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El gobernar un país pequeño (II)


Realmente, con lo que se escribe sobre los aspirantes al solio presidencial, pareciera estar generándose una serie de aprensiones, lógicas, en cuanto a la indecisión de por quién votar; y, al existir tres candidaturas, el factor seguridad para alguno de los aspirantes, en cuanto a ganar las elecciones, se nos presenta con algunos elementos de enigmatísmo real. Unicamente sabemos que será uno de los tres, aunque sólo votase el 5% de quienes están en capacidad de hacerlo. ¿Penoso esto?

Todavía existen varias vías organizadas, de comunicación abierta, donde los aspirantes tendrán oportunidad de ampliar los razonamientos detrás de sus planes de gobierno. A mi juicio, por la naturaleza propia de los políticos, estas oportunidades no arrojarán mayores cambios en materia de lo ya conocido. Les corresponderá, entonces, a los votantes la decisión final, en el acto privado de ejercer el sufragio y los resultados nos dirán quién ganó. No nos queda otra opción, ya que los partidos políticos nos imponen a los candidatos. Situación ésta que debe sufrir cambios importantes, a nivel constitucional.

Sea quien sea esta persona, sin duda alguna, tendrá que mostrarnos su verdadero interés y capacidad organizativa, para cumplir con el ejercicio de gobernar al país, dejándonos los esperados avances positivos dentro de su gestión presidencial. Lo bueno: Quizá la declinante situación ciudadana podrá, en alguna medida, mejorar. Eso es lo que esperamos todos. De no ocurrir ello, los resultados negativos de la gestión desenmascararán al partido y a su liderazgo, por atreverse a ofrecer una filosofía de CAMBIO que no se cumplió, pagando el considerable precio de un desprestigio absoluto y fatal que, en la triste época en que vivimos, asumimos y esperamos, sea bien alto.

Toda persona sensata entiende que este pequeño país nuestro es gobernable y que una considerable cantidad de oportunidades de hacerlo bien se ha despreciado por el auténtico y demostrado interés en el empleo de nuestra institucionalidad democrática para el logro del enriquecimiento injusto.

Esperemos los resultados de las venideras elecciones y preparémonos bien para asistir en el proceso de recomposición; y si lo contrario ocurre, seamos vigilantes y críticos efectivos. Tiempo y oportunidad tendremos para escoger uno de los dos caminos, desde el inicio de la nueva gestión presidencial.

La suerte está echada, no es mucho más lo que podríamos contribuir en esta etapa, sólo queda esperar. ¿Quién será?

101 años de Panamá América

 
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