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¡El gobierno que se va!


Así lo percibe el pueblo panameño: los partidos de la Alianza gobiernista (Arnulfista, MOLIRENA, Liberal Nacional y otros), tienen hoy en Panamá la más triste figura que cabe imaginar. El gran engaño (nuestro compromiso para el cambio), y el mal gusto político que revela todo lo actuado por este desgobierno tutelado por el nepotismo, no podrán ya fructificar entre los panameños. Tres años de crítica dolorosa y examen interno han acabado de agudizar la conciencia nacional, de cultivarla. La incapacidad, la corrupción, el nepotismo, la insensibilidad social, la hipocresía manifiestos han significado algo así con la barbarie y la incultura política.
La última hoja seca que el verano del "Centenario de la República" empujará será sin duda la señora Moscoso. Tras ella va su desgobierno umbrátil y el cortejo de espectros (hasta ahora bien vestidos y protegidos) que integran su mayoría de favoritos. Pero, ¿a dónde se van? Para el pueblo panameño no hay duda: ¡se van al anonimato de donde salieron y a cuyo seno pertenecen!
Todos los panameños saben ya que ¡este gobierno se va! Tuvo excelentes oportunidades para realizar obras de gran envergadura social. Cualquiera cosa estaba justificada con tal de llevar al corazón panameño un sentimiento de fe y esperanza en sus capacidades de percibir. Esto lo pudo hacer el gobierno de la señora Moscoso. Nadie se lo estorbaba, excepto su propia incompetencia. ¡Aprendamos la lección! "Lo que natura no da, Salamanca no presta".
Es doloroso, es penoso, y hasta cruel pensar lo que podía haberse intentado (aunque tal vez no logrado) en Panamá durante estos últimos tres años. En vez de esto, el desgobierno de la señora Moscoso nos deja un Panamá más dividido, una discordia estólida, vacía, impura, entre las ansias de reivindicación social del pueblo y la penosa realidad de corrupción, de descaro, prepotencia, nepotismo, delincuencia e inseguridad pública.
Claro que los primeros en pagar las costas de su inacción, de su incapacidad van a ser los partidos y los candidatos de la actual Alianza Unión por Panamá. Una alianza que se formó, se desempeñó y se desempeña en función de los llamados "espacios políticos", del nepotismo y de sus mezquinos intereses, sin importarle con el flagelo del hambre y el desempleo, con la falta de salud y de mejor educación, y con el aumento indiscriminado de la extrema pobreza en Panamá. ¡Todo esto y mucho más es el legado del gobierno que se va!
Pareciera que, para la señora presidenta Moscoso, la opinión pública no cuenta. Cada vez que se le cuestiona -durante sus conferencias de prensa callejera, es decir, en cualquier lugar donde la aborden los periodistas- sobre el malestar, las querellas, el descomunal descontento, la corrupción y la frustración del pueblo panameño que la eligió, por la incapacidad demostrada de su gobierno en la solución de los graves problemas sociales, económicos y políticos que padece, la señora Moscoso responde (no sé si por evasión, ignorancia o ingenuidad simulada), que toda la percepción popular responde a una "campaña de los medios de comunicación" contra su gobierno. Y esto lo ha repetido a lo largo de tres años, sin ruborizarse. ¡Increíble!
El desgobierno que se va se ha caracterizado, repetimos, durante todo el tiempo que lleva en el poder, por el engaño, la hipocresía , el evasionismo, la simulación y la corrupción (como lo demuestran las encuestas de opinión pública), modelo nefasto que rechazamos, porque se aproxima a plasmar un sistema de pensamiento y de acción oficial tan negativo como peligroso. Este pésimo comportamiento del desgobierno actual, por lo que significa de mal ejemplo, constituye para nosotros el motivo y la justificación para escribir sobre el tema, siempre en función docente y responsable. Presidenta Moscoso: ¡los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
Se estableció un protocolo que permitiría a Atta mantener el contacto con sus jefes de Al Qaeda por medio de correo electrónico y charlas en directo por Internet. Atta pasó a utilizar el nombre clave de Abu Abdul Raman Al Masri (el Egipcio). Otros nombres clave tenían resonancias de héroes islámicos. El de Ziad Yarrá era Abu Tarek, una referencia al conquistador árabe de Andalucía; el de Al Shehí era Abul Qaqá, que sometió a Persia al islam.
Ramzi hablaba con mucho afecto del «hermano Abu Abdul Raman», del que alababa la «genialidad», y con gran admiración del «hermano Abul Qaqá», que mucho antes de saber de la operación «tenía hermosas visiones en las que surcaba el cielo en grandes pájaros verdes y se estrellaba contra cosas». «¿Qué cosas?», pregunté yo. «Simplemente, cosas», sentenció.
Sin embargo, lo que más me sorprendió, mientras me desvelaban los nombres en clave, fue que ni Khaled ni Ramzi pudieran recordar las verdaderas identidades de sus «mártires».
Khaled aportó un dato más: los objetivos también tenían asignados nombres en clave. El Pentágono era la Facultad de Bellas Artes, mientras que las Torres Gemelas, en un reflejo del odio de Atta por los rascacielos, eran la Facultad de Urbanismo.
Ramzi reveló que el objetivo del cuarto avión, que cayó en Pensilvania, era el Capitolio, el corazón de la democracia estadounidense. ¿Adivinan su nombre en clave? La Facultad de Derecho.
Durante julio y agosto, Atta y Ramzi intercambiaron mensajes de correo electrónico con contenido aparentemente inocente: los candidatos han sido admitidos o no en una u otra facultad. En realidad, Atta informaba sobre el estado de la preparación de los distintos ataques.
