El germen intelectual de una esperanza
Hace unos días llegó a mí un documento impreso, que contiene un discurso bastante reciente del Ing. Alberto Vallarino, denominado “Oportunidades Económicas de Panamá en la presente Década”. Demás está decir que esta notable personalidad enciende opiniones encontradas. Algunos desafectos le increpan encendidamente, por diversas razones. Otros (en una cifra que cada vez crece más en magnitud y en calidad) le consideran como la última carta del país para salvarse de la debacle. Así que el acceso a esta singular pieza documental, reflejo de su pensamiento íntimo en materia económica y social, despertó en mí un fuerte interés por leerlo inmediatamente y conocer lo que piensa quien, hoy día, es un firme candidato a conducir la nave del Estado y los destinos de este pueblo a partir del 2004.
El texto del Ing. Vallarino nos ha sorprendido. Su propuesta es simple: propone tres ejes fundamentales para desarrollar el país, en esta primera década crucial del siglo XXI. El primer polo que se propone es la reorientación productiva de la agricultura hacia rubros no-tradicionales, con mentalidad agroexportadora y con mayor eficiencia, pero desde una perspectiva humana y de justicia.
Aquí se retoma creativamente la cuestión agraria, brindándonos evidencias de que se ha meditado seriamente sobre una respuesta al espinoso asunto y que desea proponer un camino viable y serio para rescatar y reivindicar la campiña productiva. Esta propuesta es una buena señal que dice muchas cosas, porque nadie que ame verdaderamente a este país y que quiera levantarlo de su atraso raizal, puede proponer abandonar al agro y al campesinado, por mucha fe que se tenga en los espejismos macroeconómicos y los clichés neoliberales en boga.
La segunda actividad focal propuesta en dicho discurso, es la maximización del potencial turístico. El Ing. Vallarino es bastante optimista en esta materia. Estas ideas deben consolidarse en un proyecto estratégico fruto de un amplio consenso y para el cual hará falta la concurrencia propicia de factores internos y externos (inversión, planeamiento, investigación científica, recuperación de áreas, promoción internacional, etc). Pero, también aquí, ya se nota claramente la vertebración de elementos de una propuesta sensata y no una simple improvisación demagógica más. Esta es una segunda señal en el camino correcto.
El tercer dominio de actividad económica fundamental lo centra en el Canal de Panamá y en la explotación amplificada de sus capacidades y derivaciones presentes y perspectivas. También, esta es una vieja idea que han desempolvado los políticos cada vez que se asoman las elecciones. Pero aquí (si le entendí correctamente), la visión de desarrollo que postula revisa la imperiosa necesidad de la ampliación de la vía y las consecuencias de la modernización tecnológica del mismo. Propone dirigir su impacto sobre la imbricación del complejo tecnológico que representa el Canal junto a los otros elementos de nuestra economía de servicios, de una manera integral, sin asimetrías y a largo plazo. Por primera vez, en mucho tiempo, he visto una desviación interesante sobre los dogmas fatalistas corrientes de nuestra economía tercearia (y de sus íconos usuales, la Zona Libre, el Centro Bancario, etc) y he palpado ideas y actitudes frescas en este asunto (sobre las cuales se puede y debe debatir bastante aún, con toda seguridad).
Creo que de interesante discurso se desprenden varias preguntas que habrá que contestar, eventualmente, con una consecuente voluntad política. La viabilidad de estas nobles proyecciones depende, en una enorme medida, de ciertos factores críticos indefectibles, tales como la necesidad de emprender (como precondición) tanto una reforma institucional como una reforma cognoscitiva y cultural.
Sin la primera transformación y todo lo que ella implica (descartar y sustituir las ataduras institucionales y legales que frenan el desarrollo juicioso y natural del país y que propician la podredumbre actual) es imposible pensar que podremos desarrollar ninguna rama de actividad socioeconómica de una manera eficiente y perdurable, de una manera sostenible. Y si esto no se cumple, tampoco podríamos superar la miseria material y comenzar a caminar por la ruta del desarrollo moderno. Severas reformas político-electorales y la refundación institucional del Estado son elementos indispensables e inevitables, para superar nuestro grave atraso como sociedad.
