El gran dilema de la juventud
COMO PADRE de familia, estoy muy consciente del dilema en que nos encontramos como padres de hijos adolescentes. Sé, igualmente, que la adolescencia es un período difícil y turbulento donde nuestros hijos quieren descartar algunos valores inculcados en familia y revocar nuestra autoridad y programación sobre ellos.
Hoy día, la droga se ha convertido en el paliativo de la juventud, la vulgaridad es su norma, la inmoralidad su guía y la sin razón, su fin. Los símbolos e iconos de la juventud son los antivalores.
Para la pasada generación de jóvenes, sus símbolos o iconos eran artistas y atletas probos; hombres de substancia e imagen positiva y con gran conciencia social. Artistas de la talla de Armando Manzanero, Nat King Cole, Los BG´s, y Los Temptations. Atletas como Muhamad Alí, Michael Jordan y Hank Aaron, etc., eran nuestros héroes. Llevaban cierta responsabilidad de retratarse con una imagen de dignidad, orgullo y propósito. Representaban algo mucho más significativo que un contrato multimillonario de promoción de zapatillas deportivas.
Pero en los últimos años algo tenebroso y turbio a sucedido. Una nueva imagen a emergido. Es el "Credo de calle" o el atractivo callejero, que es ahora el himno de los artistas, atletas, o iconos modernos.
Esa noción completamente descarriada y fuera de toda lógica de que la única forma de apelar a esta joven generación es adoptar esas actitudes negativas, quasi gangsteriles popularizadas por los cantantes modernos de reggae, de Hip-Hop y los raperos, que están encantando a la juventud de hoy con esa moda de prisionero, de pantalones anchos colgando de sus nalgas tatuadas, suéter por debajo de la rodilla, con actitudes y comportamientos de malhechores y vocabulario soez, glorificando el crimen, el abuso de las drogas e insultos y convenciendo a toda una generación de jóvenes y adultos que esto es el nuevo estatus-quo. Estamos en guerra para la mente y el alma de nuestra juventud y hemos identificado a uno de los enemigos.
Nuestros adolescentes están secuestrados a este sistema, y lo ha permitido nuestra sociedad, nuestros gobernantes y promotores que de él lucran, al condonar y promocionar pasivamente los antivalores, el desorden y la estigmatización.
Lo permitimos cuando mercadeamos y convertimos a esa pléyade de raperos y regueseros en iconos para la juventud y rechazamos otros géneros de artistas, cantantes, y personas más cultas porque carecen de ese "atractivo callejero", de esa imagen de mercado, de rating que les hemos arrebatado.
Lo permitimos suceder cada vez que ofrecemos el beneficio de la duda a actuaciones, posturas vulgares y negativas con coartadas necias de mercadeo y "rating".
Lo permitimos suceder lentamente e insidiosamente a través de las últimas décadas, con el secuestro de nuestra cultura por una generación de raperos y regueseros que han glorificado cada desagradable y podrido estereotipo social, racial y sexual que nos ha tomado generaciones erradicar. ¿Dónde podemos ir como nación en esta era de modernidad, cuando no permitimos a nuestra juventud funcionar a cabalidad? En este ambiente en que se desenvuelven, donde sexo al desnudo y pornografía es lo único que se le ocurre a las publicitarias para vender cigarrillos, carros, cerveza, o lo que sea a los adolescentes. En esta era donde la costumbre o la moda impuesta por los adultos, obliga a nuestras hijas al exhibicionismo, al atrevimiento y el irrespeto. A usar pantalones súper apretadas blusas y faldas transparentes y sin sostén. ¿Cómo esperar que ellas ignoren el motivo por el cual los usan? ¿Cómo pretender que eso no va a elevar el morbo y casos de abuso sexual?
Hemos sexualizado a la juventud y lo hemos convertido en objetos sexuales por el hecho de que su mezcla de inocencia y sensualidad vende.
Lo que es peor, ejercemos luego todas las presiones coercitivas de la sociedad contra ellos. Luego no es de sorprender que la juventud hoy día esté en franca rebelión contra las demandas hipócritas de la sociedad y demandando vivir sus vidas bajo sus propios términos.
Tenemos todos la responsabilidad de recuperar a nuestra juventud, pues muchos jóvenes han perdido toda noción de respeto. No tienen concepto de moralidad, de responsabilidad cívica ni temor. Dadas las actuales circunstancias de desempleo, abandono, falta de guía, medios de subsistencia y falsos ídolos, son atraídos fácilmente al mundo de violencia, de crimen, robo, prostitución y drogas.
