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El hábito de la lectura


Mito o realidad, se cuenta que los únicos comercios que no fueron saqueados durante la invasión del 20 de diciembre de 1989 fueron las librerías. Se relata la historia para ilustrar cuán ausente está el hábito de la lectura en nuestro pueblo.
En sentido contrario, la celebración de varios eventos relacionados con la actividad, incluyendo la creación de algunos círculos de lectura, la presentación de obras y ferias de libros, algunas de ellas de gran magnitud, como la última feria internacional que tuvo lugar en ATLAPA, que fue testigo de un exquisito y memorable discurso del presidente chileno Ricardo Lagos, suelen ser vistos como signos alentadores por quienes procuran, en loable esfuerzo, diseminar la lectura en nuestro país, con la riqueza infinita de conocimiento y placer que entraña.
Pocos sabían, hasta la pieza oratoria del citado mandatario, que la letra de la muy nuestra tonada: "Panameño, panameño, panameño, vida mía, yo quiero que tú me lleves al tambor de la alegría", es de la laureada poetisa chilena Gabriela Mistral, quien amó a su tierra y abrazó con su verso a todo el continente y a su gente.
Se dice que es un mito que los panameños no leemos. Y tal vez tengan razón. Pero, al contrario, puede ser que quienes más leen son los mismos de siempre. Y es que con ese empeño absurdo de ir marginando del currículum de estudios toda lectura que no sea científica, se está formando una generación de semi analfabetos. Una señal alarmante en ese sentido es que el panameño no sabe hablar y menos escribir; y acaso tampoco leer. Puede que lo haga mecánicamente, pero no entiende nada. Y peor se expresa. Son las huellas inconfundibles de la escasa lectura.
El remedio es aceptar que la lectura perfecciona el espíritu humano. Y más que eso, lo convierte en una persona superior o, vista de otro modo, es una vacuna contra la degradación. Pero su fomento debe empezar por casa, de padres a hijos, desde temprana edad. La fórmula infalible es que los mayores leamos delante de los niños, quienes nos seguirán por el camino radiante de la más edificante de las tareas humanas.

101 años de Panamá América

 
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