El hombre problema
He visto con preocupación algunos nombramientos que en las últimas semanas ha efectuado el actual gobierno, lo que me hace recordar el artículo "El Hombre Problema" que mi padre D. Samuel Lewis Arango (q.e.p.d.) escribió en 1949.
Leí, nuevamente, su artículo y compruebo que más de medio siglo después su descripción sobre este "personaje" tiene plena vigencia.
Me permito reproducir algunos de sus párrafos, y estoy seguro que muchos lectores harán su propia lista de los actuales "hombres problemas", que en la mayoría de las veces son allegados al mandatario de turno y le causan, por su parentesco "dolores de cabeza" y desprestigio:
"En nuestro país existe un tipo de ciudadano que nosotros, desde hace mucho tiempo, denominamos el hombre problema. Es un sujeto que ha dispuesto vivir indefinidamente del Estado y que por consideraciones personales o afectivas, se ha convertido en un rompecabezas parata todos los gobiernos.
Cuando se inicia una Administración, el hombre problema es una de las primeras dificultades con que tropieza el nuevo Jefe del Estado: el hombre problema ocupa una elevada posición, a la cual el Presidente recién elegido desea llevar un amigo de toda su confianza, pero se ve impedido para hacerlo porque no encuentra donde colocar al "hombre problema".
Este tipo sui generis de ciudadano ha desempeñado en la República las más variadas posiciones, como consecuencia de su buena amistad con todos los gobernantes, que no se resuelven a alejarlo del presupuesto por temor a que no pueda obtener lo imprescindible para su subsistencia y la de los suyos, aún en épocas de mayor abundancia en nuestra tierra. En otras palabras, la vida del "hombre problema" es inconcebible sin la jugosa pitanza burocrática.
Es preciso crear entre todos nuestros compatriotas una nueva conciencia de lo que son los cargos públicos. Debemos convenir todos en que a las altas posiciones del Estado se va a servirle a la República y no a resolver cada uno sus problemas económicos. Mientras esto no suceda, seguirá el hombre problema sangrando a la Patria indefinidamente.
El "hombre problema" y los hijos del hombre problema que se preparan para seguir la misma trayectoria del padre, son el producto más fehaciente del favoritismo, que a su vez, representa en el panorama nacional una fuerza invencible, como dijimos hace pocos días desde estas mismas columnas".
Leí, nuevamente, su artículo y compruebo que más de medio siglo después su descripción sobre este "personaje" tiene plena vigencia.
Me permito reproducir algunos de sus párrafos, y estoy seguro que muchos lectores harán su propia lista de los actuales "hombres problemas", que en la mayoría de las veces son allegados al mandatario de turno y le causan, por su parentesco "dolores de cabeza" y desprestigio:
"En nuestro país existe un tipo de ciudadano que nosotros, desde hace mucho tiempo, denominamos el hombre problema. Es un sujeto que ha dispuesto vivir indefinidamente del Estado y que por consideraciones personales o afectivas, se ha convertido en un rompecabezas parata todos los gobiernos.
Cuando se inicia una Administración, el hombre problema es una de las primeras dificultades con que tropieza el nuevo Jefe del Estado: el hombre problema ocupa una elevada posición, a la cual el Presidente recién elegido desea llevar un amigo de toda su confianza, pero se ve impedido para hacerlo porque no encuentra donde colocar al "hombre problema".
Este tipo sui generis de ciudadano ha desempeñado en la República las más variadas posiciones, como consecuencia de su buena amistad con todos los gobernantes, que no se resuelven a alejarlo del presupuesto por temor a que no pueda obtener lo imprescindible para su subsistencia y la de los suyos, aún en épocas de mayor abundancia en nuestra tierra. En otras palabras, la vida del "hombre problema" es inconcebible sin la jugosa pitanza burocrática.
Es preciso crear entre todos nuestros compatriotas una nueva conciencia de lo que son los cargos públicos. Debemos convenir todos en que a las altas posiciones del Estado se va a servirle a la República y no a resolver cada uno sus problemas económicos. Mientras esto no suceda, seguirá el hombre problema sangrando a la Patria indefinidamente.
El "hombre problema" y los hijos del hombre problema que se preparan para seguir la misma trayectoria del padre, son el producto más fehaciente del favoritismo, que a su vez, representa en el panorama nacional una fuerza invencible, como dijimos hace pocos días desde estas mismas columnas".