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El gobierno: el azote de los mexicanos


Ciudad de México (AIPE)- Como reiteradamente se ha señalado, los mexicanos no somos libres. Por el contrario, somos rehenes de un pequeño grupúsculo de individuos que componen el gobierno, uno que a lo largo de décadas, por no decir siglos, ha sido una fuente continua de calamidades, uno que por sus actos nos ha condenado a ser un país con un muy bajo nivel de desarrollo económico. Los mexicanos nos enfrentamos a un gobierno que continuamente inhibe, por no decir pisotea, el espíritu de libertad que todo ser humano posee y que ejercido bajo un sistema eficiente de reglas del juego que definan y garanticen los derechos de propiedad, les permite buscar la prosperidad y felicidad para sí y su familia y que se traducen en un aumento continuo en el bienestar de la sociedad. El gobierno ha sido, y sigue siendo, un flagelo que todos los días golpea a los mexicanos.
Durante su campaña electoral, el presidente Vicente Fox se vendió como el candidato del cambio y a casi un año de haber tomado posesión como presidente, ningún cambio significativo se ha observado en la forma de actuar del gobierno, el cual nos sigue oprimiendo y reprimiendo, no en la libertad de expresión, sino en las libertades económicas. Y lo que aquí escribo no se trata de críticas banales o "una sarta de babosadas" como Fox señaló recientemente, sino de una crítica que va a lo profundo de la actuación del gobierno. Nos prometió un cambio y ya perdimos casi un año completo, uno más que se pierde para dotar a la sociedad de las bases que permitan a cada mexicano buscar la prosperidad y la felicidad a la que aspira.
En su actuación como presidente, Fox ha apelado una y otra vez a la buena voluntad de los mexicanos, al "échenle ganas" para salir adelante, como si fuésemos un equipo de fútbol. Pero hay una diferencia significativa entre motivar a un equipo de fútbol compuesto por 11 jugadores que tienen un objetivo muy preciso como es el ser los campeones, que motivar a todo un pueblo compuesto por 100 millones de individuos con intereses muy diversos y dispersos. Pero más aún, los jugadores de fútbol conocen perfectamente las reglas del juego, además de saber que ahí está el árbitro para hacer que esas reglas se cumplan. Por el contrario, los 100 millones de mexicanos estamos jugando un partido en donde uno de los equipos, en este caso el gobierno, establece las reglas que le permite actuar de manera arbitraria y discrecional, además de que tiene a su favor al árbitro. Y todavía más, ya que en adición a tener un conjunto de reglas ineficientes y arbitrarias, el gobierno no cumple con su papel más importante que es el garantizar que todos y cada uno de los mexicanos no se vean afectados en sus derechos de propiedad es decir, el gobierno ha abdicado de su principal papel como garante de la seguridad individual y de la propiedad privada.
Y aquí es donde está uno de los más graves problemas de la gestión de Fox. Con puro voluntarismo no se logra nada. Para efectivamente poder hacer que los intereses diversos y dispersos de 100 millones de personas se traduzcan en un aumento del bienestar social a través de la búsqueda individual de la prosperidad y la felicidad, es necesario cambiar las reglas del juego, haciéndolas más transparentes y evitando, en consecuencia, que éstas sean aplicadas con discrecionalidad por ese grupúsculo de personas que componen el gobierno y que ellos sí, en la búsqueda de su propia prosperidad y actuando como maximizadores de rentas, reprimen las libertades económicas de todos los demás mexicanos. Para prosperar como individuos y como sociedad, se requieren nuevas reglas del juego que le permitan a los individuos explotar ese espíritu de libertad económica que todos poseemos.
(c)* Investigador y catedrático en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. www.aipenet.com

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