default

El gobierno corre-corre


Tal vez coincida conmigo en que cada gobierno trae consigo su sello, su marca de fábrica. Me refiero a ese distintivo que -sin importar- quien efectúe el análisis prolijo de los hechos logra obtener consenso civil y político sobre la descripción, definición o evaluación de la administración de turno. Es así como puede distinguirse una administración de otra. También pienso que usted puede coincidir conmigo en lo que es un corre-corre: esa sensación de desespero, de frustración, de angustia, de nerviosismo, de contradicción que se percibe o siente cuando se han tomado decisiones apuradas, sin previa evaluación, de último momento o atrasadas que conllevan resultados mediocres o pobres, inconsistentes y negativos que reflejan incompetencia, ineficacia e incoherencia.
Hay administraciones gubernamentales donde el corre-corre es su sello distintivo, pues este brota como hemorragia cuando las cosas no fueron planificadas debidamente, cuando se incumplieron órdenes impartidas, cuando se ignoró o perdió el control de algo, cuando varias voces hablan y opinan al mismo tiempo pero ninguna ejecuta, o peor aún, cuando una voz principal ordena y las otras desconocen la misma. Los gobiernos corre-corre se distinguen por la falta de un norte en común como resultado de un auténtico plan de trabajo, bien diseñado, trazado con acciones a corto, mediano y largo plazo, con visión y misión concreta de cómo alcanzar objetivos e integrados por equipos humanos eficaces, cohesionados y armónicos. No hay por qué sorprenderse de lo intolerante y reactivos que son los miembros de los gobiernos corre-corre frente a las críticas e interrogantes ciudadanas por su notable falta de directrices. Son, por lo general, diseñadores de estelares improvisaciones y extemporáneas explicaciones como respuesta neutralizadora de las crisis provocadas por la ausencia de políticas administrativas, económicas y sociales coherentes, claras y permanentes. Existe una abismal diferencia entre los gobiernos corre-corre y aquellos que tienen una coordinada visión de equipo que proyectan -sin duda- hacia dónde van, pues envían señales claras de haber cumplido con el importante y necesario ejercicio de la planificación, organización y coordinación de objetivos.
Ciudadanos con diferentes preferencias políticas y sociales, aceptan que el gobierno PRD, bajo la tutela del expresidente Pérez Balladares fue de liderazgo fuerte, definido y ejecutor (algunos lo han calificado de imperial), que permitía conocer por dónde iba, qué quería, para qué lo buscaba, cómo lo lograría y el precio que pagaría. Un buen ejemplo es recordar cómo en febrero/98, 4 meses antes de que la Asamblea Legislativa aprobara en segundo debate las reformas constitucionales y mientras los miembros del PRD, promotores de las mismas, sostenían que la reelección no era para favorecer a Pérez Balladares, éste, durante la inauguración de la expansión de la carretera interamericana, con inocultable alegría, confesó que le gustaba ser presidente y le picaban los pies por quedarse en la presidencia. Su administración proyectó tener estrategias bien definidas para los bien calculados riesgos permitiendo no desviarse, ni distraerse sino neutralizar los sorpresivos obstáculos que se le presentaban. La administración Pérez Balladares tiene varias calificaciones negativas y carga con el peso del rechazo del pueblo por decisiones no populares, la promoción de la corrupción y la falta de transparencia en muchas de sus ejecuciones; sin embargo, no puede calificársele de haber sido un gobierno corre-corre.
Luego de una evaluación de las fortalezas y debilidades de la administración "Unión por Panamá", percibo a ésta -sin dificultad alguna- como gestora de un gobierno corre-corre. La muestra brindada en manejo de dos trascendentales aspectos para el país, me convencen de no tener que buscar más elementos para calificar a esta administración con tan peculiar estilo: 1. En el importante y delicado escenario económico, la ausencia e indefinición de una estrategia financiera que consolide un esquema macroeconómico viable para los próximos 5 años, ha generado numerosas inquietudes, críticas y sentimientos de incertidumbre en el sector privado y en la ciudadanía que espera ansiosa el cumplimiento de las promesas electorales de trabajo y disminución de la pobreza. Para apaciguar la demanda social, el asesor social de la presidenta sugirió "morder" el Fondo Fiduciario. Las críticas fueron tantas y tan serias que obtuvo una calificación negativa para Panamá por parte de la calificadora de riesgos Standard & Poors y comentarios como "tenemos la inequietante impresión de que el equipo económico...no ha adoptado suficientes medidas para atajar el gasto público ni ha tomado en cuenta sus implicaciones para la deuda exterior" y " se teme que no se pueda contener la tendencia expansiva de la presidenta Moscoso con sus generosos planes para acabar con la pobreza; y se teme que no tendrá los resultados que ella espera" (El Panamá América, Portada 6/enero/2000). Frente al caos de comentarios negativos por esta propuesta, el vocero de las finanzas del gobierno corre-corre, Ministro Juliao, atajó el asunto proponiendo la utilización total del Fondo Fiduciario para la recompra de la deuda externa. Los riesgos son claros para quienes nos oponemos a la utilización de este dinero: a) desaparición de importante reserva de ahorro de capital nacional; b) el desconocimiento de cómo, en qué y en cuántos proyectos sociales se invertirá ese dinero; c) la no certeza de que este gobierno no se endeudará más y que estos dineros no serán utilizados para el financiamiento del gasto central o pago de nuevas planillas. 2. En el complejo y delicado tema de Política Exterior, el gobierno corre-corre no ha dejado de tener reacciones "apaga-fuego" por las constantes críticas de secretismo e inexactitudes con que se manejan estos asuntos, no sólo frente a la ciudadanía sino entre los propios voceros autorizados del gobierno corre-corre. Hace 1 año, los miembros del gobierno actual criticaron al PRD por mantener en secreto los acuerdos para la creación del Centro Multilateral Antidrogas (CMA). El expresidente Dr. Jorge Illueca inquirió una explicación del acuerdo firmado entre Panamá y Estados Unidos, el pasado 28 de enero, y lo calificó de contener similares repercusiones al anterior intento de CMA (El Panamá América, Contraportada 31/enero/2000). La Cancillería del gobierno corre-corre reaccionó con un aviso pagado señalando los detalles -hasta ese momento- no divulgados. El comunicado no logró esconder el enojo que produjo la crítica emplazatoria de Illueca e incluyó referencias del momento histórico de la presidencia de Illueca, en un intento por disminuir el efecto negativo que produjo en la ciudadanía, el incumplimiento de informar y divulgar en forma oportuna, amplia y concreta las negociaciones, acuerdos o conversaciones que nuestro país realice con Estados Unidos o gobierno alguno.
No cabe duda que son las decisiones y ejecuciones, la veracidad y transparencia de las declaraciones de sus voceros oficiales y el cumplimiento de las promesas electorales lo que permite a la ciudadanía realizar juicios de valor sobre el desempeño de las distintas gestiones de gobierno. Lo contrario, tiene incidencia negativa en el desarrollo de la Nación panameña porque las decisiones improvisadas que se toman en el uso de los recursos del Estado, -que pertenecen a todos los panameños-, no resultan ser las más rentables y por consecuencia, incrementa la deuda social. No se puede culpar a los periodistas, a los medios o a la ciudadanía de la percepción y resultado negativo que produce la evaluación de incompetencia, improvisación o secretismo que reflejan los hechos, incidentes y acciones de los gobiernos corre-corre.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América