El futuro de Coiba
Mucho se ha hablado y escrito en relación con el futuro del Parque Nacional Coiba y las aguas que la rodean. Lo medular, no obstante, persiste: los panameños tenemos en nuestras manos la oportunidad de proteger un sitio único en el mundo. De acuerdo con manifestaciones públicas realizadas recientemente, el proyecto de ley que crea el Parque Nacional Isla de Coiba será discutido en segundo debate el próximo periodo legislativo. Se trata, sin lugar a dudas, de un asunto que reviste especial importancia para el país.
Durante millones de años el Pacífico Oriental Tropical ha estado aislado de las islas y arrecifes del Pacífico Central por 7,000 Kms. de mar abierto. Es por ello que muchos de los organismos que allí habitan son "endémicos" o únicos en el mundo. Y dentro esta zona única en el mundo, la mayor diversidad de peces se encuentra en el área que incorpora parte de Costa Rica y el Golfo de Chiriquí, en cuyo centro se encuentra el Parque Nacional Coiba. De hecho, la diversidad de los peces es aproximadamente dos veces más grande en el Golfo de Chiriquí.
La Isla de Coiba y sus alrededores cuentan hoy con una riqueza natural que supera, en algunos casos, lugares como las Islas Galápagos. En el Parque Nacional Coiba habita hoy la única población viable de Guacamayas rojas en el país y se estima que en sus tierras existen más de dos mil especies de plantas. Coiba cuenta con el arrecife de corales más extenso del litoral Pacífico de las Américas, localizado en la bahía de Damas. Tiene 160 hectáreas y es el mayor del área. Un estudio elaborado por el Dr. Héctor Guzmán, con fondos de la Fundación AVINA, reveló que en el Parque Nacional Coiba existe un total de 1,700 hectáreas entre arrecifes y comunidades coralinas. Eso, no obstante ser el área más frágil y biológicamente más productiva, representa tan sólo el 0.6% del parque.
Todo ello nos lleva a reflexionar sobre lo mucho que ganaría Panamá si se adopta una legislación coherente que proteja toda esa riqueza. Es comprensible, al mismo tiempo, que cuando se habla de conservar Coiba surjan algunos temores en torno a la posibilidad de que los pescadores locales se queden sin sustento. La experiencia comparada de otros países es a la vez tranquilizadora y esperanzadora. Y es que se ha comprobado científica y estadísticamente que las reservas marinas funcionan en beneficio no sólo del turismo de bajo impacto y de la ciencia, sino también de la pesca. Esto es así porque en la medida en que se protegen las áreas de reproducción, en esta misma medida el recurso mantiene un ciclo sostenido de reproducción. En otras palabras, se crea una fuente permanente de especies. Un ejemplo palpable lo constituye el manejo de la Reserva Marina de Santa Lucía en el Caribe, donde sólo tres años después de establecida la reserva marina, la cantidad de peces de importancia comercial se duplicó alrededor de la reserva y la pesca mejoró hasta un 90%.
Por otra parte, si el recurso no se protege adecuadamente, comenzará entonces la depredación paulatina de esas riquezas y con ello su desaparición. Es decir, pierde el país. Lo anterior indica que la protección oportuna del Parque Nacional Coiba se traduce en un escenario en el que ganamos todos: pescadores, investigadores, desarrolladores de turismo e incluso los ambientalistas. En esto radica la importancia de que el Proyecto de Ley a discutirse próximamente sea abordado con una visión de Estado. El documento establece un Consejo Directivo como máxima autoridad en el Parque. Estarán representadas allí entidades públicas, organizaciones no gubernamentales y autoridades locales. También aumenta la extensión del Parque y crea una zona especial de protección marina. Igualmente busca regular la pesca con el propósito de asegurar la sostenibilidad del recurso, sustento de muchas de las comunidades cercanas al área. Con relación a las actividades de desarrollo, el Proyecto de Ley prohíbe la construcción de infraestructuras de alto impacto, aunque avala desarrollos controlados para el turismo de bajo impacto y actividades de investigación científica, sujeto a las disposiciones del Plan de Manejo.
En Fundación MarViva Panamá tenemos la certeza de que el país tiene mucho que ganar con la protección de la Isla de Coiba y sus mares. Es por ello que, como organización no gubernamental interesada en la protección de la vida marina, hemos procurado participar del debate y accionar en el terreno con apoyo a la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). También hemos iniciado un programa de concienciación entre las poblaciones costeras, con el fin de que los habitantes comprendan la importancia que tiene para todos lograr la sostenibilidad del recurso marino.