Pero sin la segunda renovación (tanto o más importante), es imposible tener mejores ciudadanos. Y si mejores panameños, ninguna reforma o plan bien intencionado, dará resultados. Sin un nuevo contexto cognoscitivo y moral, conformado por hombres y mujeres con una formación sólida, con una ética del trabajo distinta, con una base de conocimientos científico-técnicos y humanísticos actualizada y realmente útil, con una actitud proactiva y valiente frente a la vida y sus cotidianos retos, jamás podremos salir de la peor miseria de todas: de la miseria mental. Esa, que nos convierte en verdaderos tullidos intelectuales y en discapacitados espirituales, en inútiles sin esperanza frente al futuro. La educación, la ciencia y la cultura son elementos indispensables en este cuadro, que hay que incluir, si se quiere pasar del sueño bien intencionado a una realidad concreta y mejor.
A estas alturas, es un requisito obligatorio de cada panameño que sepa leer y tenga capacidad mínima de pensar racionalmente, el analizar con mucho cuidado lo que dicen los candidatos. Es nuestra responsabilidad el asimilar experiencia de los tropiezos y de los amargos desengaños recientes. Las consecuencias del voto irracional y emotivo son terribles, como hemos visto y sufrido en estos últimos años. Pero estas propuestas inteligentes de Alberto Vallarino nos abren la puerta a una esperanza y nos dan margen para pensar que las cosas pueden, verdaderamente, llegar a ser distintas y mejores.
(lwong@eudoramail.com)
De una u otra forma, la particularidad en ambas circunstancias es el apoyo familiar y a Roger no le ha hecho falta. “Mi familia es muy alegre y ha sabido estar a mi lado”, justo al mencionar ese legado, se acentuó en su rostro el orgullo de ser padre de dos niños, uno de casi tres años y un bebito de apenas cinco meses.
“Somos personas comunes y corrientes que aprendemos a manejarnos”, aclara Roger, confesando que aún le es incómodo percibir la mirada de la gente “y es que eso se siente y hay quienes aún te miran raro, en lugar de preguntarte señor: ¿lo ayudo a cruzar o tomar el bus?”.
Aunque su personalidad lo ha ayudado a vencer la adversidad o en ocasiones, “a sobrellevarla”, de su mente no se ha borrado “la imagen de las nubes sobre los cerros o el florecer de los cerros después de inviernos, o el cielo; las estrellas de los campos de Chiriquí, de donde soy oriundo”, dijo en evidente tono nostálgico, pero se sobrepone al instante y agrega: “Dios sabe por qué hace las cosas y tal vez si yo viera usted no estaría aquí, frente a mí, entrevistándome”...
Es de familia humilde y se graduó de Bachiller en Letras en el Instituto América con mucho esfuerzo. Ha participado en seminarios nacionales e internacionales y sólo le hace falta la tesis para terminar su licenciatura en Administración Pública.
Justamente esa tarde Roger había terminado de dictar un curso de Matemáticas para ciegos a docentes, estudiantes y padres de familia.
Para Roger la sociedad panameña ha madurado mucho en cuanto al trato a los discapacitados, aunque “aún hay mucho por hacer”.
A su juicio, es prioridad que se escuche al discapacitado y que no se decida en su nombre, “no se deben hacer las cosas creyendo que se sabe lo que ellos quieren. Y es que es un problema mundial, se hace política educativa sin contar con el estudiante”.
René Valderrama, un joven entusiasta de 22 años, que perdió la vista a los 17 cuando se desempeñaba en algunas faenas en el intrincado mundo de la hípica y sobre quien El Panamá América publicó un reportaje recientemente, coincide con Roger.
No ha corrido la misma suerte, si sobre empleos se habla. “A los ciegos nos cierran las puertas y hasta el estómago porque no nos dan la oportunidad de trabajar para demostrar nuestras habilidades”.
