El gasoducto Panamá-Colombia
El presidente Alvaro Uribe ha propuesto en varias oportunidades traer desde su país hasta Panamá, gas colombiano a través de tuberías. La obra sería doblemente beneficiosa, pues el hermano país tendría en el nuestro un cliente seguro, que pocas alternativas propias presenta ante la crisis de los altos precios del petróleo. El gas natural puede servir de combustible para los automóviles y para generar electricidad, además de usarse en los hogares para cocinar y calentar agua, a precios inferiores.
Panamá ha sido cautelosa frente a la propuesta por varias razones; una es ecológica: el gasoducto devastaría parte de la selva darienita. Esto no es del todo exacto, pues Uribe plantea traerlo por la costa. Otros temen a los sabotajes. Pero ese es un riesgo que se minimiza con otras fuentes alternativas, bajo el criterio de la diversificación. La idea no es depender totalmente del gas colombiano. Venezuela, de Chávez, ha planteado también la posibilidad de traer gas de ese país por mar y desde aquí al resto de Centroamérica.
Un buen ejemplo de un país desarrollado que no teme a la apuesta ni, en especial, a la dependencia, es Alemania, que ya depende en un tercio del gas ruso, que pasa por Ucrania. Precisamente, sus mandatarios Gerhard Schroeder y Vladimir Putin acaban de firmar un convenio de construcción de un nuevo gasoducto bajo el Mar Báltico, por un tramo de 1, 200 kilómetros, en cuya construcción los dos países serán socios.
El gasoducto transportará más de 55 mil millones de metros cúbicos de gas ruso hacia Alemania y desde ésta, al resto de Europa. Según Schroeder, se trata de una "alianza energética entre Rusia y Europa", pero cuyo principal objetivo es asegurar para su país el suministro "aun a riesgo de colocarse en situación de dependencia". Chile, por ejemplo, lo hizo con su vecina Bolivia, y no le ha ido bien, pues este país le ha cortado parte de los suministros, presionando por una salida al mar. Pero, Alemania no es Chile, ni Bolivia Rusia. Es la misma situación de mutuo beneficio de Panamá con Colombia y Venezuela.
Panamá ha sido cautelosa frente a la propuesta por varias razones; una es ecológica: el gasoducto devastaría parte de la selva darienita. Esto no es del todo exacto, pues Uribe plantea traerlo por la costa. Otros temen a los sabotajes. Pero ese es un riesgo que se minimiza con otras fuentes alternativas, bajo el criterio de la diversificación. La idea no es depender totalmente del gas colombiano. Venezuela, de Chávez, ha planteado también la posibilidad de traer gas de ese país por mar y desde aquí al resto de Centroamérica.
Un buen ejemplo de un país desarrollado que no teme a la apuesta ni, en especial, a la dependencia, es Alemania, que ya depende en un tercio del gas ruso, que pasa por Ucrania. Precisamente, sus mandatarios Gerhard Schroeder y Vladimir Putin acaban de firmar un convenio de construcción de un nuevo gasoducto bajo el Mar Báltico, por un tramo de 1, 200 kilómetros, en cuya construcción los dos países serán socios.
El gasoducto transportará más de 55 mil millones de metros cúbicos de gas ruso hacia Alemania y desde ésta, al resto de Europa. Según Schroeder, se trata de una "alianza energética entre Rusia y Europa", pero cuyo principal objetivo es asegurar para su país el suministro "aun a riesgo de colocarse en situación de dependencia". Chile, por ejemplo, lo hizo con su vecina Bolivia, y no le ha ido bien, pues este país le ha cortado parte de los suministros, presionando por una salida al mar. Pero, Alemania no es Chile, ni Bolivia Rusia. Es la misma situación de mutuo beneficio de Panamá con Colombia y Venezuela.