El hábito no hace al monje
Hay un refrán popular que dice que "la mujer del César no sólo tiene que serlo, sino que parecerlo". Sin embargo, vemos con tristeza y melancolía como cada día se devalúa y distorsiona más la imagen de funcionarios que en nuestra patria deberían ser verdaderos modelos y motivos de encomio por la investidura del cargo que desempeñan y por ende sujetos dignos de respeto y admiración.
Hoy en día vemos decepcionados cómo personas en quienes depositamos nuestra confianza, colocándolos en puestos relevantes para la buena marcha de la nación, hacen uso indebido del poder que se les confirió ejerciendo sus fuerzas de una u otra manera para concretizar acciones que dejan traslucir actitudes mezquinas, enfermizas, egoístas, irresponsables y de corte individualista, respondiendo a intereses personales en un momento de la historia donde "el mundo nos mira".
En ese accionar que se está convirtiendo en la tónica de muchos, se dejan palpar grandes sentimientos de inferioridad, baja tolerancia a la frustración e inmadurez, que vela los sentidos, todo entendimiento, raciocinio y juicio lógico, para plasmar decisiones que no favorecen la buena voluntad de otros, ni responden al sentir popular.
Con ese actuar se ganan cada día más la antipatía y el repudio del pueblo, entendiéndose su conducta como manifestaciones donde proyectan conflictos de mando y poder, consumiendo una energía valiosa, que pudiera estar canalizada a solucionar los múltiples problemas que a nivel nacional son del conocimiento de todos y de urgencia notoria, principalmente en el campo de la salud, educación, social y del agro.
Apuntamos a señalar el hecho de que con estas acciones y decisiones partidistas, sólo se está logrando alentar a la ciudadanía para obligarla a hacer válidos sus derechos y reclamar con voz de alerta y decisión, la defensa de todo aquello que vaya en beneficio de las mayorías que conformamos esta noble nación, bendecida por Dios de muchas maneras.
Y es que salta a la vista esa lucha desesperada por dificultar o impedir una gobernabilidad, en un ambiente tranquilo donde reine la conciliación, el diálogo, la comunicación efectiva, donde se puedan anteponer los intereses personales, en pro de los que hace mucho tiempo, imploran por ser tomados en cuenta y obtener parte de los beneficios que hasta ahora han sido potestad de otros.
La Asamblea Legislativa con sus orgullosamente llamados "Padres de la Patria", en un desesperado intento por prolongar su sentir, poder, mando y mantener intereses propios en ese recinto, va de error en error, conllevando esto a una distorsión de las funciones, para las cuales los hemos elegido, proyectando una imagen desvalorizada, donde se resaltan antivalores que en nada favorecen a la formación integral a nivel personal y profesional de nuestra población joven, ni a la imagen de los nuevos legisladores.
Consideramos que es precisamente en estos puestos relevantes y de jerarquía donde se tiene la potestad de regir y guiar el destino de una nación, donde deben verse reflejados y en forma traslúcida los verdaderos valores que dan un sello personal a cada uno y guían y determinan las decisiones que han de asumirse, siendo ejemplos de honradez, decencia, responsabilidad, honorabilidad, puntualidad, moralidad, confianza, sinceridad, seres con altos compromisos sociales, capaces de identificarse con los más necesitados, con las causas que requieren ser atendidas con prioridad, anteponiendo en su logro móviles personales de cualquier índole y dejando el aspecto económico en manos de quienes les corresponda.
Creemos, que estos puestos, al igual que otros de alto mando en el gobierno, deben ser una oportunidad para brindarle a ciudadanos comprometidos, proyectarse a la nación, poniendo al servicio de ésta sus conocimientos, capacidades y experiencias para el logro de objetivos y metas claras y comunes no como un medio para figurar o ejercer patológicamente poder y mando, dejando traslucir una serie de problemas personales y conflictos no resueltos.
Al igual que otros muchos panameños nos estamos preguntando: ¿por qué estas leyes a destiempo y con tanta premura, cuando ellas demarcan una política definida para una próxima Asamblea? y sólo podemos encontrar la respuesta, en un acto de mala fe y voluntad, tendiente a desestabilizar al país, creando un ambiente de zozobra que conduce a obstaculizar la labor y el plan de trabajo de un gobierno con el que se identificó y eligió el pueblo, poniendo un freno a la anhelada democracia hacia la cual caminamos.
El pueblo panameño, siempre ha estado frenado en su desarrollo por acciones que han respondido a intereses muy personales, pero en la actualidad ha madurado políticamente y ya no es el que teme y se somete, pues a través de las vicisitudes a las que se ha enfrentado, ha ganado fuerza y valor para defender sus derechos e ideales y está dispuesto a mantener una actitud vigilante ante todo y ante todos los que irresponsablemente se opongan al interés mayoritario.
No permitamos que un grupo minoritario, desesperado y conflictivo impida que se lleve a cabo en la mejor forma el cambio por el que muchos expresamos interés en las pasadas elecciones.