Tenemos, pues, la tarea de hacerlos entender que están consumiendo droga como un escape de algo. Están drogándose contra las dificultades, los retos y las presiones de la sociedad, y si no se les provea de mecanismos adecuados de apoyo, el resultado será la consternación y violentación del país; y nuestra sociedad simplemente tendrá que seguir trancando sus puertas, viviendo detrás de barrotes, salir de las calles cuando oscurezca o comprar armas para su seguridad. La alternativa es del gobierno y la sociedad.
ckdondy@hotmail.com
Hoy día, la droga se ha convertido en el paliativo de la juventud, la vulgaridad es su norma, la inmoralidad su guía y la sin razón, su fin. Los símbolos e iconos de la juventud son los antivalores.
Para la pasada generación de jóvenes, sus símbolos o iconos eran artistas y atletas probos; hombres de substancia e imagen positiva y con gran conciencia social. Artistas de la talla de Armando Manzanero, Nat King Cole, Los BG´s, y Los Temptations. Atletas como Muhamad Alí, Michael Jordan y Hank Aaron, etc., eran nuestros héroes. Llevaban cierta responsabilidad de retratarse con una imagen de dignidad, orgullo y propósito. Representaban algo mucho más significativo que un contrato multimillonario de promoción de zapatillas deportivas.
Pero en los últimos años algo tenebroso y turbio a sucedido. Una nueva imagen a emergido. Es el "Credo de calle" o el atractivo callejero, que es ahora el himno de los artistas, atletas, o iconos modernos.
Esa noción completamente descarriada y fuera de toda lógica de que la única forma de apelar a esta joven generación es adoptar esas actitudes negativas, quasi gangsteriles popularizadas por los cantantes modernos de reggae, de Hip-Hop y los raperos, que están encantando a la juventud de hoy con esa moda de prisionero, de pantalones anchos colgando de sus nalgas tatuadas, suéter por debajo de la rodilla, con actitudes y comportamientos de malhechores y vocabulario soez, glorificando el crimen, el abuso de las drogas e insultos y convenciendo a toda una generación de jóvenes y adultos que esto es el nuevo estatus-quo. Estamos en guerra para la mente y el alma de nuestra juventud y hemos identificado a uno de los enemigos.
Nuestros adolescentes están secuestrados a este sistema, y lo ha permitido nuestra sociedad, nuestros gobernantes y promotores que de él lucran, al condonar y promocionar pasivamente los antivalores, el desorden y la estigmatización.
Lo permitimos cuando mercadeamos y convertimos a esa pléyade de raperos y regueseros en iconos para la juventud y rechazamos otros géneros de artistas, cantantes, y personas más cultas porque carecen de ese "atractivo callejero", de esa imagen de mercado, de rating que les hemos arrebatado.
Lo permitimos suceder cada vez que ofrecemos el beneficio de la duda a actuaciones, posturas vulgares y negativas con coartadas necias de mercadeo y "rating".
Lo permitimos suceder lentamente e insidiosamente a través de las últimas décadas, con el secuestro de nuestra cultura por una generación de raperos y regueseros que han glorificado cada desagradable y podrido estereotipo social, racial y sexual que nos ha tomado generaciones erradicar. ¿Dónde podemos ir como nación en esta era de modernidad, cuando no permitimos a nuestra juventud funcionar a cabalidad? En este ambiente en que se desenvuelven, donde sexo al desnudo y pornografía es lo único que se le ocurre a las publicitarias para vender cigarrillos, carros, cerveza, o lo que sea a los adolescentes. En esta era donde la costumbre o la moda impuesta por los adultos, obliga a nuestras hijas al exhibicionismo, al atrevimiento y el irrespeto. A usar pantalones súper apretadas blusas y faldas transparentes y sin sostén. ¿Cómo esperar que ellas ignoren el motivo por el cual los usan? ¿Cómo pretender que eso no va a elevar el morbo y casos de abuso sexual?
Hemos sexualizado a la juventud y lo hemos convertido en objetos sexuales por el hecho de que su mezcla de inocencia y sensualidad vende.
Lo que es peor, ejercemos luego todas las presiones coercitivas de la sociedad contra ellos. Luego no es de sorprender que la juventud hoy día esté en franca rebelión contra las demandas hipócritas de la sociedad y demandando vivir sus vidas bajo sus propios términos.
Tenemos todos la responsabilidad de recuperar a nuestra juventud, pues muchos jóvenes han perdido toda noción de respeto. No tienen concepto de moralidad, de responsabilidad cívica ni temor. Dadas las actuales circunstancias de desempleo, abandono, falta de guía, medios de subsistencia y falsos ídolos, son atraídos fácilmente al mundo de violencia, de crimen, robo, prostitución y drogas.
Tenemos, pues, la tarea de hacerlos entender que están consumiendo droga como un escape de algo. Están drogándose contra las dificultades, los retos y las presiones de la sociedad, y si no se les provea de mecanismos adecuados de apoyo, el resultado será la consternación y violentación del país; y nuestra sociedad simplemente tendrá que seguir trancando sus puertas, viviendo detrás de barrotes, salir de las calles cuando oscurezca o comprar armas para su seguridad. La alternativa es del gobierno y la sociedad.
ckdondy@hotmail.com