Este chico, de lenguaje fluido y de personalidad imponente, ha dejado claro que no todo acaba cuando se pierde la vista. Actualmente está por terminar el tercer año de secundaria, al tiempo que recibe un curso de computadora en el Primer Ciclo Silvio Bedoya. “El único ciego soy yo, los demás son de baja visión”, informó.
Su mayor anhelo es trabajar en el revelado de placas y rayos x o alguna actividad administrativa, pues ya tiene la experiencia adquirida en el hipódromo, “porque así podría obtener el dinero para mantenerme. Y le juro: tengo muchísimas ganas de trabajar, ojalá me dieran la oportunidad de demostrar mi capacidad”.
A ese profundo deseo se unió Andrés Flores, de 24 años, que cursa el segundo año en la Universidad Tecnológica en la carrera de Técnico en Edificaciones y a quien le amputaron su brazo derecho hace cuatro años, producto de un tumor.
Lo encontramos en las oficinas de las Industrias de Buena Voluntad, entre papeles y archivos. Su brazo izquierdo parecía haber olvidado que se quedó solo. Realizaba a la perfección las labores, no había tiempo para el descanso.
“Quisiera poder demostrar que soy capaz de desempeñar un cargo administrativo, demostrar que valgo”, manifestó con tono enérgico y convincente.
A pesar de que fueron abordadas vivencias distintas, diversas discapacidades, una realidad salió a flote: “el discapacitado es un ser humano de gran capacidad”.
Primera de dos entregas
No se parecía mucho a la letra bastante más caligráfica que había visto en un escalofriante documento atribuido a Atta, hecho público por el FBI. Aquel documento, encontrado en el equipaje que Atta había dejado en el aeropuerto Logan de Boston, proporcionaba una guía espiritual a los secuestradores aéreos para el momento en que se acercara el punto culminante de su misión.
«Obligaos a olvidar eso que se llama mundo», decía. «Ha pasado el tiempo para la diversión y ahora nos ha llegado la hora de la verdad. Si Dios nos concede a alguno de nosotros una matanza, debéis realizarla como una ofrenda en honor de vuestro padre y vuestra madre, puesto que estáis en deuda con ellos. No discutáis entre vosotros; escuchad y obedeced».
Ramzi me explicó el motivo de la discrepancia: Atta no era el autor de estas «instrucciones y oraciones»; eran obra de Abdul Aziz al Omari, que había acompañado a Atta durante las últimas horas de su vida.
(primera entrega)
El texto del Ing. Vallarino nos ha sorprendido. Su propuesta es simple: propone tres ejes fundamentales para desarrollar el país, en esta primera década crucial del siglo XXI. El primer polo que se propone es la reorientación productiva de la agricultura hacia rubros no-tradicionales, con mentalidad agroexportadora y con mayor eficiencia, pero desde una perspectiva humana y de justicia.
Aquí se retoma creativamente la cuestión agraria, brindándonos evidencias de que se ha meditado seriamente sobre una respuesta al espinoso asunto y que desea proponer un camino viable y serio para rescatar y reivindicar la campiña productiva. Esta propuesta es una buena señal que dice muchas cosas, porque nadie que ame verdaderamente a este país y que quiera levantarlo de su atraso raizal, puede proponer abandonar al agro y al campesinado, por mucha fe que se tenga en los espejismos macroeconómicos y los clichés neoliberales en boga.
La segunda actividad focal propuesta en dicho discurso, es la maximización del potencial turístico. El Ing. Vallarino es bastante optimista en esta materia. Estas ideas deben consolidarse en un proyecto estratégico fruto de un amplio consenso y para el cual hará falta la concurrencia propicia de factores internos y externos (inversión, planeamiento, investigación científica, recuperación de áreas, promoción internacional, etc). Pero, también aquí, ya se nota claramente la vertebración de elementos de una propuesta sensata y no una simple improvisación demagógica más. Esta es una segunda señal en el camino correcto.
