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El IDAAN y el Corredor Sur


El IDAAN provee los servicios de agua y alcantarillado vitales para la vida y la salud de nuestra población capitalina. Tres aspectos dominan su actual y futuro campo de acción:
Primero: Las urbanizaciones y centros comerciales construidos con capital privado.
Segundo: Las barriadas surgidas inicialmente del precarismo y a las que el gobierno ha tenido que suplir de estos servicios sobre la marcha.
Tercero: La contaminación de la bahía.
Las urbanizaciones, con sus edificios y viviendas, y los pujantes centros comerciales que surgen ahora como hongos, deben presentar previamente para su aprobación los planos detallados con diseño de todas las líneas de servicios; en particular, los de agua y alcantarillado. Al IDAAN corresponde proveer las tuberías madres de aducción y las colectoras sanitarias de aguas servidas.
El problema mayor proviene de las barriadas de precaristas a las que el gobierno se ha visto en la necesidad de extender posteriormente los ramales de los servicios mencionados, que envuelven nuevas inversiones de capital. En muchas de estas barriadas se han instalado conexiones de agua sin rígidos ajustes a normas técnicas. Gran parte de ellas poseen sanitarios de hueco o letrinas. Pocas son las que cuentan con un mejor sistema de tanques sépticos, con cámaras percoladoras y sumideros. Ello debido a la exigüidad de los terrenos y de los medios económicos de sus moradores. Son frecuentes los casos de infiltraciones de los efluentes de las letrinas y sumideros a las líneas de agua potable, con graves riesgos para la salud o su mezcla con cunetas pluviales. Esta contaminación se traslada finalmente a la bahía por las quebradas y ríos, en forma cruda.
En cuanto a las aguas servidas de los hospitales y sectores industriales, deben o deberían ser neutralizadas y aseptizadas con su propio capital privado.
Visto el problema a grandes pinceladas, resulta mítico que se requieran quinientos millones de dólares para resolver las deficiencias del IDAAN. El aludido déficit de veinte milllones de cobranzas parece deberse, más que todo, al consumo de las entidades públicas que postergan sus cancelaciones o bien ignoran totalmente sus pagos al IDAAN. Tampoco esto justifica las cifras primeras, ni las privatizaciones.
Respecto a la contaminación de la bahía, he presentado unas soluciones parciales, aprovechando las propias fuerzas de la naturaleza, con alguna ayudita final como el bombeo en el litoral hasta tanques colectores, donde podría impartírsele cloro para aniquilar los gérmenes patógenos y luego su traslado por gravedad a más de un kilómetro mar afuera. He aprovechado estas incidencias para habilitar algunas playas de la bahía, tales como la de Coco del Mar a Panamá Viejo, eliminando la lama y reemplazándola por arena limpia. He propuesto despoblar las barriadas que asfixian a Panamá Viejo y rellenar con un Parque Ecológico sostenible tal como existía en los albores de la colonia. Sus costos serían resarcibles en corto tiempo. Sus frutos serían incalculables para la salud y la moral ciudadanas y el inigualable muestrario de su riqueza ecológica y arqueológica-histórica pondría a nuestro país a la cabeza de las naciones más prestigiosas y visitadas del Universo.
No hay que olvidar los proyectos conexos de canalizaciones de los principales ríos de la bahía, con la provisión de pequeños puertos pesqueros, astilleros para camaroneros, yates y veleros. El Corredor Sur debe pasar por encima de los camellones propuestos; es decir, rediseñarse para estas mandatorias intersecciones de plausibles obras. A menos que se piense clausurar eternamente la penetración al litoral de estas embarcaciones y prohibir nuevas playas descontaminadas para el público y el turismo, y de marinas terminales en los camellones.
Además, ¿de qué vale sacar unas decenas de metros afuera del Corredor, los afluentes de aguas negras entre el pedraplén permanente del tramo Paitilla-Atlapa si el agua inmediata exterior al mismo ya viene contaminada y tenderá a estancarse y sedimentarse en la quieta laguna-fosa creada en su interior, aumentando cada vez más su contaminación?
El efecto oxigenante del rompimiento de las briosas olas en las playas se perderá. ¿Acaso los escapes gaseosos de los miles de ensordecedores autos y camiones circulando a toda velocidad limpiarán o aromatizarán los efluvios de la laguna que el viento llevará a las residencias costeras?


101 años de Panamá América

 
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