controversia entre el Gobierno saliente y el entrante sobre si deben gastarse sólo los intereses o también el capital del Fondo Fiduciario para el Desarrollo, analicé previamente las posibilidades de financiamiento para las inversiones sociales. Concluí que estas inversiones deben modificar las estructuras de los servicios sociales y señalé que había una prioridad manifiesta: el suministro de agua potable a toda nuestra población, la disposición adecuada de las aguas negras de todas nuestras ciudades y poblados y con ello la descontaminación de la Bahía de Panamá y de nuestros ríos.
El año pasado se dio una discusión sobre la privatización del IDAAN, que condujo al Gobierno a suspender su plan de ejecutarla. Ha tenido la enorme ventaja de hacer que el país tome conciencia de que hay una crisis del agua en Panamá y de que en la próxima administración se debe abordar la solución del problema. La Presidenta electa no tendrá excusa si al término de su mandato no ha hecho algo decisivo para resolverla.
La magnitud del problema del agua es indudable. Y su solución es muy compleja, puesto que el IDAAN atraviesa por graves problemas financieros, a la vez que por una crisis institucional. Hace varios años se proclamó el propósito de asegurarle el suministro de agua potable a toda nuestra población para el año dos mil. Pero tenemos que reconocer que todavía el 16% de la población o sea alrededor de 430,000 personas no tienen acceso a agua potable del todo o no lo tienen de continuo. En el área urbana ha habido un desmejoramiento entre 1990 y 1999.
En un estudio reciente se encontró que el 38% de los sistemas auditados no contaban con servicio continuo de agua, siendo uno de los casos más críticos el de los sectores del Corregimiento de Tocumen, donde sólo el 14% de la población tienen el servicio continuo y el resto lo tiene tres veces por semana. Además, en muchos sistemas de acueducto la presión del agua tiene sensibles variaciones. La calidad del agua también se ha deteriorado y su monitoreo no se ajusta a las normas del Ministerio de Salud. Las causas de esta merma en la calidad son el insuficiente manejo ambiental en las bocatomas, los residuos de plomo que provienen del desgaste de las tuberías y las infiltraciones contaminadoras, incluso de aguas negras, en las tuberías en mal estado.
En cuanto a la disposición adecuada de aguas negras, el 17% de la población no está cubierto por ningún sistema: sólo el 42% está cubierto por redes de alcantarillado y otro 41% sólo cuenta con tanques sépticos o letrinas. Los tanques sépticos en su mayoría son deficientes por falta de mantenimiento, por capacidad limitada y bajo nivel de remoción de carga orgánica. En la capital el 50% de las estaciones de bombeo funciona mal o no opera del todo y como resultado las aguas negras contaminan los cauces de ríos y quebradas. La falta de interceptores de los alcantarillados en las márgenes de los ríos hace que la aguas residuales fluyan sin tratamiento por sus cauces hasta llegar a la Bahía, ocasionando la más grande contaminación hídrica en la República. En el Casco Viejo de la capital las tuberías se encuentran generalmente obstruidas, provocando derrames. El potencial de esta situación para generar enfermedades es enorme.
La situación administrativa del IDAAN es, por su parte, claramente desastrosa. De acuerdo con un estimado, del agua que se produce sólo se factura el 50% y de ese porcentaje sólo se cobra el 85%, de manera que la cartera morosa incremental es del 15% de lo facturado. La morosidad acumulada, según auditores externos, se estima a diciembre de 1998 en alrededor de B/.44 millones y sigue creciendo. La realidad evidentemente es muchísimo peor, pues el otro 50% del agua que se produce no se factura del todo: 15% se pierde en las redes por las malas condiciones de las tuberías de distribución y 35% se distribuye sin medidores o sin conexiones legales.
Otro estimado ligeramente menos pesimista, sugiere que el porcentaje de agua no contabilizada es de 42.21%, pero indica que mientras la producción diaria de agua aumentó 39 millones de galones entre 1991 y 1998, la facturación habría aumentado sólo 19 millones.
Evidentemente con el aumento de la población y su concentración en el área metropolitana, hay que prever una aumento en la producción de agua.
Actualmente el IDAAN produce el 78% del agua que consumimos y compra 22% a la Comisión del Canal (de las plantas de Miraflores y Mount Hope), para complementar el abastecimiento de Panamá y Colón respectivamente.
