El gran debate de los candidatos
Dadas las tantas críticas por corrupción en el país, ahora los panameños fijan su atención en las elecciones del 2 de mayo y la votación para elegir un nuevo presidente que dirigirá los destinos del Estado. Y duele decirlo, los nuevos vientos tienen que soplar.
No existe duda, camino a tres períodos de elecciones "democráticas" pareciera que en Panamá los empresarios están condenados a vivir peor que ayer, simplemente, en el fracaso. En nuestra escala moral, aún hoy, es difícil combatir el burocratismo estatal y esas muelas institucionales que imposibilitan a cada instante cualquier acción ejecutiva en beneficio del desarrollo social, político y económico del país.
Ayer, durante la dictadura, los empresarios sintieron sobre sus espaldas los látigos de un fanatismo político alucinante, el cual minimizó los conceptos de libre empresa con intervención estatal. Se violaron las garantías de la seguridad jurídica y del Estado de Derecho, se vociferaron reformas sociales a todos los niveles y en sus pasos se pisoteó el orden económico de una economía de mercado.
Espantosas décadas fueron aquellas donde los medios de comunicación social no podían dejar sentir sus voces. Allí se recuerdan las acciones de un sindicalismo "aberrante" y hábil para destruir cualquier ordenamiento jurídico; las mañas políticas de muchos dirigentes más que de principios éticos era de corrupción, individualismo y oportunismo. Nunca más puede permitirse la resurrección de una década tan dura como la de 1987, tan espantosa para el país.
Ahora en democracia el avance de un nuevo orden económico internacional debe permitirnos ver más allá de nuestro país. Por el real desarrollo de la nación no podemos vivir con reyes que sean los jefes supremos de los magistrados y los partidos políticos no pueden existir como reyes vitalicios, "elegido por los comicios" como en los tiempos de las monarquías. El culto público, hoy, es de la democracia.
Así es, en América las escuelas de los regímenes de fuerza han pasado. Ahora los gobiernos se comprometen a fortalecer la "democracia". Es el momento de reflexionar sobre los beneficios de la libertad empresarial y el significado de insistir en la deuda social; es el momento, también, de dar respuesta a la deuda social y debe pensarse que los buenos estadistas gubernamentales no abren muro frente al significado de la brecha internacional.
Las brechas económicas para el fortalecimiento de la nación, en elecciones libres, se inician con los debates entre los candidatos a la presidencia. La política de ordenamiento en el ámbito económico, frente al compromiso democrático, no se detiene en partidos políticos. Miremos los ejemplos de las elecciones en los Estados Unidos: al presidente Bill Clinton le ha tocado los hábitos de fortalecer las libres empresas en los mercados internacionales y manifestarse, con orgullo, por mejorar el bienestar social de los obreros de su nación.
En Panamá las virtudes del espíritu democrático, en esta tercera jornada de elecciones "libres" le ha tocado a tres candidatos a la presidencia de la República como son: el Ingeniero Alberto Vallarino, un exitoso empresario y sin mancha, ha escuchado el llamado de la Universidad de Panamá exigiendo un debate público con los candidatos y ha sido el primero en presentar a la nación un Plan Económico y de Acción Social, con miras a dar respuestas a la crítica situación del desempleo; un abogado, Martín Torrijos, ha aceptado ir a debatir su plan de gobierno; asimismo, la señora Mireya Moscoso.
El llamado a debate lo han hecho las universidades del país, los sectores empresariales, los clubes sociales y las organizaciones sindicales. Los debates no son malos, son los foros abiertos donde los candidatos tienen la obligación de ofrecer detalles sobre sus planes de gobiernos.
Si la educación debe promover el entendimiento, el respeto mutuo y la igualdad entre los hombres y mujeres; si la misma debe contribuir al logro de los objetivos principales de la sociedad de hoy; si privatizar significa modernizar la economía cuando las instituciones del Estado son ineficientes debido a una burocracia que lo ahoga; si esas son las verdades, ¿por qué algunos candidatos rehúsan los debates públicos y no acuden a los foros para que expliquen en campañas en torno a las medidas poco soportables que ahogan las fuerzas vivas del país?
Hoy los momentos son oportunos para los diálogos honestos entre las distintas fuerzas políticas, que nadie llore y que nadie corra. Panamá tiene que abrirse un porvenir inmenso y realizable a ambición de nuestros ciudadanos. Competir en los mercados internacionales significa mejorar la educación y los indicadores de la salud.
Ahora o nunca, reflexionemos. Que cada candidato observe al Estado con sentido crítico de la expansión comercial frente a otros mercados internacionales que fundamentan sus opciones de desarrollo con cambios rotundos. Duele decirlo, los debates van porque Panamá no puede entrar al año 2000 a ras de suelo.
