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El G20


En Panamá poco conocemos acerca de África y sorprendería que por esos lados hay quienes se preocupan por la economía global y las reglas del juego, quizás más que muchos de nosotros. En particular están las organizaciones que ven en la actual crisis el espectro de un retorno al proteccionismo empobrecedor de antaño.

El Centro para las Políticas Públicas (IPPA) de Nigeria y el Centro para las Políticas y la Educación (IMANI) de Ghana, están llamando la atención a los líderes del G20 para que eviten las políticas miopes cortoplacistas a favor de otras de integración regional y mundial.

Las políticas del pasado que formuló el G20 no tuvieron los resultados anunciados debido lo difícil de cambiar viejas costumbres del proteccionismo, y en muchos casos se han creado leyes que restringen aun más el comercio entre fronteras.

Algunos “líderes” emborrachados con el deseo de complacer a sus electores le hablan a su gente de “proteger sus conquistas” y defender a los productores del patio, con lo cual seguramente se disminuirá el comercio exterior, exponiendo aún más a los pobres a las vicisitudes de un comercio disminuido.

El proteccionismo es la política de brigada de bomberos frente a una recesión, que sólo sale a apagar fuegos, sin corregir los problemas que los producen. Lo más que se puede esperar de estas actitudes es abrir el camino a gamonales locales que impondrán sus condiciones de precios y servicios en virtud de una seguridad alimentaria mal vista. Al final todos quedarán pagando más por menos, como las michas de pan que pronto parecerán como granos de arroz.

Esto, a su vez, producirá políticas de retorsión de parte de países vecinos que se ven afectados con las barreras para sus productos, que actuarán en retaliación, y pronto regresaremos a las copas de los árboles, desde dónde nos tiraremos piedras y palos.

Algunos “líderes” del primer mundo siguen ofreciendo “asistencia” en vez de libre comercio. ¡Claro!, pues de esta manera ejercen sus políticas de control; y típicamente esta “asistencia” nos viene por vía de sistemas políticos corruptos, con lo cual poco le llega a los más necesitados. No existe mejor forma de asistencia que el del comercio desembarazado.

La crisis mundial ha sido creada más que nada por los grandes países, y es en momentos como estos que los del tercer mundo deberían aprovechar para unir sus lazos de cooperación; pero no a la usanza de los imperios de ayer, sino como hermanos que se buscan en armonía. Es uniendo vínculos de comunicación entre países como Panamá y Colombia y el resto de los países centroamericanos.

La crisis nos golpeará duro y es el momento para unirnos en el comercio y para disminuir el inútil gasto público. Es el momento para una descentralización, que empodere a nuestra gente en los sitios más apartados y en las propias urbes.

El nacionalismo exacerbado sólo ha sido una herramienta que ha funcionado como criadero de monstruos totalitarios, como algunos que tenemos no muy lejos de aquí.

101 años de Panamá América

 
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