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El Fondo Fiduciario y las calificadoras


Otras empresas calificadoras han dado a nuestro país calificaciones semejantes, de lo que deducimos que podemos tomar por buenas las impresiones que sobre el panorama económico nacional, perciben estos expertos internacionales que se dedican a hacer este tipo de evaluaciones.
Fitch apunta a la deuda pública de B/.8,245 millones como una señal de preocupación, y si se quiere, un lastre que no deja escalar hacia estadios superiores. Semejante carga representa un 81.5% del Producto Interno Bruto, lo cual se considera exagerado. De esa cuantía, B/.2,070 millones es interna y B/.6,275 millones es externa.
Frente al problema de la deuda, Fitch parece sugerir la conveniencia de emplear los dineros del Fondo Fiduciario para abonarla. El fondo no llega a los B/.2,000 millones y, si bien disminuiría la deuda en un aproximado de 20%, distaría en cancelarla. Quienes preconizan esa idea en nuestro suelo coinciden en resaltar los bajos intereses que rinde el fondo al que estiman ocioso entre tantas necesidades sociales.
Quienes expresamos discreción en vaciar los ahorros, advertimos del riesgo de la salida fácil de agotar las únicas reservas con las que contamos para paliar tiempos de crisis, y también la seguridad de que, con el crédito externo restablecido, todos los gobiernos, el actual y los venideros, iniciarían otra vez la ruta del endeudamiento irracional, llevando al país a la vuelta de pocos años, de regreso al punto de partida.
Panamá, a diferencia de otras naciones, no tiene depósitos petroleros bajo su suelo, capaces de asegurar bajo un manto de rocas su futuro contra la irresponsabilidad de sus ciudadanos y sus dirigentes. Nuestras montañas carecen de gigantescas provisiones de hierro, diamante y otros minerales que puedan servirnos para el mismo propósito. No tenemos nada, salvo un Canal envejecido, que más que un activo es una responsabilidad cada vez más costosa. Por eso es nuestra oposición a gastar esos ahorros.
Por otra parte, la misma calificadora citada, señala el camino del despegue, que deberá ser producto del esfuerzo tesonero a través del tiempo, apuntando hacia las áreas revertidas y las exportaciones. Con lo primero, coincidimos en gran medida y, en cambio, en menor grado en lo segundo. Un mundo desarrollado en crisis difícilmente correrá hacia este rincón del planeta, al menos en estos malos tiempos; y por otro lado, las ventajas de la dolarización hace por contrapartida difícil que podamos exportar a los altos costos que implica.
Insistimos, por tanto en el camino parsimonioso del ahorro de gastos superfluos, en el desarrollo de los sectores marítimo y turístico, en el papel del comercio intermodal, en mejorar la educación para que los ciudadanos puedan aprovechar las oportunidades, en la modernización del Canal, en la oferta de esta cintura geográfica para facilitar las comunicaciones en el nuevo siglo. Y en no gastar los pocos ahorros, que serán imposible recuperar después.


101 años de Panamá América

 
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