No existe duda, camino a tres períodos de elecciones "democráticas" pareciera que en Panamá los empresarios están condenados a vivir peor que ayer, simplemente, en el fracaso. En nuestra escala moral, aún hoy, es difícil combatir el burocratismo estatal y esas muelas institucionales que imposibilitan a cada instante cualquier acción ejecutiva en beneficio del desarrollo social, político y económico del país.
Ayer, durante la dictadura, los empresarios sintieron sobre sus espaldas los látigos de un fanatismo político alucinante, el cual minimizó los conceptos de libre empresa con intervención estatal. Se violaron las garantías de la seguridad jurídica y del Estado de Derecho, se vociferaron reformas sociales a todos los niveles y en sus pasos se pisoteó el orden económico de una economía de mercado.
Espantosas décadas fueron aquellas donde los medios de comunicación social no podían dejar sentir sus voces. Allí se recuerdan las acciones de un sindicalismo "aberrante" y hábil para destruir cualquier ordenamiento jurídico; las mañas políticas de muchos dirigentes más que de principios éticos era de corrupción, individualismo y oportunismo. Nunca más puede permitirse la resurrección de una década tan dura como la de 1987, tan espantosa para el país.
Ahora en democracia el avance de un nuevo orden económico internacional debe permitirnos ver más allá de nuestro país. Por el real desarrollo de la nación no podemos vivir con reyes que sean los jefes supremos de los magistrados y los partidos políticos no pueden existir como reyes vitalicios, "elegido por los comicios" como en los tiempos de las monarquías. El culto público, hoy, es de la democracia.
Así es, en América las escuelas de los regímenes de fuerza han pasado. Ahora los gobiernos se comprometen a fortalecer la "democracia". Es el momento de reflexionar sobre los beneficios de la libertad empresarial y el significado de insistir en la deuda social; es el momento, también, de dar respuesta a la deuda social y debe pensarse que los buenos estadistas gubernamentales no abren muro frente al significado de la brecha internacional.
Las brechas económicas para el fortalecimiento de la nación, en elecciones libres, se inician con los debates entre los candidatos a la presidencia. La política de ordenamiento en el ámbito económico, frente al compromiso democrático, no se detiene en partidos políticos. Miremos los ejemplos de las elecciones en los Estados Unidos: al presidente Bill Clinton le ha tocado los hábitos de fortalecer las libres empresas en los mercados internacionales y manifestarse, con orgullo, por mejorar el bienestar social de los obreros de su nación.
En Panamá las virtudes del espíritu democrático, en esta tercera jornada de elecciones "libres" le ha tocado a tres candidatos a la presidencia de la República como son: el Ingeniero Alberto Vallarino, un exitoso empresario y sin mancha, ha escuchado el llamado de la Universidad de Panamá exigiendo un debate público con los candidatos y ha sido el primero en presentar a la nación un Plan Económico y de Acción Social, con miras a dar respuestas a la crítica situación del desempleo; un abogado, Martín Torrijos, ha aceptado ir a debatir su plan de gobierno; asimismo, la señora Mireya Moscoso.
El llamado a debate lo han hecho las universidades del país, los sectores empresariales, los clubes sociales y las organizaciones sindicales. Los debates no son malos, son los foros abiertos donde los candidatos tienen la obligación de ofrecer detalles sobre sus planes de gobiernos.
Si la educación debe promover el entendimiento, el respeto mutuo y la igualdad entre los hombres y mujeres; si la misma debe contribuir al logro de los objetivos principales de la sociedad de hoy; si privatizar significa modernizar la economía cuando las instituciones del Estado son ineficientes debido a una burocracia que lo ahoga; si esas son las verdades, ¿por qué algunos candidatos rehúsan los debates públicos y no acuden a los foros para que expliquen en campañas en torno a las medidas poco soportables que ahogan las fuerzas vivas del país?
Hoy los momentos son oportunos para los diálogos honestos entre las distintas fuerzas políticas, que nadie llore y que nadie corra. Panamá tiene que abrirse un porvenir inmenso y realizable a ambición de nuestros ciudadanos. Competir en los mercados internacionales significa mejorar la educación y los indicadores de la salud.
Ahora o nunca, reflexionemos. Que cada candidato observe al Estado con sentido crítico de la expansión comercial frente a otros mercados internacionales que fundamentan sus opciones de desarrollo con cambios rotundos. Duele decirlo, los debates van porque Panamá no puede entrar al año 2000 a ras de suelo.