Ramzi rebuscó entre los archivos de su ordenador y me mostró un mensaje en la pantalla. «Este es de tres semanas antes del 11 de septiembre», dijo emocionado. Era la última ciberconversación entre Atta y Ramzi. Estaba en alemán, y se produjo en una sala de chat de Internet. Atta fingía ser un joven estadounidense que hablaba con Jenny, su novia alemana.
«El primer semestre empieza dentro de tres semanas», me traduce Ramzi. «Nada ha cambiado. Todo está bien. Hay buenas señales e ideas estimulantes. Dos escuelas superiores y dos universidades. Todo marcha según el plan. Este verano seguramente será caliente. Me gustaría hablarte de algunos detalles. 19 certificados para estudios privados y cuatro exámenes. Recuerdos al profesor. Adiós».
En su lenguaje en clave, contiene la historia completa de los ataques. «Dos institutos y dos universidades»: las Torres Gemelas, el Pentágono y el Capitolio. «19 titulaciones» son 19 secuestradores, y «cuatro exámenes» son cuatro objetivos.
Lo que no decía era la fecha de los ataques. Este detalle crucial iba a llegar por un camino más intrincado.
A las tres de la madrugada del miércoles 29 de agosto, una semana después de la conversación por Internet, sonó el teléfono en el piso de la segunda planta del 54 de la Marienstrasse de Hamburgo.Ramzi Binalshibh cogió el teléfono. Le contestó una voz conocida en un dialecto egipcio: «Tengo un chiste y un rompecabezas», dijo el que llamaba. «El rompecabezas me lo ha propuesto un amigo mío, y confío en que me ayudes a resolverlo: dos bastones, un guión y un pastel con un rabo hacia abajo... ¿Qué es?».
Todavía ligeramente aturdido, Ramzi no lo captó. Sin embargo, de pronto su mente se puso en marcha. Entendió el mensaje. «Es un buen rompecabezas. Dile a tu amigo que no tiene de qué preocuparse», le aseguró a su interlocutor.
Sentado frente a mí en el suelo de una casa segura en Karachi, Ramzi echó atrás la cabeza con una sonrisa de orgullo y dijo en tono grave: «El que llamaba no era otro que el hermano Abu Abdul Raman [Atta]».
«¡Era un hombre increíble! ¡Increíble! Dios bendiga su alma y ponga el paraíso a sus pies, para que esté, inshalá, entre los Shuhadaa [mártires]».
Pero ¿de qué iba el rompecabezas? Bastones y pasteles con un guión... Yo estaba completamente perdido.
Con un extraño arranque de malicia, Ramzi me explicó: «Dos bastones es el número 11, un guión es un guión, y un pastel con un rabo hacia abajo es el número nueve. Y ése era el día D: el 11 de septiembre».
Los estadounidenses escribirían 9/11 pero en Gran Bretaña y Arabia se dice 11/9, y los números se parecen mucho en inglés y en árabe. Una de las últimas personas en saber la fecha fue el propio bin Laden, según mi primer informante misterioso, que volvió a hablar conmigo después de que finalizaran las entrevistas en Karachi.
En primer lugar, Ramzi había dado orden de evacuación a las células activas en Europa, Estados Unidos y todos los demás lugares. Cogió su maleta de recuerdos y limpió a fondo el piso de la Marienstrasse. Se aseguró de que su compañero de piso, un medio alemán medio marroquí llamado Said Bahaji, había llegado antes que él a Karachi.Por último, partió con rumbo a Pakistán.
Fue entonces cuando bin Laden, a través de un mensajero enviado por Ramzi el jueves 6 de septiembre, pudo saber que su plan a dos años visto para humillar a Estados Unidos daría frutos en sólo cinco días más.
Durante los dos días y la noche que duró mi entrevista no se me permitió salir del piso. Khaled y Ramzi permanecieron conmigo todo ese tiempo. Al final, me fui como llegué. Me vendaron los ojos, me metieron en el maletero de un coche y me llevaron directamente al aeropuerto de Qaid-i-Azam para coger mi avión de regreso a Londres.
Mientras despegaba, reflexioné sobre este extraordinario encuentro y sobre el destino de bin Laden. Antes de reunirme con Khaled y Ramzi pensaba que las posibilidades de que estuviera vivo eran del 50%.
Ahora, a pesar de que mi misterioso informante había dicho que estaba estupendamente y veía la televisión, y de que, como me dijo después de que terminaran las entrevistas, había preparado mi reunión con Khaled y Ramzi, he cambiado de parecer.
Khaled se fue un poco de la lengua al referirse a bin Laden en pasado. Pero yo también me voy dando cuenta de que empieza a haber grietas en la organización Al Qaeda.
El dato más elocuente es el hecho de que mis cintas de vídeo de las entrevistas con Khaled y Ramzi, que ellos dijeron que se quedarían durante dos semanas para ocultar sus rostros, no me fueron devueltas.
¿Por qué? A fin de cuentas, ellos habían pedido que se celebraran las entrevistas, las controlaron y querían que se emitieran. Me inclino a interpretar que algo marcha mal en las altas esferas de Al Qaeda, que hay una especie de discontinuidad. Ahora creo, más bien, que bin Laden está muerto.
¿Quién lo sucedería? Fue Ramzi Binalshibh quien me causó mayor impresión durante el encuentro. Su filosofía, incluso su vocabulario, se parecen mucho a los de bin Laden. Tiene el carisma sereno, la vitalidad y los conocimientos religiosos del shaid.
Con sólo 30 años de edad, eclipsa a su maestro con la experiencia de campo que da haber coordinado una operación sin precedentes en suelo occidental. Lo veo al frente de la organización algún día. Este es nuestro futuro Osama bin Laden.

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