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El futuro del país, su educación


Panamá, país de servicio y de turismo, requiere de una población educada. Cuando hablamos de educación estamos nos referimos a formar y desarrollar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven pero, sobre todo, formar sus actitudes y comportamientos frente al mundo que lo rodea.
Generalmente se reconoce la importancia de la educación, sin embargo tendemos a reducirla al mundo académico que se vive en las escuelas y nos olvidamos de los "valores" morales; o sea, lo que es "importante" desde el punto de vista del comportamiento social ajustado a las normas de conducta que hacen posible la convivencia humana en la comunidad y que se aprende precisamente a través de esta convivencia. Valores, tales como el respeto a la dignidad de la persona humana, sentimientos de solidaridad que nos muevan a servir a los demás y contribuir a su bienestar; así como gozar con la alegría y sufrir con el dolor de los que nos rodean.
La familia es la primera escuela donde se aprenden estos valores. Pero, desafortunadamente, Panamá sufre del grave problema de la desintegración familiar, donde los niños nacen por "accidente" sin que esto se dé en el seno de una familia constituida por un compromiso entre un hombre y una mujer; agravado esto por el hecho de que un porcentaje muy alto de los padres no asume su rol paternal y queda la madre sola con la responsabilidad que sobrepasa sus recursos personales, tanto materiales como emocionales.
La educación puede comenzarse desde los dos y tres años de vida del niño, mientras éste observa su alrededor y comparte las actividades con quienes lo rodean; reforzando y explicándole al niño la bondad de su ser persona, de su comportamiento, halagando, reconociendo y haciéndole sentir el valor y la importancia de su actuación y la alegría que sienten los que se benefician de ésta.
Poco a poco los niños llegan a identificarse con el "buen comportamiento", compartiendo los sentimientos de satisfacción general con la que reaccionan las personas con quienes tratan.
Lo contrario sucede cuando los niños viven entre personas cuyos valores chocan con los valores morales de la sociedad, que es lo que sucede con los jóvenes delincuentes rodeados desde muy temprana edad por estas personas que no se preocupan de ellos y los dejan sin dirección.
Nos quejamos de la violencia y de la delincuencia que va en aumento y no nos damos cuenta que los medios de comunicación nos inundan con ejemplos de comportamientos que precisamente quisiéramos eliminar de nuestra sociedad.
Con los niños y jóvenes no se trata de predicar o de exigir un comportamiento, sino de poner nuestros valores morales en práctica, explicando y compartiendo nuestra mejor conducta.
El ejemplo del comportamiento de la madre y del padre, así como el de las personas mayores y de los educadores que rodean a los jóvenes es crucial para su formación.
Igualmente importante es descubrir cómo se sienten esas personas con el trato de los menores. No es con la predicación, sino con la conducta ejemplar explicada a los niños como mejor se educa a los menores.
Todos somos responsables del futuro del país y éste depende de la juventud que formemos.
Queremos que usted sea maravilloso, bueno, alegre, pleno y todo esto se puede con Dios, porque ¡con ÉL, somos invencibles!

101 años de Panamá América

 
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