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El hermano Gonzalo y el Casco Viejo


Con motivo de la fundación de la Ciudad de Panamá, el 15 de agosto de 1519, nos parece apropiado recordar algo sobre el Hermano Gonzalo y su contribución en la fundación de la ciudad extraída de las obras de los notables historiadores Don Angel Rubio, Prof. Rubén Darío Carles y Don Juan Antonio Susto, publicadas en "Antología de la ciudad de Panamá" (Recopilación y exégesis por Marcia A. de Arosemena y Jorge Conte Porras).
Es el historiador Juan A. Susto en su obra "El precursor de la fundación de la ciudad de Panamá fue un portugués", quien nos habla sobre el hermano Gonzalo con detalles. Es curioso que este personaje del pasado, histórico y novelesco, no haya despertado la curiosidad de los panameños, o por lo menos, del Instituto Panameño de Turismo para promocionar a la ciudad. Veamos.
El historiador Susto nos cuenta: "A mediados, del año 1669 llegó a la Antigua Panamá en un navío del Capitán Amaro Rodríguez, procedente de Puerto Realejo (Guatemala), un ermitaño portugués, de 32 años de edad, pobre de aspecto y escaso de dinero se le negó albergue en el Convento de San Juan de Dios y después de días de penurias en la ciudad, el padre Fray Pedro de Cabrera, de la Orden de San Francisco lo llevó a su convento. Su misión fue pedir limosnas. "Durante un año conoció a sus habitantes, sus vicios, sus malos hábitos, y su poco fervor religioso". "Sus consejos fueron recibidos con gran indiferencia y en su cara vieron de sus dantescos augurios". Hizo pintar un cuadro en el cual representó la gloria, el purgatorio, el infierno, el mundo y la ciudad de Panamá presa de un voraz incendio y los enemigos ingleses vestidos de demonios, danzando, llenos de júbilo, en torno a las llamas. Fue colocado, el cuadro, en el Convento de San Francisco, y Fray Martín de Prado testigo más tarde de la fundación de la nueva Panamá, predicó desde el púlpito, en los mismos términos que el hermano González de la Madre de Dios -así decía llamarse el ermitaño.
La primera atrajo la atención de la población, del presidente de la Audiencia don Juan Pérez de Guzmán, de oidores y del Cabildo Secular, quienes se burlaron. Herido, abandonó la ciudad y se trasladó a Trujillo, después a Lima en donde fue recibido atentamente por el Conde de Lemos, Virrey del Perú y otras autoridades a quienes comunicó de la conveniencia de trasladar la ciudad de Panamá al sitio de Ancón, lugar que conocía, más sano y de defensas naturales.
En 1671, el pirata Sir Henry Morgan se toma la ciudad y ésta cae en llamas. En Perú los consejos son escuchados por las autoridades y el Hermano Gonzalo en 1672, sale de Lima comisionado "para llevar de regreso a las monjas de la Concepción, que se habían retirado a Lima al tiempo de la invasión de Morgan y para que alentara y esforzara a los panameños a la mudanza, que tan necesaria se hacía".
Al hermano Gonzalo se le envió al Istmo con "180 botijas de vino, varias de aguardiante, miel y aceite, quince quintales de cobre para las campañas, tres mil pesos en picos, azadores, barras y barretas, dos fraguas aparejadas, hachas, machetes, 29 esclavos y cuatro españoles maestros de albañilería y carpintería". Llegado que hubo al lugar (Casco Viejo), se dedicó a la limpieza del terreno: los árboles eran muy robustos y el monte demacrado espeso, lo cual impidió adelantar mucho". Al tercer día de labor de desmonte, se presentaron allí el presidente de la Audiencia en Panamá, don Antonio Fernández de Córdoba y Mendoza, los oidores y varios linajudos vecinos de la vieja ciudad. Quedaron todos satisfechos del lugar". El presidente prometió ayudar al cabo de doce días envió 120 esclavos y 120 animales de carga que el Hermano compró con las limosnas colectadas en Lima.
"Cuando llegó la Real Cédula para la mudanza, el gobernante solicitó del Hermano Gonzalo su ayuda para el delineamiento de la ciudad, lo que se ejecutó enseguida. Delineada por los Ingenieros Juan de Betin y Bernardo de Zeballos, tuvo lugar el acto de fundación el sábado 21 de enero de 1673, con la asistencia de todas las corporaciones y dignidades civiles, militares y eclesiásticas y numeroso público. El obispo don Antonio de León bendijo al centro de la plaza principal y marcó con creces el sitio para la Catedral y el cementerio anexo. El escribano don Juan de Aranda Grimaldo consignó en un acta las actuaciones y particularidades con que se verificó la fundación de la nueva ciudad". Hoy Casco Viejo y parte de la ciudad de Panamá, San Felipe.
Al Hermano Gonzalo no le fue bien en la nueva ciudad. "Injusticias cometidas por parte del obispo de León en su contra, se le siguió un proceso por extranjero y por haber pasado a las Indias sin real licencia; le decomisó sus bienes, tomó posesión de las construcciones realizadas y le remitió preso a España en la Armada del general don Nicolás de Córdoba, en el año de 1675. Protestas hubo por parte de los habitantes de la nueva ciudad, de las órdenes religiosas, pero todo fue en vano. "En el Archivo General de Indias, de Sevilla, hay material suficiente para escribir la vida febril, intensa y llena de plácida emoción de este simpático aventurero lusitano". Así nos habla Don Juan Antonio Susto.
Ojalá en algún lugar del Casco Viejo se pueda erigir una plaza para recordar a los Ingenieros Juan de Betín y Bernardo Zeballos y por supuesto al Hermano Gonzalo. Su interesante epopeya nos liga al pasado. Es una historia más del Casco Viejo ¡y tal vez la mejor!.

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