El honor de renunciar
La conjugación del verbo en primera persona del singular, -yo renuncio-, es desconocida por los burócratas políticos del patio. Por más dudas que se guarden por su desempeño, por más denuncias que se presenten en su contra, por más abierta que sea la desaprobación de la comunidad y sus superiores, así sea la Presidenta de la Nación, nadie renuncia, y muy por el contrario, se aferran como garrapatas al cargo que ostentan.
Un buen ejemplo en sentido contrario, acaba de darlo un prestigioso jurista francés, que ocupaba el cargo de ministro de Economía y Finanzas, Dominique Strauss-Kahn, quien hasta el momento de su dimisión, era el más prestigioso político de su país, a quien se le mencionaba como candidato a alcalde de París, antesala de la jefatura de gobierno, y seguro sucesor del primer ministro de la nación, el socialista Lionel Jospin.
La hasta ahora fulgurante e inobjetable carrera política de Strauss-Kahn se vio repentinamente sacudida por un escándalo, tras revelar dos jueces parisienses que el ministro estaba siendo investigado por haber recibido un honorario profesional de $90 mil dólares por una asesoría legal que nunca prestó, en perjuicio de una empresa administradora de fondos estudiantiles.
Tan pronto se hizo público el escándalo a través de los medios noticiosos, Strauss-Kahn, que se encontraba desempeñando una misión oficial en Vietnam, retornó enseguida a su país a asumir su defensa junto a su abogado.
Uno de sus primeros actos al retornar a su país, fue presentar su renuncia, "para no afectar a todo el gobierno", al tiempo que pidió a la justicia "ser escuchado en su defensa", lo más pronto posible. Añadió en parte el ministro dimitente: "He tomado esta decisión porque considero que la moral y el sentido de responsabilidad así lo exigen. Para mí no es conveniente que un ministro pueda continuar ejerciendo su misión cuando existe una sospecha en su contra que da lugar a un procedimiento judicial que podría afectar a todo el gobierno". Y agregó: "Si renuncio, - y lo digo enérgicamente -, no se debe en manera alguna a que me sienta culpable".
Su abogado está seguro de poder demostrar que nada irregular hubo en el cobro de los honorarios objeto de la denuncia, pero respeta la decisión de su cliente de dimitir pese a tener a su favor la presunción de inocencia.
Elevado sentido de responsabilidad, desprendimiento, honra, dignidad y visión de Patria, se entremezclan en la encomiable determinación del ministro que, sin sentirse culpable, sabe que mientras no se diluciden totalmente los cargos en su contra, debe apartarse del poder, para no dañar a su gobierno, a su país y a sus instituciones.
Un buen ejemplo en sentido contrario, acaba de darlo un prestigioso jurista francés, que ocupaba el cargo de ministro de Economía y Finanzas, Dominique Strauss-Kahn, quien hasta el momento de su dimisión, era el más prestigioso político de su país, a quien se le mencionaba como candidato a alcalde de París, antesala de la jefatura de gobierno, y seguro sucesor del primer ministro de la nación, el socialista Lionel Jospin.
La hasta ahora fulgurante e inobjetable carrera política de Strauss-Kahn se vio repentinamente sacudida por un escándalo, tras revelar dos jueces parisienses que el ministro estaba siendo investigado por haber recibido un honorario profesional de $90 mil dólares por una asesoría legal que nunca prestó, en perjuicio de una empresa administradora de fondos estudiantiles.
Tan pronto se hizo público el escándalo a través de los medios noticiosos, Strauss-Kahn, que se encontraba desempeñando una misión oficial en Vietnam, retornó enseguida a su país a asumir su defensa junto a su abogado.
Uno de sus primeros actos al retornar a su país, fue presentar su renuncia, "para no afectar a todo el gobierno", al tiempo que pidió a la justicia "ser escuchado en su defensa", lo más pronto posible. Añadió en parte el ministro dimitente: "He tomado esta decisión porque considero que la moral y el sentido de responsabilidad así lo exigen. Para mí no es conveniente que un ministro pueda continuar ejerciendo su misión cuando existe una sospecha en su contra que da lugar a un procedimiento judicial que podría afectar a todo el gobierno". Y agregó: "Si renuncio, - y lo digo enérgicamente -, no se debe en manera alguna a que me sienta culpable".
Su abogado está seguro de poder demostrar que nada irregular hubo en el cobro de los honorarios objeto de la denuncia, pero respeta la decisión de su cliente de dimitir pese a tener a su favor la presunción de inocencia.
Elevado sentido de responsabilidad, desprendimiento, honra, dignidad y visión de Patria, se entremezclan en la encomiable determinación del ministro que, sin sentirse culpable, sabe que mientras no se diluciden totalmente los cargos en su contra, debe apartarse del poder, para no dañar a su gobierno, a su país y a sus instituciones.