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El hombre escaparate


"El hombre escaparate" al que me referí en el último párrafo de mi entrega pasada intitulada "Ateísmo, Razón y Fe", requiere ser descrito. El hombre divorciado de Dios es un ser que tiene convicciones propias pero, en ellas, está ausente Dios. Puede acontecer que realmente crea en Dios, pero por una u otra razón, también por formación científica, expresa ante los demás "no creer en Dios". Ortega y Gasset decía que los escépticos son verdaderos suicidas intelectuales, porque se "niegan al saber, al conocer".  

El "Hombre Escaparate" expresa no creer en Dios. Ello no significa que sea un amoral o que actúe sin apego a ciertos principios. Lo que resalta de él es que su moral o su ética de la vida no están relacionadas con Dios. Hablo del Dios  de la Biblia. Todo hombre sin Dios tiene su propio dios, su ídolo, su sujeto u objeto de idolatría, así sean sus propias ideas.  

Por ello, el dogmatismo es propio al conocimiento en la medida en que permite la construcción del saber y del conocer. Este hombre, en la generalidad de los casos, está vacío de Dios, y llegan hasta desconocer los valores de la vida, de las acciones correctas y justas, del respeto a las reglas de la convivencia humana, de la espiritualidad. Viven y andan divorciados de Dios y el amor por el prójimo es cosa de mera especulación y no de experimentación.

Quien quiera "destruir la idea de Dios en los hombres" -piedra de tropiezo- destruye su propia estirpe. Pretender destruir a Dios es pretender desaparecer lo bueno que se siembra en la psiquis, el alma, el corazón y el espíritu de los hombres. El niño o la niña que crece sin respeto a Dios, sin temor reverencial a Dios, se divorcia de algo realmente importante: el sentido de que debemos dirigir nuestras acciones y pensamientos hacia lo que agrada a Dios como ser superior, noble, bondadoso, Hacedor y Creador de nosotros y de este mundo, quien siempre quiere lo bueno para nosotros.

Bien podría decirse, por parte de los ateos, "es que hago lo bueno y debo hacer lo bueno porque eso es lo lógico y racional sin que deba agradar a Dios". Sin embargo, este argumento cae por su propio peso: ¿Quién juzga lo que tú tienes por bueno o por malo? Dios es indispensable. Sus reglas y leyes son imprescindibles. El es nuestra medida de justicia y de bondad. Recordamos la lectura que hiciéramos del El Hombre Eterno de Chesterton y que fue la respuesta de éste a una obra del prolífico H. G. Wells, intitulada "Esbozo de la historia". Chesterton se vuelca en desmontar determinados mitos que pasan por hechos científicos: evolucionismo, conclusiones absurdas producto de la comparación de religiones, etc. Por último, debo expresar que siempre se acusará al incauto de "retrógrado" o de persona con "mentalidad acientífica.

silguemo@hotmail.com

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