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"El hábito no hace al monje"




Periodista

Cuando el 7 de octubre de 1935 se fundó la Universidad de Panamá, conocida también como la Casa de Octavio Méndez Pereira y la Primera Casa de Estudios, se desconocía cuál sería el verdadero interés de la población por beneficiarse de la educación superior y prepararse para la "dura batalla de la vida", y que al transcurrir de los años fuera esta necesidad creciendo paulatinamente.
Es así como el país se prepara para ser cuna de tres nuevas universidades oficiales: La Universidad Tecnológica de Panamá, La Universidad Autónoma de Chiriquí y la Especializada de las Américas. Siendo establecida en Panamá un 27 de mayo de 1965, la primera institución de enseñanza superior privada, la Universidad Católica Santa María La Antigua.
En la actualidad, al menos unas 17 universidades se encuentran establecidas en el país, lo que ha permitido que la juventud, sobre todo, se beneficie y eduque a través de préstamos bancarios y con el Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (IFARHU) becas o convenios institucionales o empresariales con las universidades, o por esfuerzo propio. No obstante, la Universidad de Panamá, que va a la vanguardia, ha graduado desde su fundación, cerca de 90 mil profesionales, y es la que reconoce y aprueba los diferentes planes de estudio.
Hoy, el deseo de superación y las aspiraciones profesionales han sobrepasado las barreras, cuando se observa un Panamá "irrumpido" por universidades extranjeras procedentes de Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, entre otras.
La decisión final de un estudiante por escoger entre una u otra universidad, radica en primer lugar del factor económico, mientras que en otros casos impera la euforia, causada por las campañas publicitarias y los paquetes promocionales, así como la trayectoria y excelentes testimonios o referencias recibidas de la misma.
Las universidades privadas han dado paso a una naciente generación estudiantil con una novedosa modalidad de estudio tanto para carreras técnicas, licenciaturas, post grados, maestrías, como doctorados, y es que la asistencia reglamentaria no requiere de cinco días a la semana y hasta se imparten estudios dirigidos y semi-presenciales, lo que le ha contribuido que un porcentaje mayor de ciudadanos logre educación superior convirtiendo el mercado laboral, aún más competitivo y especializado.
A pesar de los excelentes profesores con que cuentan estas instituciones del saber, han recibido algunas de ellas serías críticas sobre todo en la carrera médica. La pregunta del millón de dólares es: ¿Ha desmejorado la calidad de la educación superior? Para esta inquietud no existe un termómetro que sirva para medir la eficiencia, sino únicamente el desempeño positivo que sus egresados demuestren ante la sociedad.
No escapa de nuestra realidad y entorno que la recompensa salarial que esperan los profesionales no se ajusta con la preparación académica y "rimbombantes títulos profesionales" que sólo sirven en ocasiones para impresionar al empleador. Pero que en la práctica, si no son bien sustentados y justificados no toman mayor importancia en el mercado laboral. Este último apuntamiento nos trae a la memoria el viejo y conocido refrán que reza así "El hábito no hace al monje".


101 años de Panamá América

 
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