El idioma español, popular en Europa
Uno de los aspectos irónicos de las tan pregonizadas cumbres bilaterales entre Berlín y París es una encuesta realizada mientras la prensa mundial enfilaba sus miradas en las rimbombantes declaraciones de los planes de integración de los dos gobiernos, lo que demuestra que a nivel de los pueblos ocurría otra realidad: El español comienza a surgir como uno de los idiomas más populares de Europa, por encima, inclusive, del francés y del inglés. La creación de una secretaría general de cooperación franco-alemana en ambos gobiernos, adscrita al primer ministro y a la cancillería, es la novedad más tangible de la recobrada unidad de acción a ambos lados del Rin. Con todo esto, ni el idioma francés es más popular que el turco o el inglés en las calles de Berlín ni el alemán es bien visto en París o Niza.
"Chirac viene a Berlín, pero su idioma ya no está de moda," proclama la primera plana del matutino Tagespiegel, desatendiendo así las sensibilidades del Quai d"Orsay, la tradicional sede de la cancillería francesa, y desafiando las grandes expectativas del canciller alemán Gerhard Schroeder para acelerar sus relaciones con el Presidente de Francia, Jacques Chirac y tratar de contrarrestar así a las pretensiones hegemónicas de Washington.
Casi como si fuera en desafío de los ambiciosos planes de Schroeder y Chirac armonizar sus políticas y sus leyes hasta el punto de abrir la vía a una futura doble nacionalidad, el periódico publicó los resultados de una encuesta en 60 colegios secundarios superiores para descubrir que es el español, y ya no el francés, el que predomina en las clases de idiomas. Para los alemanes, que gustan fugarse del invierno y buscar el sol en Tenerife, las playas de Cuba y otros destinos en el Caribe que diferentes líneas aéreas ofrecen con "charters" de tarifas reducidas entre $399 a $599, a veces con tres días de hotel incluidos. "El español se ha convertido en un serio reto," reconoce Thomas John, el portavoz del senador Klaus Boeger, presidente de la Comisión de Educación de la Cámara Alta, quien organizó un programa de difusión del francés para los colegios secundarios, con juegos, videos y libros organizados por "France Mobil", un organismo de difusión cultural promovido por el gobierno francés.
"Ha quedado muy clara la victoriosa entrada del español," apunta el Tagespiegel al citar a Matthias Ruiz Holst, que dirige los programas en español del municipio de Pankow, uno de los más poblados de Berlín. "Lo grave," añade, "es que muchos creen, equivocadamente, que el español es fácil".
Creo que don Matthías se equivoca. Hablo cinco idiomas y para mí el español, quizás, el menos difícil. Estoy convencido de que si no hubiera aprendido el alemán de niño jamás lo hablaría y mucho menos podría leerlo. Recuerdo con qué facilidad pude aprender español e inglés en Buenos Aires después de que mis padres emigraron a Argentina y me colocaron en un colegio inglés de pupilos, el Buenos Aires English High School. Jamás tuve los problemas de gramática y ortografía que sufrí en la Selke Schule de Koenigsberg donde cursé mis primeros años de primaria antes de que me expulsaran en 1936, no por analfabeto sino por mis orígenes judíos.
Ese colegio enseñó el inglés tipo Oxford y Cambridge tan bien que a los 16 años pude entrar en la United Press. Allí me enseñaron a escribir artículos en inglés que eran enviados a Nueva York donde eran difundidos al resto del mundo y en español para el centenar y medio de periódicos latinoamericanos que en 1945 eran clientes de esa agencia noticiosa. Aunque la labor de esas agencias se inclina a la política y la economía, la United Press me permitió comenzar a escribir notas sobre música, que fue mi pasión, debido en parte a que mi madre fue egresada en canto del Conservatorio d e Leipzig en Alemania, pero también porque en Buenos Aires viví apenas dos cuadras del Teatro Colón, uno de los grandes teatros líricos del mundo. Por eso me acuerdo como ayer que el primer artículo que escribí sobre música para la UP fue en 1945 después de asistir todos los ensayos y las funciones de un festival de todas las sinfonías y conciertos para piano de Beethoven en el Gran Cine Rex con el director ruso-americano Jascha Horenstein y el pianista chileno-alemán, Claudio Arrau.
