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El gran ausente en la Cumbre


Finalizada la cumbre de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), siento que es mi deber como ciudadano ponderar lo que ha sucedido.
Fue interesante ver quiénes asistieron y quiénes no, sobre todo el morbo que produjeron declaraciones de tal o cual mandatario, al punto que por momentos parecía una novela a la usanza de cualesquiera de nuestros ilustres escritores latinoamericanos.
Me parece acertado que se hayan ventilado temas como el intercambio comercial, las posturas sobre la comercialización del azúcar y los aranceles bananeros, puntos importantes en este escenario de trabajo supranacional que persigue mejores niveles de crecimiento y desarrollo económico en la región.
Al enterarme de la intención de enmarcar la Cumbre con una declaración conjunta de los Estados participantes y ver la difusión en los medios de comunicación sobre la importancia que merece el reconocer la necesidad no sólo de fortalecer la economía, sino también de una estrategia mancomunada de la lucha contra el terrorismo y la ratificación de la lucha contra el tráfico de drogas, quede ávido de más.. no fue suficiente.
No escuchaba el tema que considero debía ser un convidado central en esta cumbre, pensé que el "Gran Ausente" había sido la corrupción; pero, para mi gran sorpresa, sí fue mencionado en la declaración; el punto 16 de la misma lo toca. Sin embargo, parece un asunto de tercera categoría, en lugar de ser el mayor problema de las administraciones de gobierno en la actualidad.
No todo es negativo, hasta ahora no hay indicios de despilfarros presupuestarios como en otras cumbres que han precedido la presente; no obstante, lo que no entiendo es la falta de una clara postura de los Estados participantes sobre el tema, darle mayor debate y mayor preponderancia, sobre todo, porque en uno de los países presentes se firmó la Convención de Mérida en el 2003, y la nación anfitriona ha sido la primera en unirse a la proclamación de la OEA de decretar el 2006 como año interamericano de la lucha contra la corrupción.
En los medios de comunicación no se ventiló el tema de la corrupción como uno de los tópicos de mayor preocupación e interés en la cumbre, la fragilidad de muchas de las economías latinoamericanas no permite que nos demos el lujo de darle la espalda a este problema tan ancestral y actual a la vez.
La "Declaración de Panamá" sugiere que los Estados firmen o ratifiquen la Convención de Mérida del 2003, mejor conocida como la Convención de la ONU para la lucha contra la corrupción; pero este enunciado, sin una acción consecuente, deja la impresión que es para salir del paso, lo que pudiera ser interpretado casi como una falta de respeto a los millones de ciudadanos que los mandatarios y jefes de delegaciones representan. Faltó un compromiso público que implique que el político se comprometa a adecuar las legislaciones domésticas otorgándole la capacidad para abordar la problemática conjuntamente con la implementación de los mecanismos necesarios para combatirla, desde los código deontológico, las normas civiles, medidas administrativas y sanciones penales como última ratio promoviendo que los delitos contra la administración no prescriban. Sin descontar que paralelo a este proceso, la educación debe ser el centro del esfuerzo de los gobernantes para que las futuras generaciones rechacen este tipo de conductas. Parte de una buena formación es el ejemplo.
Tengo la amarga sensación de que esta invaluable oportunidad de unir esfuerzos para declarar posturas y metas inmediatas para disminuir la incidencia del factor corrupción en nuestras distintas sociedades, la dejaron pasar por alto. Los informes del PNUD, Transparencia Internacional y los procesos ordinarios de las distintas jurisdicciones reflejan el aumento de las acciones judiciales propios de democracias donde sus ciudadanos exigen de sus elegidos soluciones que deben partir de reconocer el problema y tomar medidas para hacerle frente.
Ojalá no mencionar, analizar, ponderar y obligarse sobre el tema, como se debió en la pasada Cumbre, no sea un reflejo inconsciente que evada la lucha contra la corrupción en los distintos gobiernos latinoamericanos.

101 años de Panamá América

 
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