Pero el reto más grave actual es el de su distribución. Hace falta darle mantenimiento a las viejas tuberías, que ocasionan la pérdida de por lo menos el 15% del agua distribuida. Hace falta construir nuevas tuberías y refuerzos hacia el este (línea de Oriente) y nuevos tanques de almacenamiento para atender más efectivamente el área de Tocumen, donde el servicio no se rinde 24 horas al día y a algunos lugares sólo llega el agua en carros cisternas. Dicho sea de paso la línea de conducción de Chilibre al tanque de Tinajitas tiene 25 años de construida, ya no se fabrica más y no existe plan de contingencia en caso de rotura. También hace falta asegurarse que las válvulas de control funcionen correctamente para efectos de una distribución adecuada en cantidad y en presión.
A diferencia de Colombia y Costa Rica, en Panamá no pagamos una tasa específica por la recolección de aguas negras, aunque la tasa que pagamos por el agua es equivalente a la de estos países. El presupuesto del IDAAN para el año dos mil es de B/.75 millones, de los cuales B/.69 millones son para salarios y operaciones y sólo B/.6 millones para inversiones. Esto simplemente no puede continuar si queremos resolver los problemas del agua en su doble vertiente: los problemas acumulados de necesidades pasadas no satisfechas y los problemas previsibles de necesidades futuras por satisfacer.
En estas condiciones de administración, el IDAAN no puede generar por cuenta propia fondos para sus inversiones. Ni tampoco puede garantizar los préstamos que se adquieran para hacer estas inversiones. El Estado tiene que proporcionarle los fondos, si se quiere mejorar el servicio y al mismo tiempo evitar la privatización, como en efecto lo ha querido la opinión pública mayoritaria. Pero no podemos botar la plata.
Un reciente estudio ambiental, hecho para el MIPPE y el IDAAN, de los sistemas de abastecimiento de agua potable y alcantarillados concluye que los recursos financieros deben dirigirse prioritariamente a los siguientes objetivos: disminuir la brecha de cobertura entre el área urbana y rural; disminuir la brecha de cobertura entre el sistema de suministro de agua y el de alcantarillando sanitario; mejorar la eficiencia del sistema de agua potable en suministro, distribución, continuidad y confiabilidad y aumentar la cobertura y el nivel de tratamiento en alcantarillado sanitario. En otras palabras, tenemos por delante una ingente tarea que abarca todo lo relacionado con el agua, necesidad humana básica de impacto social innegable.
¿Cuántos fondos se necesitarán para ello y los podrá proporcionar el Fondo Fiduciario para el Desarrollo? La próxima semana abordaré estos temas.
El año pasado se dio una discusión sobre la privatización del IDAAN, que condujo al Gobierno a suspender su plan de ejecutarla. Ha tenido la enorme ventaja de hacer que el país tome conciencia de que hay una crisis del agua en Panamá y de que en la próxima administración se debe abordar la solución del problema. La Presidenta electa no tendrá excusa si al término de su mandato no ha hecho algo decisivo para resolverla.
La magnitud del problema del agua es indudable. Y su solución es muy compleja, puesto que el IDAAN atraviesa por graves problemas financieros, a la vez que por una crisis institucional. Hace varios años se proclamó el propósito de asegurarle el suministro de agua potable a toda nuestra población para el año dos mil. Pero tenemos que reconocer que todavía el 16% de la población o sea alrededor de 430,000 personas no tienen acceso a agua potable del todo o no lo tienen de continuo. En el área urbana ha habido un desmejoramiento entre 1990 y 1999.
En un estudio reciente se encontró que el 38% de los sistemas auditados no contaban con servicio continuo de agua, siendo uno de los casos más críticos el de los sectores del Corregimiento de Tocumen, donde sólo el 14% de la población tienen el servicio continuo y el resto lo tiene tres veces por semana. Además, en muchos sistemas de acueducto la presión del agua tiene sensibles variaciones. La calidad del agua también se ha deteriorado y su monitoreo no se ajusta a las normas del Ministerio de Salud. Las causas de esta merma en la calidad son el insuficiente manejo ambiental en las bocatomas, los residuos de plomo que provienen del desgaste de las tuberías y las infiltraciones contaminadoras, incluso de aguas negras, en las tuberías en mal estado.
