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El fracaso de Quintero Luna


Lo reconocemos. Puede ser un poco injusto el título. Pero creemos que atribuir responsabilidad en abstracto a entes incorpóreos como la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre diluye la culpa que corresponde a las personas de carne y hueso que están a cargo. Lo injusto no está tanto en ese detalle, como en el hecho que el problema actual del transporte público y, en particular, el que atañe a buses, sin excluir a los taxis, es culpa de todas las administraciones que se han sucedido en el sector desde el golpe militar de 1968 hasta nuestros días, cuyos cabecillas expropiaron el negocio administrado a empresas privadas y lo pasaron a manos de los propios transportistas. Lo que vino después fue la anarquía y el caos.
La semana pasada, el actual director de la entidad, Pablo Quintero Luna, admitía ante los medios su fracaso más estrepitoso. Cual si fuera un usuario cualquiera, se quejaba de que los conductores de buses hacían lo que les daba la gana, irrespetando todas las leyes y reglamentos, dando por resultado que ahora nada ni nadie es capaz de meterlos en cintura, mientras los usuarios que pagan el multimillonario negocio, tienen que aguantar malos tratos, un pésimo servicio - cuando lo hay -, y enterrar sus muertos atropellados por un diablo rojo cualquiera en el usual "atropello, fuga y nadie vio nada".
Pocos días antes, el gerente general del Banco Nacional había reconocido la alta tasa de morosidad que registraban los préstamos por B/.30 millones otorgados por su entidad y la Caja de Ahorros, dizque para renovar y reparar la flota. Nada hicieron los transportistas con el dinero. Al final, lo destinaron a otra cosa y presentaron a los bancos sus buses maquillados que, tras un mes de estar rodando volvían a lo que son, pura chatarra de origen; puesto que son buses que, cumplida su vida útil en Estados Unidos, son vendidos a compradores panameños a precio de desecho y presentados a los bancos como nuevos. Aquello en una enorme estafa por la que alguien ha de pagar en breve. Esperemos mayo. Pero no hubo en el discurso de Quintero Luna mea culpa alguna, pese a que la razón de ser de su nombramiento era ordenar todo aquello. Y nada ordenó, sino que el sistema terminó utilizándolo como una pieza más de su engranaje al servicio de su corrupto aparato.
En nuestro despacho estuvo, a propósito de las críticas que hicimos el año pasado al sistema de mafias que regenta el negocio vil. Cuando tras habernos prometido la adopción de medidas enérgicas, con la presencia del viceministro de Gobierno y Justicia, Alejandro Pérez, lo que salió fue un par de tibios reglamentos que no hicieron más que consolidar el absoluto poder y pleno control de los capos del transporte sobre toda la actividad, desde la simple expedición de licencias, hasta la emisión de cupos, traspasos, cambios de unidad, renovaciones, registros de hipotecas, cancelaciones, piqueras, todo.

101 años de Panamá América

 
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