default

El gran reto político


Uno de los enormes retos que enfrenta cualquier sistema político es que sus propios partidarios entiendan el significado del término “política”; y ni se diga del resto de los mortales. Pero entender el mejor significado o el más sano, es sólo el comienzo, ya que las personas pueden entender algo pero no necesariamente actuar en consecuencia con dicho entendimiento.

En todo caso, es esencial lograr la mejor comprensión posible del término “política”, y la mejor que yo he podido encontrar sería la de: “una disposición a obrar en una sociedad utilizando el poder público organizado para lograr objetivos provechosos para todas las personas que integran la comunidad.” Obviamente esta es una monumental tarea, por aquello de que “uno puede llevar el caballo al agua, pero no le puede hacer tomar,” y es precisamente aquí en dónde fallan los sistemas socialistas que pretenden meterles la cabeza en el agua y luego darles un puntapié en sus partes blandas para que tomen.

Más siniestro aún es que esa incapacidad de beber es el resultado de sistemas que minan la autodeterminación.

Uno de los primeros retos que enfrenta cualquier solución política es la de definirse o comprometerse en una clara ideología. La tendencia de todos los partidos y sus partidarios es la de esconder sus verdaderas creencias a fin de no alienar a sus posibles prosélitos o sencillamente que no crean en nada. Por supuesto que esto predispone al partido a los problemas futuros implícitos en el no cumplimiento de sus “promesas”.

Pero más allá de una clara definición, están los intereses colaterales de quienes conforman el partido y que no tienen como primera meta el mejor interés ciudadano, ya que este queda supeditado a los intereses de los grupos o personas que participaron en la contienda. Lo más común es escuchar algo como, “a fulanito le tienen que dar un buen puesto ya que él aportó alma vida y corazón…” Obvio que aquí lo que impera no es la búsqueda del mejor sino del que conviene, y no precisamente a la sociedad.

Todas estas realidades ejercen una presión que va aglutinando a los partidos en una ambivalente indefinición. Ya nadie parece tener el coraje de identificarse claramente dentro de una política auténticamente democrática y republicana; es decir, la de un sistema democrático bien definido en una sencilla constitución que limita el alcance del poder central.

Estas realidades toman mayor preponderancia en la política norteamericana en dónde los dos partidos reinantes se han ido acercando a tal grado que ya se confunden y parecen uno solo. Por ejemplo, ambos son adictos al gasto público deficitario que es claro síntoma de una política de expansión centralista. Esta realidad va opacando cada vez más la autodeterminación de las personas, que es esencia de la creatividad humana.

La situación del país de ese grandioso experimento de libertad que ahora parece estar montado sobre una pendiente resbaladiza, es vívida imagen que se está reflejando en el ámbito mundial.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América