La popularidad del español en Estados Unidos ya ni se menciona. No sólo es la lengua franca de los millares de cubanos, colombianos y argentinos que se consideran el "puente" entre Latinoamérica y el norte anglófono, sino que hasta los funcionarios federales de la aduana y la inmigración saludan a los recién llegados en un inglés con un simpático acento español de Caribe. En mi experiencia, con una esposa texana de Dallas e hija nacida en México, tengo la sensación de que el presidente George W. Bush, al igual que su padre, es uno de los pocos texanos que no dominan el español y que las tentativas que hacen con el lenguaje del Don Quijote son destinados a un apoteósico fracaso por su mal acento. Otra cosa es Bill Richardson, el gobernador de Nuevo México, que es completamente bilingüe. Pero como es Demócrata, en vez de invitarlo a que dialogue con Vicente Fox de México, Portillo de Guatemala o Gutiérrez del Ecuador, ¡la Casa Blanca le pide que hable con los coreanos del Norte!
6- Anotemos otro aspecto de la misma cuestión. El propósito y fin de la educación universitaria no radica, unilateralmente, en obtener pericia en una determinada profesión, para conseguir un buen empleo; o escalar cierto grado en la escala social; o tener título que, delante de nuestro nombre, nos confiera prestigio y respeto.
La educación básica y esencial que debe impartir la institución universitaria, para impedir se la convierta en un frío taller de autómatas, concierne a todo trabajo y toda profesión. Suceda lo que suceda el futuro universitario sabrá enfrentarse a cualquier situación que le plantee la existencia con una actitud comprensiva, racional y humana. Esto último es el motivo por el que alienta la Universidad. Por lo expresado hasta ahora, en la Universidad es necesario distinguir la capacitación profesional y la formación humanística. Con la capacitación profesional seremos útiles y obtendremos los debidos medios económicos para subsistir y disfrutar materialmente de nuestro efímero tránsito por el mundo. Con la formación personal nos conoceremos a nosotros mismos; liberaremos la mente humana de fanatismos, dogmas y prejuicios; y lograremos dialogar y cambiar ideas con los demás seres humanos, en la búsqueda de la verdad, del bien y de la belleza.
7- Debemos comprender que la educación es una necesidad indemorable en nuestra República: tenemos la fundamental urgencia, como nación, de una ciudadanía debidamente educada.
El éxito democrático depende, en buena parte, del conocimiento y de la sabiduría de los ciudadanos.
Y sabiduría es la capacidad del ser humano de escoger lo mejor; y ello se logra como producto de una auténtica formación humanística; una mente liberada, disciplinada y bien informada.
El propósito de la educación general es, precisamente, unir la instrucción recibida en la escuela primaria y el nivel secundario con la profesionalización universitaria.
Se prepara el joven para que pueda enfrentarse a los problemas personales y sociales que plantea toda democracia.
Formar, a través de la educación general, al futuro ciudadano de la nación democrática.
8- Docentes y educandos debemos de cuidarnos del adoctrinamiento.
El sentido actual, y en él utilizamos el vocablo mencionado, significa infundir con ahínco en el ánimo del individuo una idea, un concepto o una determinada doctrina. Se trata, pura y sencillamente, de persuadir para que nuestro interlocutor consienta en algo que a uno le interesa individualmente. Por ello la crítica racional al adoctrinamiento, que lleva al fanatismo e impide el libre examen y la propia opinión.
Educar no es infundir o convencer para lograr la aceptación de determinadas ideas o creencias.