El tercer dominio de actividad económica fundamental lo centra en el Canal de Panamá y en la explotación amplificada de sus capacidades y derivaciones presentes y perspectivas. También, esta es una vieja idea que han desempolvado los políticos cada vez que se asoman las elecciones. Pero aquí (si le entendí correctamente), la visión de desarrollo que postula revisa la imperiosa necesidad de la ampliación de la vía y las consecuencias de la modernización tecnológica del mismo. Propone dirigir su impacto sobre la imbricación del complejo tecnológico que representa el Canal junto a los otros elementos de nuestra economía de servicios, de una manera integral, sin asimetrías y a largo plazo. Por primera vez, en mucho tiempo, he visto una desviación interesante sobre los dogmas fatalistas corrientes de nuestra economía tercearia (y de sus íconos usuales, la Zona Libre, el Centro Bancario, etc) y he palpado ideas y actitudes frescas en este asunto (sobre las cuales se puede y debe debatir bastante aún, con toda seguridad).
Creo que de interesante discurso se desprenden varias preguntas que habrá que contestar, eventualmente, con una consecuente voluntad política. La viabilidad de estas nobles proyecciones depende, en una enorme medida, de ciertos factores críticos indefectibles, tales como la necesidad de emprender (como precondición) tanto una reforma institucional como una reforma cognoscitiva y cultural.
Sin la primera transformación y todo lo que ella implica (descartar y sustituir las ataduras institucionales y legales que frenan el desarrollo juicioso y natural del país y que propician la podredumbre actual) es imposible pensar que podremos desarrollar ninguna rama de actividad socioeconómica de una manera eficiente y perdurable, de una manera sostenible. Y si esto no se cumple, tampoco podríamos superar la miseria material y comenzar a caminar por la ruta del desarrollo moderno. Severas reformas político-electorales y la refundación institucional del Estado son elementos indispensables e inevitables, para superar nuestro grave atraso como sociedad.
Pero sin la segunda renovación (tanto o más importante), es imposible tener mejores ciudadanos. Y si mejores panameños, ninguna reforma o plan bien intencionado, dará resultados. Sin un nuevo contexto cognoscitivo y moral, conformado por hombres y mujeres con una formación sólida, con una ética del trabajo distinta, con una base de conocimientos científico-técnicos y humanísticos actualizada y realmente útil, con una actitud proactiva y valiente frente a la vida y sus cotidianos retos, jamás podremos salir de la peor miseria de todas: de la miseria mental. Esa, que nos convierte en verdaderos tullidos intelectuales y en discapacitados espirituales, en inútiles sin esperanza frente al futuro. La educación, la ciencia y la cultura son elementos indispensables en este cuadro, que hay que incluir, si se quiere pasar del sueño bien intencionado a una realidad concreta y mejor.
A estas alturas, es un requisito obligatorio de cada panameño que sepa leer y tenga capacidad mínima de pensar racionalmente, el analizar con mucho cuidado lo que dicen los candidatos. Es nuestra responsabilidad el asimilar experiencia de los tropiezos y de los amargos desengaños recientes. Las consecuencias del voto irracional y emotivo son terribles, como hemos visto y sufrido en estos últimos años. Pero estas propuestas inteligentes de Alberto Vallarino nos abren la puerta a una esperanza y nos dan margen para pensar que las cosas pueden, verdaderamente, llegar a ser distintas y mejores.
(lwong@eudoramail.com)
De una u otra forma, la particularidad en ambas circunstancias es el apoyo familiar y a Roger no le ha hecho falta. “Mi familia es muy alegre y ha sabido estar a mi lado”, justo al mencionar ese legado, se acentuó en su rostro el orgullo de ser padre de dos niños, uno de casi tres años y un bebito de apenas cinco meses.
“Somos personas comunes y corrientes que aprendemos a manejarnos”, aclara Roger, confesando que aún le es incómodo percibir la mirada de la gente “y es que eso se siente y hay quienes aún te miran raro, en lugar de preguntarte señor: ¿lo ayudo a cruzar o tomar el bus?”.
