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El futuro de la educación


La comisión del Diálogo para la Transformación de la Educación, auspiciada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se reúne hace meses. El trabajo ha sido arduo y la representación bastante completa. Todavía no han salido conclusiones, pero opinaré sobre algunos puntos que deben tenerse en cuenta para que nuestra educación mejore en todo sentido.
El mundo ha evolucionado y su modernización nos lleva a pensar en cambios radicales en los programas educativos con la inclusión de nuevas materias, de nuevas lecturas, de nuevas teorías que den a los estudiantes, futuros hombres de la patria, una idea integral de lo que se quiere en la formación de ese hombre. No puede sectorizarse la educación y formar ciudadanos incompletos para ser sólo parte de lo existente en la nación. No debemos crear parásitos de una sociedad en donde fallen los principios fundamentales tan sólo porque no hemos sabido brindar la educación adecuada.
Cuando formamos muchachos en profesiones tecnológicas, lo hacemos para que aprendan a trabajar para otros, para jefes o compañías que serán siempre los dueños de esos hombres y mujeres. Pero, no estamos enseñándolos a prepararse para ser, más adelante, los dueños de las empresas para los cuales trabajarán, la formación de organizaciones en la que ellos sean sus propietarios. No se les enseña las facilidades de préstamos o subsidios para que implanten una pequeña o mediana empresa. Sólo se les prepara para ser dependientes y empleados permanentes.
Esta debilidad o deficiencia en la enseñanza nos lleva a la angustia, la frustración de esos trabajadores que, a la larga, piensan no más en oponerse a los dueños de esos lugares de trabajo. Aparecen los sindicatos, las organizaciones (que hay miles) que se convierten en adversarios de los empresarios sin pensar que ellos pudieran ser tan dueños de un negocio como lo son los actuales.
Podríamos incluir la educación vial que salvaría muchas vidas en calles y carreteras. Enseñaría a cruzar por los elevados peatonales en vez de hacerlo por las calles. Enseñaríamos la educación sexual que disminuiría los embarazos en adolescentes y evitaría las enfermedades de contagio sexual. Enseñaríamos a amar a la patria como parte de nuestra vida y civismo y no como una hacienda de la cual nos valemos para enriquecimientos ilícitos y corrupción.
111Pero, no estamos enseñándolos a prepararse para ser, más adelante, los dueños de las empresas para los cuales trabajarán, la formación de organizaciones en la que ellos sean sus propietarios.
Aprenderían los muchachos (as) la importancia de la convivencia con países como Estados Unidos y las relaciones con la comunidad internacional. Incluiríamos en los currículum la educación de género que disminuiría la violencia intrafamiliar, aumentaría la autoestima de la mujer y nos llevaría a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
Que los educadores entiendan que las luchas no son sólo por aumentos salariales sino también por mejorar los entornos laborales, la justicia en los nombramientos, reconocimiento de los méritos de cada educador y la despolitización de lo relacionado con Educación. Incluye la educación a los legisladores para que aprueben un aumento en el presupuesto y que el Ministerio justifique ese aumento.
Si estos puntos se resuelven y se presentan en las conclusiones del Diálogo por la Transformación de la Educación, estoy segura de que Panamá entraría en una categoría diferente en el contexto de los países del mundo. No importa cuántas horas de enseñanza haya que modificar; si se logran estos puntos y otros que no he incluido, estaremos seguros de que la Educación en nuestros países entraría al campo de la importancia que debe sustentar. Sentiríamos que los gobiernos o el Estado trabajan para el mejoramiento de los ciudadanos y la ONU trabaja por Panamá.

101 años de Panamá América

 
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