Educar es liberar la mente para que ella se decida, libremente, entre las distintas ideas y creencias. Enseñar al estudiante el camino al razonamiento y del pensamiento libre; que tenga, como afirma Descartes, una opinión propia. Se trata de que el estudiante -además de esa capacidad razonadora acabada de señalar- esté preparado, emocionalmente, para apreciar y disfrutar los resultados de la actividad creadora en la ciencia y en las artes. Tener ideas, conceptos y principios con los cuales pueda hacer inteligible, dentro de los humanos límites, el análisis y comprensión de nuestra realidad. No se trata de un sofístico manipular de palabras sino de la disciplina mental y emotiva que muestre, claramente, la relación de las palabras, del lenguaje, con las ideas, las cosas y las personas.
9- Por muy suntuosos y esplendorosos, los edificios, no constituyen lo esencial de la Universidad. En los primeros lugares donde se destiló la sabiduría; esa sabiduría de la que ha bebido toda la humanidad, no necesitaron de grandes edificaciones. Fue bajo los árboles, un jardín, una esquina cualquiera, fue el rincón de un mercado donde encontramos a Sócrates, unión maravillosa de una mente altamente especulativa con un amor apasionado por la verdad -indicándonos los caminos de esa sabiduría. Es deseable y en extremo conveniente que la Universidad tenga buenos edificios pero, ellos solos, no hacen la Universidad.
10- Un título universitario, en sí, no significa gran cosa. Puede o no ser la credencial de que su portador está educado. Desdichadamente, a veces, puede tener el aval de una patente de corso. El verdadero valor de un título universitario no está en el diploma reluciente, sino en la sapiencia y calidad humana del que lo recibe. El prestigio de la Universidad reside y está comprometido por su capacidad para producir mentes especulativas, disciplinadas e inquiridoras; y el lograr la formación de espíritus nobles y de humana excelencia.
11- Reiteramos. Tenemos el deber y el derecho, en tanto personas, de ser conscientes de nuestro ser individual y del puesto que nos corresponde en el mundo y en la historia. El hombre educado se conoce a sí mismo, conoce su espacio y conoce su entorno. El hombre educado conoce los principios del arte y la literatura; de la ética, de la política y de la ley; de la filosofía y de la religión; tiene las debidas nociones científicas del mundo que lo rodea. Posee una capacidad disciplinada que lo ayuda a distinguir lo bueno de lo malo; lo feo de lo bello; lo trivial de lo importante. Sus gustos se han afinado y tiene el hábito y la capacidad de pensar de manera ética y lógica. Para esto se entra en la Universidad: para ser un hombre en el sentido auténtico, moral y esencial de la palabra.
"Chirac viene a Berlín, pero su idioma ya no está de moda," proclama la primera plana del matutino Tagespiegel, desatendiendo así las sensibilidades del Quai d"Orsay, la tradicional sede de la cancillería francesa, y desafiando las grandes expectativas del canciller alemán Gerhard Schroeder para acelerar sus relaciones con el Presidente de Francia, Jacques Chirac y tratar de contrarrestar así a las pretensiones hegemónicas de Washington.
Casi como si fuera en desafío de los ambiciosos planes de Schroeder y Chirac armonizar sus políticas y sus leyes hasta el punto de abrir la vía a una futura doble nacionalidad, el periódico publicó los resultados de una encuesta en 60 colegios secundarios superiores para descubrir que es el español, y ya no el francés, el que predomina en las clases de idiomas. Para los alemanes, que gustan fugarse del invierno y buscar el sol en Tenerife, las playas de Cuba y otros destinos en el Caribe que diferentes líneas aéreas ofrecen con "charters" de tarifas reducidas entre $399 a $599, a veces con tres días de hotel incluidos. "El español se ha convertido en un serio reto," reconoce Thomas John, el portavoz del senador Klaus Boeger, presidente de la Comisión de Educación de la Cámara Alta, quien organizó un programa de difusión del francés para los colegios secundarios, con juegos, videos y libros organizados por "France Mobil", un organismo de difusión cultural promovido por el gobierno francés.