Que Dios dé entendimiento, discernimiento, paz y libere de soberbia, prejuicios, prepotencia y altivez a quienes en este momento intentan aferrarse al poder y desestabilizar e impedir una adecuada gobernabilidad en nuestro ya sufrido Panamá.
Hoy en día vemos decepcionados cómo personas en quienes depositamos nuestra confianza, colocándolos en puestos relevantes para la buena marcha de la nación, hacen uso indebido del poder que se les confirió ejerciendo sus fuerzas de una u otra manera para concretizar acciones que dejan traslucir actitudes mezquinas, enfermizas, egoístas, irresponsables y de corte individualista, respondiendo a intereses personales en un momento de la historia donde "el mundo nos mira".
En ese accionar que se está convirtiendo en la tónica de muchos, se dejan palpar grandes sentimientos de inferioridad, baja tolerancia a la frustración e inmadurez, que vela los sentidos, todo entendimiento, raciocinio y juicio lógico, para plasmar decisiones que no favorecen la buena voluntad de otros, ni responden al sentir popular.
Con ese actuar se ganan cada día más la antipatía y el repudio del pueblo, entendiéndose su conducta como manifestaciones donde proyectan conflictos de mando y poder, consumiendo una energía valiosa, que pudiera estar canalizada a solucionar los múltiples problemas que a nivel nacional son del conocimiento de todos y de urgencia notoria, principalmente en el campo de la salud, educación, social y del agro.
Apuntamos a señalar el hecho de que con estas acciones y decisiones partidistas, sólo se está logrando alentar a la ciudadanía para obligarla a hacer válidos sus derechos y reclamar con voz de alerta y decisión, la defensa de todo aquello que vaya en beneficio de las mayorías que conformamos esta noble nación, bendecida por Dios de muchas maneras.
Y es que salta a la vista esa lucha desesperada por dificultar o impedir una gobernabilidad, en un ambiente tranquilo donde reine la conciliación, el diálogo, la comunicación efectiva, donde se puedan anteponer los intereses personales, en pro de los que hace mucho tiempo, imploran por ser tomados en cuenta y obtener parte de los beneficios que hasta ahora han sido potestad de otros.
La Asamblea Legislativa con sus orgullosamente llamados "Padres de la Patria", en un desesperado intento por prolongar su sentir, poder, mando y mantener intereses propios en ese recinto, va de error en error, conllevando esto a una distorsión de las funciones, para las cuales los hemos elegido, proyectando una imagen desvalorizada, donde se resaltan antivalores que en nada favorecen a la formación integral a nivel personal y profesional de nuestra población joven, ni a la imagen de los nuevos legisladores.
Consideramos que es precisamente en estos puestos relevantes y de jerarquía donde se tiene la potestad de regir y guiar el destino de una nación, donde deben verse reflejados y en forma traslúcida los verdaderos valores que dan un sello personal a cada uno y guían y determinan las decisiones que han de asumirse, siendo ejemplos de honradez, decencia, responsabilidad, honorabilidad, puntualidad, moralidad, confianza, sinceridad, seres con altos compromisos sociales, capaces de identificarse con los más necesitados, con las causas que requieren ser atendidas con prioridad, anteponiendo en su logro móviles personales de cualquier índole y dejando el aspecto económico en manos de quienes les corresponda.
Creemos, que estos puestos, al igual que otros de alto mando en el gobierno, deben ser una oportunidad para brindarle a ciudadanos comprometidos, proyectarse a la nación, poniendo al servicio de ésta sus conocimientos, capacidades y experiencias para el logro de objetivos y metas claras y comunes no como un medio para figurar o ejercer patológicamente poder y mando, dejando traslucir una serie de problemas personales y conflictos no resueltos.
Al igual que otros muchos panameños nos estamos preguntando: ¿por qué estas leyes a destiempo y con tanta premura, cuando ellas demarcan una política definida para una próxima Asamblea? y sólo podemos encontrar la respuesta, en un acto de mala fe y voluntad, tendiente a desestabilizar al país, creando un ambiente de zozobra que conduce a obstaculizar la labor y el plan de trabajo de un gobierno con el que se identificó y eligió el pueblo, poniendo un freno a la anhelada democracia hacia la cual caminamos.
El pueblo panameño, siempre ha estado frenado en su desarrollo por acciones que han respondido a intereses muy personales, pero en la actualidad ha madurado políticamente y ya no es el que teme y se somete, pues a través de las vicisitudes a las que se ha enfrentado, ha ganado fuerza y valor para defender sus derechos e ideales y está dispuesto a mantener una actitud vigilante ante todo y ante todos los que irresponsablemente se opongan al interés mayoritario.
No permitamos que un grupo minoritario, desesperado y conflictivo impida que se lleve a cabo en la mejor forma el cambio por el que muchos expresamos interés en las pasadas elecciones.
Que Dios dé entendimiento, discernimiento, paz y libere de soberbia, prejuicios, prepotencia y altivez a quienes en este momento intentan aferrarse al poder y desestabilizar e impedir una adecuada gobernabilidad en nuestro ya sufrido Panamá.