En cuanto a la disposición adecuada de aguas negras, el 17% de la población no está cubierto por ningún sistema: sólo el 42% está cubierto por redes de alcantarillado y otro 41% sólo cuenta con tanques sépticos o letrinas. Los tanques sépticos en su mayoría son deficientes por falta de mantenimiento, por capacidad limitada y bajo nivel de remoción de carga orgánica. En la capital el 50% de las estaciones de bombeo funciona mal o no opera del todo y como resultado las aguas negras contaminan los cauces de ríos y quebradas. La falta de interceptores de los alcantarillados en las márgenes de los ríos hace que la aguas residuales fluyan sin tratamiento por sus cauces hasta llegar a la Bahía, ocasionando la más grande contaminación hídrica en la República. En el Casco Viejo de la capital las tuberías se encuentran generalmente obstruidas, provocando derrames. El potencial de esta situación para generar enfermedades es enorme.
La situación administrativa del IDAAN es, por su parte, claramente desastrosa. De acuerdo con un estimado, del agua que se produce sólo se factura el 50% y de ese porcentaje sólo se cobra el 85%, de manera que la cartera morosa incremental es del 15% de lo facturado. La morosidad acumulada, según auditores externos, se estima a diciembre de 1998 en alrededor de B/.44 millones y sigue creciendo. La realidad evidentemente es muchísimo peor, pues el otro 50% del agua que se produce no se factura del todo: 15% se pierde en las redes por las malas condiciones de las tuberías de distribución y 35% se distribuye sin medidores o sin conexiones legales.
Otro estimado ligeramente menos pesimista, sugiere que el porcentaje de agua no contabilizada es de 42.21%, pero indica que mientras la producción diaria de agua aumentó 39 millones de galones entre 1991 y 1998, la facturación habría aumentado sólo 19 millones.
Evidentemente con el aumento de la población y su concentración en el área metropolitana, hay que prever una aumento en la producción de agua.
Actualmente el IDAAN produce el 78% del agua que consumimos y compra 22% a la Comisión del Canal (de las plantas de Miraflores y Mount Hope), para complementar el abastecimiento de Panamá y Colón respectivamente.
Pero el reto más grave actual es el de su distribución. Hace falta darle mantenimiento a las viejas tuberías, que ocasionan la pérdida de por lo menos el 15% del agua distribuida. Hace falta construir nuevas tuberías y refuerzos hacia el este (línea de Oriente) y nuevos tanques de almacenamiento para atender más efectivamente el área de Tocumen, donde el servicio no se rinde 24 horas al día y a algunos lugares sólo llega el agua en carros cisternas. Dicho sea de paso la línea de conducción de Chilibre al tanque de Tinajitas tiene 25 años de construida, ya no se fabrica más y no existe plan de contingencia en caso de rotura. También hace falta asegurarse que las válvulas de control funcionen correctamente para efectos de una distribución adecuada en cantidad y en presión.
A diferencia de Colombia y Costa Rica, en Panamá no pagamos una tasa específica por la recolección de aguas negras, aunque la tasa que pagamos por el agua es equivalente a la de estos países. El presupuesto del IDAAN para el año dos mil es de B/.75 millones, de los cuales B/.69 millones son para salarios y operaciones y sólo B/.6 millones para inversiones. Esto simplemente no puede continuar si queremos resolver los problemas del agua en su doble vertiente: los problemas acumulados de necesidades pasadas no satisfechas y los problemas previsibles de necesidades futuras por satisfacer.
En estas condiciones de administración, el IDAAN no puede generar por cuenta propia fondos para sus inversiones. Ni tampoco puede garantizar los préstamos que se adquieran para hacer estas inversiones. El Estado tiene que proporcionarle los fondos, si se quiere mejorar el servicio y al mismo tiempo evitar la privatización, como en efecto lo ha querido la opinión pública mayoritaria. Pero no podemos botar la plata.
Un reciente estudio ambiental, hecho para el MIPPE y el IDAAN, de los sistemas de abastecimiento de agua potable y alcantarillados concluye que los recursos financieros deben dirigirse prioritariamente a los siguientes objetivos: disminuir la brecha de cobertura entre el área urbana y rural; disminuir la brecha de cobertura entre el sistema de suministro de agua y el de alcantarillando sanitario; mejorar la eficiencia del sistema de agua potable en suministro, distribución, continuidad y confiabilidad y aumentar la cobertura y el nivel de tratamiento en alcantarillado sanitario. En otras palabras, tenemos por delante una ingente tarea que abarca todo lo relacionado con el agua, necesidad humana básica de impacto social innegable.
¿Cuántos fondos se necesitarán para ello y los podrá proporcionar el Fondo Fiduciario para el Desarrollo? La próxima semana abordaré estos temas.