"Ha quedado muy clara la victoriosa entrada del español," apunta el Tagespiegel al citar a Matthias Ruiz Holst, que dirige los programas en español del municipio de Pankow, uno de los más poblados de Berlín. "Lo grave," añade, "es que muchos creen, equivocadamente, que el español es fácil".
Creo que don Matthías se equivoca. Hablo cinco idiomas y para mí el español, quizás, el menos difícil. Estoy convencido de que si no hubiera aprendido el alemán de niño jamás lo hablaría y mucho menos podría leerlo. Recuerdo con qué facilidad pude aprender español e inglés en Buenos Aires después de que mis padres emigraron a Argentina y me colocaron en un colegio inglés de pupilos, el Buenos Aires English High School. Jamás tuve los problemas de gramática y ortografía que sufrí en la Selke Schule de Koenigsberg donde cursé mis primeros años de primaria antes de que me expulsaran en 1936, no por analfabeto sino por mis orígenes judíos.
Ese colegio enseñó el inglés tipo Oxford y Cambridge tan bien que a los 16 años pude entrar en la United Press. Allí me enseñaron a escribir artículos en inglés que eran enviados a Nueva York donde eran difundidos al resto del mundo y en español para el centenar y medio de periódicos latinoamericanos que en 1945 eran clientes de esa agencia noticiosa. Aunque la labor de esas agencias se inclina a la política y la economía, la United Press me permitió comenzar a escribir notas sobre música, que fue mi pasión, debido en parte a que mi madre fue egresada en canto del Conservatorio d e Leipzig en Alemania, pero también porque en Buenos Aires viví apenas dos cuadras del Teatro Colón, uno de los grandes teatros líricos del mundo. Por eso me acuerdo como ayer que el primer artículo que escribí sobre música para la UP fue en 1945 después de asistir todos los ensayos y las funciones de un festival de todas las sinfonías y conciertos para piano de Beethoven en el Gran Cine Rex con el director ruso-americano Jascha Horenstein y el pianista chileno-alemán, Claudio Arrau.
La popularidad del español en Estados Unidos ya ni se menciona. No sólo es la lengua franca de los millares de cubanos, colombianos y argentinos que se consideran el "puente" entre Latinoamérica y el norte anglófono, sino que hasta los funcionarios federales de la aduana y la inmigración saludan a los recién llegados en un inglés con un simpático acento español de Caribe. En mi experiencia, con una esposa texana de Dallas e hija nacida en México, tengo la sensación de que el presidente George W. Bush, al igual que su padre, es uno de los pocos texanos que no dominan el español y que las tentativas que hacen con el lenguaje del Don Quijote son destinados a un apoteósico fracaso por su mal acento. Otra cosa es Bill Richardson, el gobernador de Nuevo México, que es completamente bilingüe. Pero como es Demócrata, en vez de invitarlo a que dialogue con Vicente Fox de México, Portillo de Guatemala o Gutiérrez del Ecuador, ¡la Casa Blanca le pide que hable con los coreanos del Norte!
6- Anotemos otro aspecto de la misma cuestión. El propósito y fin de la educación universitaria no radica, unilateralmente, en obtener pericia en una determinada profesión, para conseguir un buen empleo; o escalar cierto grado en la escala social; o tener título que, delante de nuestro nombre, nos confiera prestigio y respeto.
