El genoma económico de los militares
Los genetistas están de moda. Las listas de nuevos millonarios, también. Hay un libro curioso titulado. ¿Quiénes son los dueños de Panamá?, cuyos autores William Hughes e Iván Quintero, catedráticos de economía y sociología de la universidad de Panamá, analizan la historia de las fortunas del país, sus propietarios y sus relaciones con el poder político, social y especialmente el económico. Una de sus tesis es que el golpe militar de 1968 y sus gobiernos sucesivos, más allá de los cambios políticos, coyunturales únicamente, según los autores, no produjeron cambios significativos en el reparto de las fortunas de Panamá. Se repasan en el libro las sociedades más importantes, las juntas directivas, los apellidos de las mismas o sus representantes legales, pero se busca establecer que los dueños de la plata grande, los millonarios de la nación, y por ende, los dueños del poder, inclusive, del político real, vienen desde los orígenes de la República, y se consolidaron desde sus primeras décadas. Otras veces, incluso entre un par de sacerdotes torrijistas amigos, he escuchado el comentario de la incapacidad de los militares para cambiar las reglas de juego económicas, e incluso, que el propio Omar Torrijos murió sin fortuna, dejando a sus hijos sin grandes recursos, cuando cualquier pelagato de la oligarquía, con un poquito de olfato para negocios se volvía pronto millonario, trasladándose de paso a sus hijos o nietos herencias cuantiosas y negocios armados hasta para tres vidas. Por lo que me respecta, debo aceptar la reprimenda. Omar, en privado, me decía: "...Todo me lo da el Estado, carros, casas, aviones, viajes, comida, privilegios, pero no me entusiasma estar haciendo negocios, porque ni son mi vocación ni para eso me siento hecho". Y, en otro momento, años más tarde, algo cerca de su muerte violenta, volvía a decirme otro concepto: - "Sé que hay un par, no muchos porque tengo excelente gente patriota y desinteresada, que sirve con gusto en sus puestos, pero si sé que un par están más cerca de mí, por estar cerca del tarro del gobierno que por convicción. Lo que pasa es que a veces es muy tarde para reconocerlo, y menos en público".
En cuanto al trabajo de investigación de los dos profesores, analíticos y acuciosos, mi contrariedad es que no estoy de acuerdo en que las fortunas grandes en Panamá, sólo se basan en las que se formaron a partir de la independencia de Colombia y en las décadas subsiguientes, por los estamentos económicos ligados desde entonces al comercio de importación, según Hughes y Quintero. Si así fuera, no tendríamos una composición distinta, con apellidos distintos. Mi tesis es que si bien Torrijos y los gobiernos militares, en verdad no alteraron la composición estructural de la burguesía comercial-industrial de Panamá, sí cambiaron, modificaron el cuadro económico. Pongo dos ejemplos relevantes: Al menos dos de los más allegados colaboradores de Omar Torrijos, Ernesto Pérez Balladares y Nicolás González Revilla, con apellidos realmente destacados en la sociedad, el primero, una especie de Tesorero Personal del General, y el segundo, Canciller e íntimo de las privacidades del líder panameño, demostrador con creces que los panameños inteligentes y capaces, sin venir de los cogollos oligárquicos tradicionales, en cuanto a los clanes económicos forjados al inicio de la etapa republicana, si se les da las oportunidades adecuadas, pueden lograr situarse en un par de décadas, como en los casos mencionados, en un plano de alta competencia y desafío a los magnates conservadores de antaño. El ejemplo es patente: ambos torrijistas de antaño, primos hermanos además, lo cual valió para que no pudieran ser ministros simultáneamente en una ocasión que el General deseaba nombrarlos al mismo tiempo, han podido pasar ser verdaderas potencias nacionales e internacionales en negocios tan sofisticados como la banca y las florecientes telecomunicaciones. Más meritorio es en ambos casos, que pese a su dignidad familiar, ninguno de los dos, y eso es más honroso en el mundo empresarial, tenía ningún tipo de fortuna, y alternaban entonces con nosotros los miembros del Estado Mayor casi en igualdad de condiciones económicas. Por lo menos, deseamos recalcar en contradicción con el libro ¿Quiénes son los dueños de Panama?, si bien los militares, de Torrijos para abajo, no poseíamos la preparación y el talento para hacernos magnates o millonarios, sí se produjeron desde el mismo vientre, desde la placenta de los cuarteles, desde el ADN del proceso de octubre, quienes hoy nos representan, con gran altura, con fortunas que nada tienen que envidiarle a quienes les llevan cuarenta años en los negocios. Y para tales triunfos, indudablemente, se necesita un talento especial, que a fuerza de ser honrado, jamás se lo vimos al propio Omar Torrijos Herrera. Con el perdón de los profesores Hughes y Quintero: los militares sí engendramos un par de dueños de Panamá, que nos representan a todos. Y para saberlo no se necesita ser vidente.
En cuanto al trabajo de investigación de los dos profesores, analíticos y acuciosos, mi contrariedad es que no estoy de acuerdo en que las fortunas grandes en Panamá, sólo se basan en las que se formaron a partir de la independencia de Colombia y en las décadas subsiguientes, por los estamentos económicos ligados desde entonces al comercio de importación, según Hughes y Quintero. Si así fuera, no tendríamos una composición distinta, con apellidos distintos. Mi tesis es que si bien Torrijos y los gobiernos militares, en verdad no alteraron la composición estructural de la burguesía comercial-industrial de Panamá, sí cambiaron, modificaron el cuadro económico. Pongo dos ejemplos relevantes: Al menos dos de los más allegados colaboradores de Omar Torrijos, Ernesto Pérez Balladares y Nicolás González Revilla, con apellidos realmente destacados en la sociedad, el primero, una especie de Tesorero Personal del General, y el segundo, Canciller e íntimo de las privacidades del líder panameño, demostrador con creces que los panameños inteligentes y capaces, sin venir de los cogollos oligárquicos tradicionales, en cuanto a los clanes económicos forjados al inicio de la etapa republicana, si se les da las oportunidades adecuadas, pueden lograr situarse en un par de décadas, como en los casos mencionados, en un plano de alta competencia y desafío a los magnates conservadores de antaño. El ejemplo es patente: ambos torrijistas de antaño, primos hermanos además, lo cual valió para que no pudieran ser ministros simultáneamente en una ocasión que el General deseaba nombrarlos al mismo tiempo, han podido pasar ser verdaderas potencias nacionales e internacionales en negocios tan sofisticados como la banca y las florecientes telecomunicaciones. Más meritorio es en ambos casos, que pese a su dignidad familiar, ninguno de los dos, y eso es más honroso en el mundo empresarial, tenía ningún tipo de fortuna, y alternaban entonces con nosotros los miembros del Estado Mayor casi en igualdad de condiciones económicas. Por lo menos, deseamos recalcar en contradicción con el libro ¿Quiénes son los dueños de Panama?, si bien los militares, de Torrijos para abajo, no poseíamos la preparación y el talento para hacernos magnates o millonarios, sí se produjeron desde el mismo vientre, desde la placenta de los cuarteles, desde el ADN del proceso de octubre, quienes hoy nos representan, con gran altura, con fortunas que nada tienen que envidiarle a quienes les llevan cuarenta años en los negocios. Y para tales triunfos, indudablemente, se necesita un talento especial, que a fuerza de ser honrado, jamás se lo vimos al propio Omar Torrijos Herrera. Con el perdón de los profesores Hughes y Quintero: los militares sí engendramos un par de dueños de Panamá, que nos representan a todos. Y para saberlo no se necesita ser vidente.