El G-3 ante unos lamentables disparates
Alguien ha dicho que la "apuesta" de incorporar a Panamá al Grupo de los Tres (G-3) es "altamente riesgosa" porque -supuestamente- las líneas de interconexión eléctrica de nuestro país con Colombia pudieran "ser blanco de la guerrilla o de los paramilitares colombianos". Como si faltara más, a ese alocado comentario le añadió que tales líneas pudieran motivar que los irregulares colombianos se adentren en nuestro territorio, regionalizando el conflicto existente en el vecino país.
Semejante especulación amalgama varias ignorancias. En primer lugar, ignora que los proyectos para importar energía eléctrica y gas desde Colombia nada tienen que ver con el G-3. Son acuerdos bilaterales que estaban en estudio antes de que Panamá ingresara en ese acuerdo subregional, y que igualmente podían concretarse sin ingresar al mismo. Por añadidura, como los medios locales lo han reiterado, se prevé que la mayor parte del trayecto de dichas interconexiones se realizará por rutas submarinas y, hasta donde sabemos, los irregulares de marras carecen de tropas subacuáticas.
El G-3 (que ahora constará de 4) está integrado por los países que en el pasado constituyeron el Grupo de Contadora. Además de ser un acuerdo de consulta política y colaboración técnica y cultural, asimismo constituye "sobre todo" un Grupo de complementación económica e intercambio comercial, tanto de bienes como de servicios. Sus tres mayores integrantes (Colombia, México y Venezuela) totalizan un mercado de casi 170 millones de consumidores.
En otras palabras, al sumarnos a este Grupo, las empresas panameñas obtendrán amplio acceso a un mercado enorme, para el cual podrán producir en gran escala. Igualmente las empresas foráneas que podrán instalarse en Panamá para lograr acceso a dicho mercado. Ello significará una excelente oportunidad para incrementar las inversiones y el empleo en nuestro país.
Cierto es que dos de esos tres miembros del Grupo -México y Venezuela- son grandes exportadores de hidrocarburos, y que Colombia se autoabastece. Sin embargo, no es esto lo que nos garantizará mayor abastecimiento y menores precios para la electricidad y el gas. Obviamente, el Grupo no fue concebido para que dichos exportadores intercambiaran hidrocarburos entre sí. En vez de eso, las oportunidades ofrecidas por el mismo son las relativos a un gran intercambio comercial de muchos otros géneros de bienes y servicios.
Lo que le ofrecerá mejor suministro de energía a Panamá es algo ajeno al G-3. Son el acuerdo recién suscrito para la interconexión eléctrica, al que se podrá agregar el estudio que viene realizándose para un posible gasoducto, que nada tienen que ver con este Grupo, como cualquier lector de periódicos debiera saberlo. Las ventajas para nuestro país son obvias, pues Colombia dispone de una considerable sobreproducción de energía eléctrica, de la cual nos abastecerá a precios inferiores a los que prevalecen en el mercado panameño. Además de abaratarle esa energía a nuestros conciudadanos, Panamá, a su vez, podrá vender energía a Centroamérica.
Otro tanto podrá suceder con el gas, con la diferencia de que este se produce en Venezuela. El acuerdo para construir el gasoducto de allí a Colombia ya está firmado y próximamente entrará en ejecución. Lo que ahora se evalúa es la posibilidad adicional de continuarlo hasta Panamá, también por vía submarina. En ambos casos -electricidad y gas- varias importantes empresas internacionales ya están dispuestas a invertir, porque significan negocios de gran atractivo económico. Esto es, porque son inversiones seguras.
Si los panameños nos tragáramos la necia especulación de que eso entraña un peligro, haríamos un lamentable papel... Como lo hace quien todavía inventa tales disparates.
Semejante especulación amalgama varias ignorancias. En primer lugar, ignora que los proyectos para importar energía eléctrica y gas desde Colombia nada tienen que ver con el G-3. Son acuerdos bilaterales que estaban en estudio antes de que Panamá ingresara en ese acuerdo subregional, y que igualmente podían concretarse sin ingresar al mismo. Por añadidura, como los medios locales lo han reiterado, se prevé que la mayor parte del trayecto de dichas interconexiones se realizará por rutas submarinas y, hasta donde sabemos, los irregulares de marras carecen de tropas subacuáticas.
El G-3 (que ahora constará de 4) está integrado por los países que en el pasado constituyeron el Grupo de Contadora. Además de ser un acuerdo de consulta política y colaboración técnica y cultural, asimismo constituye "sobre todo" un Grupo de complementación económica e intercambio comercial, tanto de bienes como de servicios. Sus tres mayores integrantes (Colombia, México y Venezuela) totalizan un mercado de casi 170 millones de consumidores.
En otras palabras, al sumarnos a este Grupo, las empresas panameñas obtendrán amplio acceso a un mercado enorme, para el cual podrán producir en gran escala. Igualmente las empresas foráneas que podrán instalarse en Panamá para lograr acceso a dicho mercado. Ello significará una excelente oportunidad para incrementar las inversiones y el empleo en nuestro país.
Cierto es que dos de esos tres miembros del Grupo -México y Venezuela- son grandes exportadores de hidrocarburos, y que Colombia se autoabastece. Sin embargo, no es esto lo que nos garantizará mayor abastecimiento y menores precios para la electricidad y el gas. Obviamente, el Grupo no fue concebido para que dichos exportadores intercambiaran hidrocarburos entre sí. En vez de eso, las oportunidades ofrecidas por el mismo son las relativos a un gran intercambio comercial de muchos otros géneros de bienes y servicios.
Lo que le ofrecerá mejor suministro de energía a Panamá es algo ajeno al G-3. Son el acuerdo recién suscrito para la interconexión eléctrica, al que se podrá agregar el estudio que viene realizándose para un posible gasoducto, que nada tienen que ver con este Grupo, como cualquier lector de periódicos debiera saberlo. Las ventajas para nuestro país son obvias, pues Colombia dispone de una considerable sobreproducción de energía eléctrica, de la cual nos abastecerá a precios inferiores a los que prevalecen en el mercado panameño. Además de abaratarle esa energía a nuestros conciudadanos, Panamá, a su vez, podrá vender energía a Centroamérica.
Otro tanto podrá suceder con el gas, con la diferencia de que este se produce en Venezuela. El acuerdo para construir el gasoducto de allí a Colombia ya está firmado y próximamente entrará en ejecución. Lo que ahora se evalúa es la posibilidad adicional de continuarlo hasta Panamá, también por vía submarina. En ambos casos -electricidad y gas- varias importantes empresas internacionales ya están dispuestas a invertir, porque significan negocios de gran atractivo económico. Esto es, porque son inversiones seguras.
Si los panameños nos tragáramos la necia especulación de que eso entraña un peligro, haríamos un lamentable papel... Como lo hace quien todavía inventa tales disparates.