El gusanillo del poder y algo más
EL PODER mal intencionado no es más que aquel gusanillo que corroe, y que se implanta y desarrolla en las mismas entrañas de aquel que lo cultiva con la idea de hacer daño sin reparo alguno.
En la historia de la humanidad hay quienes han ostentado y ostentan el poder torturando a millones de seres desvalidos. Es un elemento peligroso y sumamente efectivo dejando una secuela de dolor y sufrimiento en el que lo padece. Y se da a todos los niveles: en el hogar, en el fanatismo religioso, en el sexo desenfrenado, en el ámbito laboral, entre amigos, políticos, etc. El poder del mal es muy fuerte. El ser humano, demuestra ser débil y muy vulnerable a la tentación del dinero, de la mentira, del odio, y la venganza. ¿Cómo reaccionar? ¿Cómo defenderse? ¿Cómo resistir a la ofensiva de ese poder malicioso y aniquilador, que de alguna manera, traiciona y devora a su víctima? ¿Actuamos como cómplices del mal?
En los países democráticos también pueden realizarse graves abusos, aunque las leyes sean votadas democráticamente y los gobiernos surjan del sufragio universal. Los tres poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial- pueden fallar, confundirse y cometer errores. Mucho más frecuentemente, por supuesto, si se da en un Estado autoritario y dictatorial, donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades.
Medios de comunicación masiva están íntimamente ligados a esto. Por eso, es urgente desarrollar una reflexión sobre la manera en que los ciudadanos pueden exigir mayor ética, verdad, y respeto, permitiendo a los periodistas actuar en función de su conciencia y no en función de los intereses de otros.
La calumnia es mortal si se daña gravemente el honor de una persona, aunque esa misma persona no se entere del daño que se le ha causado. Por eso, si no tenemos una causa justa, aunque lo que digamos sea verdad, es ilícito difundir sin necesidad los defectos ajenos. Escuchar y leer con gusto la calumnia y difamación, aunque no digamos una palabra, fomenta la difusión de murmuraciones maliciosas.
Definitivamente, sin un control previo de las emociones y sentimientos, a la larga el gusanillo del poder y de la intransigencia, puede fácilmente montarse en el que tiene un cargo público sea de importancia, o no. Aquí puedo mencionar lo que se conoce como complejo de superioridad. Este elemento muchas veces reside en la persona sin darse cuenta. He aquí un ejemplo clásico: "generalmente, el funcionario con un cargo de relevancia no mira a nadie, saluda a unos cuantos, utiliza un lenguaje draconiano y déspota, y, por lo regular, se le ve acompañado por un séquito de aduladores, y contactarlos es un imposible y se escudan en su secretaria inmediata o asistente quienes asumen sus mismas actitudes ególatras y narcisistas. He aquí el peligro, porque cuando dejan el cargo se les ve en franca soledad, ya que nadie se les acerca ni para el clásico saludo".
Podemos encontrar individuos que padecen del complejo de superioridad en todos los niveles sociales, corporativos y gubernamentales. Pero, ¿qué es este complejo? ¿Cómo surge?
Podemos decir que es la conducta propia de algunos que han alcanzado cierto grado de éxito en sus vidas, y por lo mismo, se sienten superiores y con derecho a mirar con arrogancia a quienes, según su visión, no están a su mismo nivel. Son muy susceptibles a las críticas y comentarios y su habilidad para establecer relaciones humanas armoniosas está muy poco desarrollada. Esta conducta tan común en nuestro medio, es la manifestación del sentimiento de inferioridad disfrazado de otra forma.
Al llegar a este punto, es necesario reconocer que el éxito es consecuencia del trabajo realizado con empeño; posiblemente no están totalmente conscientes de ello y puede ser que utilicen algunos de estos mecanismos de defensa para sentir que tienen valor.
Es muy importante dedicar un tiempo para evaluar estas actitudes. El que acoge y acepta a todos por igual, puede hacer mucho más a nivel familiar, empresarial, gubernamental y político.
Los verdaderos líderes, y hombres y mujeres de bien, conscientes de su valor como personas no tienen necesidad de ser presuntuosos, al contrario, su trato es amable, su mirada es directa y de aceptación para cada persona con la que tienen relación.
