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El huracán colombiano


La violencia colombiana tiene muchas cabezas y expresa la profunda crisis que vive el hermano país. Según Tomás Eloy Martínez "se ha desatado una guerra de todos contra todos: parapoliciales, narcotraficantes, guerrilleros y tropas del ejército regular. Al compás de esas rencillas fatales, más de un millón de colombianos viven ahora en éxodo perpetuo, huyendo de un bando o de otro con su cortejo de mutilados, huérfanos y viudas". Panamá comparte su frontera sur con esa realidad y parece no estar exenta de las repercusiones que esto puede traer para nuestro pequeño istmo.
La situación parece irse complicando por el hecho de que la guerrilla de las FARC (según analiza la revista colombiana Cambio) creen que han perdido control sobre partes importantes de las costas del Atlántico y Pacífico, producto de la presencia activa de los grupos paramilitares.
Puertos importantes, entre ellos, el Atlántico, Magdalena, Córdoba y la región de Urabá que antes estuvieron bajo el predominio guerrillero hoy son áreas controladas por las autodefensas (paramilitares) de Carlos Castaño. "La entrada de armas desde Centroamérica y las fáciles incursiones a Panamá se redujeron significativamente. Mientras los paramilitares consolidaron su poder en el norte del país, la guerrilla tuvo que recurrir a las fronteras terrestres y fluviales con Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil para abastecerse de armas y para realizar operaciones internacionales". (Cambio).
Por ello las FARC plantearon un plan de recuperación de costas, pues a pesar de poseer un área de más de cuarenta mil kilómetros desmilitarizados producto del proceso de paz les preocupa la poca seguridad de esa zona y necesitan afirmar bastiones ligados a salidas al mar.
Si esto es así, la frontera de Panamá con Colombia se encuentra muy cerca del vértice del huracán pues está próxima a un activo teatro de guerra. Guerrilleros, paramilitares, ejército (y por qué no, el narcotráfico) se disputan sitios claves para sus respectivas estrategias y proyectos. No creo que en los planes de ninguno de ellos se encuentre la "conquista de Panamá", sino que ven a nuestro territorio como un espacio de refugio para unos, pero que atrae como imán la represalia o acciones de castigo de otros, pagando nosotros el precio que esto conlleva en materia de violación de los derechos humanos de la población que allí reside.
En este marco es fácil comprender que la situación puede ser utilizada para explotar como debilidad que un país desmilitarizado como Panamá no puede existir junto a la violencia colombiana.
A fin de siglo cuando el país se está desembarazando de cuarteles (FFDD) y de bases (Comando Sur), la frontera sur puede revivir gracias al temor que esto provoca, a ejércitos propios o extraños que comprometerían la democracia y la soberanía nacional.
Tenemos que tomar las cosas con serenidad y propiciar los esfuerzos en tres direcciones:
Una fórmula política diplomática con Colombia que abone a la solución o mitigación de la situación fronteriza.
Una estrategia de desarrollo integral hacia la frontera sur que involucrando a las comunidades y respetando su identidad, permita superar la situación de pobreza y marginación social de esas áreas.
Fortalecimiento de la vigilancia fronteriza en el marco de las dos acciones anteriores.
El camino no es fácil, pero hay que andarlo.

101 años de Panamá América

 
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