Aunque su personalidad lo ha ayudado a vencer la adversidad o en ocasiones, “a sobrellevarla”, de su mente no se ha borrado “la imagen de las nubes sobre los cerros o el florecer de los cerros después de inviernos, o el cielo; las estrellas de los campos de Chiriquí, de donde soy oriundo”, dijo en evidente tono nostálgico, pero se sobrepone al instante y agrega: “Dios sabe por qué hace las cosas y tal vez si yo viera usted no estaría aquí, frente a mí, entrevistándome”...
Es de familia humilde y se graduó de Bachiller en Letras en el Instituto América con mucho esfuerzo. Ha participado en seminarios nacionales e internacionales y sólo le hace falta la tesis para terminar su licenciatura en Administración Pública.
Justamente esa tarde Roger había terminado de dictar un curso de Matemáticas para ciegos a docentes, estudiantes y padres de familia.
Para Roger la sociedad panameña ha madurado mucho en cuanto al trato a los discapacitados, aunque “aún hay mucho por hacer”.
A su juicio, es prioridad que se escuche al discapacitado y que no se decida en su nombre, “no se deben hacer las cosas creyendo que se sabe lo que ellos quieren. Y es que es un problema mundial, se hace política educativa sin contar con el estudiante”.
René Valderrama, un joven entusiasta de 22 años, que perdió la vista a los 17 cuando se desempeñaba en algunas faenas en el intrincado mundo de la hípica y sobre quien El Panamá América publicó un reportaje recientemente, coincide con Roger.
No ha corrido la misma suerte, si sobre empleos se habla. “A los ciegos nos cierran las puertas y hasta el estómago porque no nos dan la oportunidad de trabajar para demostrar nuestras habilidades”.
Este chico, de lenguaje fluido y de personalidad imponente, ha dejado claro que no todo acaba cuando se pierde la vista. Actualmente está por terminar el tercer año de secundaria, al tiempo que recibe un curso de computadora en el Primer Ciclo Silvio Bedoya. “El único ciego soy yo, los demás son de baja visión”, informó.
Su mayor anhelo es trabajar en el revelado de placas y rayos x o alguna actividad administrativa, pues ya tiene la experiencia adquirida en el hipódromo, “porque así podría obtener el dinero para mantenerme. Y le juro: tengo muchísimas ganas de trabajar, ojalá me dieran la oportunidad de demostrar mi capacidad”.
A ese profundo deseo se unió Andrés Flores, de 24 años, que cursa el segundo año en la Universidad Tecnológica en la carrera de Técnico en Edificaciones y a quien le amputaron su brazo derecho hace cuatro años, producto de un tumor.
Lo encontramos en las oficinas de las Industrias de Buena Voluntad, entre papeles y archivos. Su brazo izquierdo parecía haber olvidado que se quedó solo. Realizaba a la perfección las labores, no había tiempo para el descanso.
“Quisiera poder demostrar que soy capaz de desempeñar un cargo administrativo, demostrar que valgo”, manifestó con tono enérgico y convincente.
A pesar de que fueron abordadas vivencias distintas, diversas discapacidades, una realidad salió a flote: “el discapacitado es un ser humano de gran capacidad”.
Primera de dos entregas
No se parecía mucho a la letra bastante más caligráfica que había visto en un escalofriante documento atribuido a Atta, hecho público por el FBI. Aquel documento, encontrado en el equipaje que Atta había dejado en el aeropuerto Logan de Boston, proporcionaba una guía espiritual a los secuestradores aéreos para el momento en que se acercara el punto culminante de su misión.
«Obligaos a olvidar eso que se llama mundo», decía. «Ha pasado el tiempo para la diversión y ahora nos ha llegado la hora de la verdad. Si Dios nos concede a alguno de nosotros una matanza, debéis realizarla como una ofrenda en honor de vuestro padre y vuestra madre, puesto que estáis en deuda con ellos. No discutáis entre vosotros; escuchad y obedeced».
Ramzi me explicó el motivo de la discrepancia: Atta no era el autor de estas «instrucciones y oraciones»; eran obra de Abdul Aziz al Omari, que había acompañado a Atta durante las últimas horas de su vida.
(primera entrega)