(gemiliani@cwpanama.net)
En la historia de la humanidad hay quienes han ostentado y ostentan el poder torturando a millones de seres desvalidos. Es un elemento peligroso y sumamente efectivo dejando una secuela de dolor y sufrimiento en el que lo padece. Y se da a todos los niveles: en el hogar, en el fanatismo religioso, en el sexo desenfrenado, en el ámbito laboral, entre amigos, políticos, etc. El poder del mal es muy fuerte. El ser humano, demuestra ser débil y muy vulnerable a la tentación del dinero, de la mentira, del odio, y la venganza. ¿Cómo reaccionar? ¿Cómo defenderse? ¿Cómo resistir a la ofensiva de ese poder malicioso y aniquilador, que de alguna manera, traiciona y devora a su víctima? ¿Actuamos como cómplices del mal?
En los países democráticos también pueden realizarse graves abusos, aunque las leyes sean votadas democráticamente y los gobiernos surjan del sufragio universal. Los tres poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial- pueden fallar, confundirse y cometer errores. Mucho más frecuentemente, por supuesto, si se da en un Estado autoritario y dictatorial, donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades.
Medios de comunicación masiva están íntimamente ligados a esto. Por eso, es urgente desarrollar una reflexión sobre la manera en que los ciudadanos pueden exigir mayor ética, verdad, y respeto, permitiendo a los periodistas actuar en función de su conciencia y no en función de los intereses de otros.
La calumnia es mortal si se daña gravemente el honor de una persona, aunque esa misma persona no se entere del daño que se le ha causado. Por eso, si no tenemos una causa justa, aunque lo que digamos sea verdad, es ilícito difundir sin necesidad los defectos ajenos. Escuchar y leer con gusto la calumnia y difamación, aunque no digamos una palabra, fomenta la difusión de murmuraciones maliciosas.
Definitivamente, sin un control previo de las emociones y sentimientos, a la larga el gusanillo del poder y de la intransigencia, puede fácilmente montarse en el que tiene un cargo público sea de importancia, o no. Aquí puedo mencionar lo que se conoce como complejo de superioridad. Este elemento muchas veces reside en la persona sin darse cuenta. He aquí un ejemplo clásico: "generalmente, el funcionario con un cargo de relevancia no mira a nadie, saluda a unos cuantos, utiliza un lenguaje draconiano y déspota, y, por lo regular, se le ve acompañado por un séquito de aduladores, y contactarlos es un imposible y se escudan en su secretaria inmediata o asistente quienes asumen sus mismas actitudes ególatras y narcisistas. He aquí el peligro, porque cuando dejan el cargo se les ve en franca soledad, ya que nadie se les acerca ni para el clásico saludo".
Podemos encontrar individuos que padecen del complejo de superioridad en todos los niveles sociales, corporativos y gubernamentales. Pero, ¿qué es este complejo? ¿Cómo surge?
Podemos decir que es la conducta propia de algunos que han alcanzado cierto grado de éxito en sus vidas, y por lo mismo, se sienten superiores y con derecho a mirar con arrogancia a quienes, según su visión, no están a su mismo nivel. Son muy susceptibles a las críticas y comentarios y su habilidad para establecer relaciones humanas armoniosas está muy poco desarrollada. Esta conducta tan común en nuestro medio, es la manifestación del sentimiento de inferioridad disfrazado de otra forma.
Al llegar a este punto, es necesario reconocer que el éxito es consecuencia del trabajo realizado con empeño; posiblemente no están totalmente conscientes de ello y puede ser que utilicen algunos de estos mecanismos de defensa para sentir que tienen valor.
Es muy importante dedicar un tiempo para evaluar estas actitudes. El que acoge y acepta a todos por igual, puede hacer mucho más a nivel familiar, empresarial, gubernamental y político.
Los verdaderos líderes, y hombres y mujeres de bien, conscientes de su valor como personas no tienen necesidad de ser presuntuosos, al contrario, su trato es amable, su mirada es directa y de aceptación para cada persona con la que tienen relación.
(gemiliani@cwpanama.net)