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El grito santeño de 1821


CUANDO SE estrena el siglo XIX, ya las ideas atrevidas de las Revoluciones americana y francesa han sacudido y dado al traste con formas obsoletas de gobierno. Con dificultades pero con firmeza, la democracia esta reemplazando al absolutismo, la autocracia y el despotismo, incluso el llamado "ilustrado".
Nuevos conceptos políticos irrumpen también en las colonias hispanas, lo que hoy conocemos como América Latina. Pongo como ejemplo la traducción que hizo Antonio Nariño de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el Nuevo Reino de Granada, actual Colombia. Otros líderes como Bolívar, San Martín, Hidalgo, Artigas tendrán que empuñar las armas en las batallas de independencia de uno al otro extremo del continente.
Por supuesto, el Istmo de Panamá no podía permanecer al margen de los movimientos libertarios. Su desmembramiento de España se hace tarde, en 1821, pero en doble pronunciamiento: el de la Villa de Los Santos y en la Ciudad de Panamá con sólo dieciocho días de diferencia.
Podemos preguntarnos, ¿qué era la Villa santeña en 1821? Un pequeño y aristocrático pueblo, no muy distinto de las demás comunidades del interior del país. Con una diferencia: ostenta blasones hispánicos, es ciudad de españoles desde sus inicios.
No es de extrañar, pues, que las nociones de avanzada hayan podido penetrar la mente de sus moradores y que el descontento latente se exprese en el Acta de Independencia del clásico 10 de noviembre.
Los panameños no teñimos de sangre nuestros campos para declararnos libres. El desenlace está plasmado en un documento inmortal. Fue la fuerza de la palabra y de las voluntades. Veamos: Un serio análisis del Acta nos convence de que el motivo principal consiste en la defensa del fuero personal. Dicho en otros términos, los derechos del individuo. El Acta reza literalmente: "Lo más sagrado que se halla en todo ciudadano". ¡Más claro no puede hablarse!
En Los Santos se expresa la comunidad civil y sus voceros son los firmantes del Acta.
No me extraña que Julián Chávez, Segundo de Villarreal, José Antonio Moreno estén imbuidos de los planteamientos nuevos que recorren como pólvora a Europa y las posesiones española de este lado del Atlántico.
Dedico unas líneas a otro de los personajes que suscribe el Acta. Es el cura del pueblo José María Correoso Catalán. Puedo intuir que se trata de un clérigo conocedor de las ideas revolucionarias, beligerante y moderno para su tiempo. Es posible especular que el Padre Correoso haya influido directamente en la redacción y estilo del Acta y que le debamos algunas de sus frases esenciales y que dan la tónica de aquellos decisivos señalamientos. Habrá que indagar más a esta figura de sotana y, de ser posible, su formación académica y la actitud que adoptó en instantes tan trascendentales de nuestro acontecer socio-político.
Los padres santeños de 1821, los civiles, los eclesiásticos y los militares aunaron criterios y tuvieron el suficiente coraje para decidir y ejecutar lo que a su juicio era mejor y más favorable. Excelente ejemplo para las nuevas generaciones de panameños; los prohombres de la historia se asemejan a faros que brillan con luz propia a lo largo de las épocas.
Sin exageraciones literarias, afirmo que las lecciones de Los Santos son para siempre y con total vigencia.

101 años de Panamá América

 
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