El reto aquí desafía no sólo a los legisladores de la República, sino también a todos quienes vivimos en este país bendecido por su geografía y por tesoros únicos como la Isla de Coiba y sus mares. No es para menos: entre manos tenemos un patrimonio inigualable, irrepetible, para Panamá y para el mundo.
*Directora Ejecutiva de la Fundación MarViva Panamá.
Durante millones de años el Pacífico Oriental Tropical ha estado aislado de las islas y arrecifes del Pacífico Central por 7,000 Kms. de mar abierto. Es por ello que muchos de los organismos que allí habitan son "endémicos" o únicos en el mundo. Y dentro esta zona única en el mundo, la mayor diversidad de peces se encuentra en el área que incorpora parte de Costa Rica y el Golfo de Chiriquí, en cuyo centro se encuentra el Parque Nacional Coiba. De hecho, la diversidad de los peces es aproximadamente dos veces más grande en el Golfo de Chiriquí.
La Isla de Coiba y sus alrededores cuentan hoy con una riqueza natural que supera, en algunos casos, lugares como las Islas Galápagos. En el Parque Nacional Coiba habita hoy la única población viable de Guacamayas rojas en el país y se estima que en sus tierras existen más de dos mil especies de plantas. Coiba cuenta con el arrecife de corales más extenso del litoral Pacífico de las Américas, localizado en la bahía de Damas. Tiene 160 hectáreas y es el mayor del área. Un estudio elaborado por el Dr. Héctor Guzmán, con fondos de la Fundación AVINA, reveló que en el Parque Nacional Coiba existe un total de 1,700 hectáreas entre arrecifes y comunidades coralinas. Eso, no obstante ser el área más frágil y biológicamente más productiva, representa tan sólo el 0.6% del parque.
Todo ello nos lleva a reflexionar sobre lo mucho que ganaría Panamá si se adopta una legislación coherente que proteja toda esa riqueza. Es comprensible, al mismo tiempo, que cuando se habla de conservar Coiba surjan algunos temores en torno a la posibilidad de que los pescadores locales se queden sin sustento. La experiencia comparada de otros países es a la vez tranquilizadora y esperanzadora. Y es que se ha comprobado científica y estadísticamente que las reservas marinas funcionan en beneficio no sólo del turismo de bajo impacto y de la ciencia, sino también de la pesca. Esto es así porque en la medida en que se protegen las áreas de reproducción, en esta misma medida el recurso mantiene un ciclo sostenido de reproducción. En otras palabras, se crea una fuente permanente de especies. Un ejemplo palpable lo constituye el manejo de la Reserva Marina de Santa Lucía en el Caribe, donde sólo tres años después de establecida la reserva marina, la cantidad de peces de importancia comercial se duplicó alrededor de la reserva y la pesca mejoró hasta un 90%.
Por otra parte, si el recurso no se protege adecuadamente, comenzará entonces la depredación paulatina de esas riquezas y con ello su desaparición. Es decir, pierde el país. Lo anterior indica que la protección oportuna del Parque Nacional Coiba se traduce en un escenario en el que ganamos todos: pescadores, investigadores, desarrolladores de turismo e incluso los ambientalistas. En esto radica la importancia de que el Proyecto de Ley a discutirse próximamente sea abordado con una visión de Estado. El documento establece un Consejo Directivo como máxima autoridad en el Parque. Estarán representadas allí entidades públicas, organizaciones no gubernamentales y autoridades locales. También aumenta la extensión del Parque y crea una zona especial de protección marina. Igualmente busca regular la pesca con el propósito de asegurar la sostenibilidad del recurso, sustento de muchas de las comunidades cercanas al área. Con relación a las actividades de desarrollo, el Proyecto de Ley prohíbe la construcción de infraestructuras de alto impacto, aunque avala desarrollos controlados para el turismo de bajo impacto y actividades de investigación científica, sujeto a las disposiciones del Plan de Manejo.
En Fundación MarViva Panamá tenemos la certeza de que el país tiene mucho que ganar con la protección de la Isla de Coiba y sus mares. Es por ello que, como organización no gubernamental interesada en la protección de la vida marina, hemos procurado participar del debate y accionar en el terreno con apoyo a la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). También hemos iniciado un programa de concienciación entre las poblaciones costeras, con el fin de que los habitantes comprendan la importancia que tiene para todos lograr la sostenibilidad del recurso marino.
El reto aquí desafía no sólo a los legisladores de la República, sino también a todos quienes vivimos en este país bendecido por su geografía y por tesoros únicos como la Isla de Coiba y sus mares. No es para menos: entre manos tenemos un patrimonio inigualable, irrepetible, para Panamá y para el mundo.
*Directora Ejecutiva de la Fundación MarViva Panamá.