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¿El héroe o el pueblo?


Alguien nos dijo, algunos meses atrás, que una empresa encuestadora había formulado la pregunta sobre quién fue el mejor presidente, durante los cien años últimos, de 1903 a 2003, efemérides que deberá celebrarse durante todo el año próximo, desde noviembre de 2003 hasta noviembre de 2004, tesis con la que estamos de acuerdo, pues los cien años que tanto ruido han venido haciendo en los últimos meses, no se han cumplido aún, y se cumplen el 3 de noviembre de 2003, en adelante y hasta el próximo 3 de noviembre de 2004. Tal es la delimitación temporal correspondiente.
La encuesta aludida al principio dio por resultado la selección del señor Guillermo Endara, cosa explicable porque la memoria histórica de los panameños que llegaron a la mayoría (18 años) hasta en 1990, no alcanza a los presidentes anteriores, sino a los que vivieron en Palacio después de este último año. Desde luego, no hubo publicación de la encuesta mencionada.
Este último domingo ya no hubo encuesta abierta y de 1,200 encuestados, sino pregunta directa a seis personas ilustres de Panamá, y se les inquirió por el personaje más destacado del centenario. Resultó seleccionado por mayoría el Dr. Belisario Porras, distinguido gobernante nacional, por 12 años, entre 1912 y 1924, sobre quien escribimos en nuestro libro Panamá en la Guerra de los Mil Días (Premio Miró de 1986) y, posteriormente, en un ensayo denominado Presentación de un libro sobre Belisario Porras (Revista Lotería, septiembre-octubre, 1998).
Dicha encuesta y su resultado, sin el más mínimo demérito para la egregia persona seleccionada, nos hace recordar una acertada y vetusta frase, conforme a cuyo texto "la historia la hacen los hombres". Es decir, los pueblos (no de ayer, ni de hoy, ni de mañana), sino que la historia es siempre el resultado de una acumulación de años, y hasta de siglos, y que su protagonista principal es, en todas partes, el pueblo del caso, las sucesivas generaciones que han intervenido en la producción histórica correspondiente. Y de este modo, también nos hemos ubicado en la polémica de historiadores, filósofos de la historia y sociólogos, que han disputado largamente sobre quién aporta más a la historia, si los grandes hombres, los héroes, o los pueblos.
Ya sea en forma de encuesta, de pregunta directa o del dilema "héroes o pueblos", no pocas veces al asunto ha producido polémicas, que consideramos inútiles, porque ni dos mil personas, ni un plebiscito nacional, ni la decisión entre un grupo reducido de sabios no garantizan una opinión que no vaya a tener reparos, pocos o muchos. Como somos un país que no se distingue por una población muy culta, lo favorable siempre ha sido que las polémicas no llegan siquiera al tobillo, a menos que haya alguien dispuesto a promover demandas por calumnia o por injuria, y no "por calumnia e injuria", al mismo tiempo, ya que se trata de dos delitos diferentes, y creemos que los jueces deberían rechazar las demandas bipolares, que se refieren a "calumnia e injuria", para que el demandante individualice el delito del caso.
Lejos de nosotros negar la importancia de los héroes o de los grandes hombres, en el campo histórico. Lo cierto es que resulta más fácil y más acostumbrado personificar la historia, señalar a sus grandes hombres, con preterición de lo que hicieron los pueblos. En un caso como el que ha dado pie para este artículo, y si se nos preguntara sobre nuestra preferencia, entre los grandes hombres y los grandes pueblos, nosotros admiramos más a los grandes pueblos, porque su labor casi siempre es incomparablemente más duradera, que la de los héroes o de los grandes personajes.
Con motivo del Centenario ha habido mucho más énfasis en glorificar personalidades. Y ello es mucho más fácil, porque ellas han dejado una biografía, más o menos concreta, más o menos conocida.
Sigamos como ejemplo el caso de las reivindicaciones canaleras, que suscitaron luchas populares, incluso con muertos y heridos. Pero no hemos visto que nosotros mismos hubiéramos publicado una lista más o menos completa de los incidentes públicos de esa lucha continuada, desde 1904 hasta de 1977, porque nos hemos olvidado de no pocos de sus capítulos y de los nombres de las personas muertas o heridas, o que organizaron o lideraron manifestaciones de calles.
Nosotros consideramos que el hecho más importante, más trascendente de la historia panameña del siglo XX fue esa lucha reivindicadora de la propiedad del Canal y del territorio de la Zona, porque el nacionalismo intuitivo de nuestro pueblo lo llevó a esas numerosas gestas de todo el siglo, desde un comienzo, hasta 1977. Y fue una lucha de los sectores populares de todo el país, principalmente de las ciudades de Panamá y Colón, pero también de personas que se unieron desde el interior, más de una vez. Su culminación se dio el 31 de diciembre de 1999, cuando Norteamérica hizo entrega formal de la vía canalera al gobierno panameño, al que estaba por coincidencia en el poder en esa fecha, y desalojaron la última base que tenían aquí.
Hemos debido comprender que de tales bienes era necesario derivar planes integrales que explotaran sabiamente esas propiedades, y que el producto de tal empresa general y abarcadora debió repercutir ordenada y organizadamente en beneficio directo, sobre todo de las clases populares, hoy víctimas de la más horrorosa miseria que ha habido a todo lo largo del siglo XX en Panamá. Duele profundamente que se hubiera adoptado la solución, como si hubiera sido la única posibilidad, de entregar esos bienes al capital extranjero, para que se lleve las ganancias al exterior, mientras que el país sigue progresivamente descapitalizado, y el pueblo, autor de esa reivindicación, continúe siendo víctima de su miseria moral y económica.
Estamos de acuerdo, pues, con quien en esa encuesta de seis personas, publicada el domingo, escogió al pueblo panameño como el principal personaje del siglo XX, dentro de nuestro país.
El sistema de transporte, que alcanza los 42.5 millones de dólares, permitirá que las aguas servidas, que son conducidas por las colectoras por gravedad, sean interceptadas y llevadas hasta las plantas de tratamiento mediante un sistema de transporte conformado por estaciones de bombeo y líneas de impulsión.
Las plantas de tratamiento tendrán un costo de 156 millones de balboas y serán construidas en las poblaciones de los corregimientos de Juan Díaz y Veracruz, en los distritos de Panamá y Arraiján, respectivamente. Este sistema estará compuesto por plantas con pre-tratamiento, lodos activados, tratamiento secundario simplificado, reducción de nitrógeno, desinfección del efluente (líquidos procedente de las industrias), instalaciones para el manejo de lodos y la disposición de efluente tratado que cumpla con los parámetros fijados en las normas establecidas en el país.
Este proyecto general abarca un área aproximada de 350 kilómetros cuadrados incluyendo todos los corregimientos del distrito de Panamá, los corregimientos Amelia Denis de Icaza, Mateo Iturralde, Victoriano Lorenzo, José Domingo Espinar y Belisario Porras, del distrito de San Miguelito, al igual que el corregimiento de Veracruz, en Arraiján.
Para lograr el financiamiento de este millonario proyecto, el Gobierno mantiene negociaciones con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Japón de Cooperación Internacional.
Este préstamo por un monto de 350 millones de dólares podría ser aprobado por las entidades internacionales a mediados del próximo año 2004, según trascendió.

101 años de Panamá América

 
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