La educación básica y esencial que debe impartir la institución universitaria, para impedir se la convierta en un frío taller de autómatas, concierne a todo trabajo y toda profesión. Suceda lo que suceda el futuro universitario sabrá enfrentarse a cualquier situación que le plantee la existencia con una actitud comprensiva, racional y humana. Esto último es el motivo por el que alienta la Universidad. Por lo expresado hasta ahora, en la Universidad es necesario distinguir la capacitación profesional y la formación humanística. Con la capacitación profesional seremos útiles y obtendremos los debidos medios económicos para subsistir y disfrutar materialmente de nuestro efímero tránsito por el mundo. Con la formación personal nos conoceremos a nosotros mismos; liberaremos la mente humana de fanatismos, dogmas y prejuicios; y lograremos dialogar y cambiar ideas con los demás seres humanos, en la búsqueda de la verdad, del bien y de la belleza.
7- Debemos comprender que la educación es una necesidad indemorable en nuestra República: tenemos la fundamental urgencia, como nación, de una ciudadanía debidamente educada.
El éxito democrático depende, en buena parte, del conocimiento y de la sabiduría de los ciudadanos.
Y sabiduría es la capacidad del ser humano de escoger lo mejor; y ello se logra como producto de una auténtica formación humanística; una mente liberada, disciplinada y bien informada.
El propósito de la educación general es, precisamente, unir la instrucción recibida en la escuela primaria y el nivel secundario con la profesionalización universitaria.
Se prepara el joven para que pueda enfrentarse a los problemas personales y sociales que plantea toda democracia.
Formar, a través de la educación general, al futuro ciudadano de la nación democrática.
8- Docentes y educandos debemos de cuidarnos del adoctrinamiento.
El sentido actual, y en él utilizamos el vocablo mencionado, significa infundir con ahínco en el ánimo del individuo una idea, un concepto o una determinada doctrina. Se trata, pura y sencillamente, de persuadir para que nuestro interlocutor consienta en algo que a uno le interesa individualmente. Por ello la crítica racional al adoctrinamiento, que lleva al fanatismo e impide el libre examen y la propia opinión.
Educar no es infundir o convencer para lograr la aceptación de determinadas ideas o creencias.
Educar es liberar la mente para que ella se decida, libremente, entre las distintas ideas y creencias. Enseñar al estudiante el camino al razonamiento y del pensamiento libre; que tenga, como afirma Descartes, una opinión propia. Se trata de que el estudiante -además de esa capacidad razonadora acabada de señalar- esté preparado, emocionalmente, para apreciar y disfrutar los resultados de la actividad creadora en la ciencia y en las artes. Tener ideas, conceptos y principios con los cuales pueda hacer inteligible, dentro de los humanos límites, el análisis y comprensión de nuestra realidad. No se trata de un sofístico manipular de palabras sino de la disciplina mental y emotiva que muestre, claramente, la relación de las palabras, del lenguaje, con las ideas, las cosas y las personas.
9- Por muy suntuosos y esplendorosos, los edificios, no constituyen lo esencial de la Universidad. En los primeros lugares donde se destiló la sabiduría; esa sabiduría de la que ha bebido toda la humanidad, no necesitaron de grandes edificaciones. Fue bajo los árboles, un jardín, una esquina cualquiera, fue el rincón de un mercado donde encontramos a Sócrates, unión maravillosa de una mente altamente especulativa con un amor apasionado por la verdad -indicándonos los caminos de esa sabiduría. Es deseable y en extremo conveniente que la Universidad tenga buenos edificios pero, ellos solos, no hacen la Universidad.
10- Un título universitario, en sí, no significa gran cosa. Puede o no ser la credencial de que su portador está educado. Desdichadamente, a veces, puede tener el aval de una patente de corso. El verdadero valor de un título universitario no está en el diploma reluciente, sino en la sapiencia y calidad humana del que lo recibe. El prestigio de la Universidad reside y está comprometido por su capacidad para producir mentes especulativas, disciplinadas e inquiridoras; y el lograr la formación de espíritus nobles y de humana excelencia.
11- Reiteramos. Tenemos el deber y el derecho, en tanto personas, de ser conscientes de nuestro ser individual y del puesto que nos corresponde en el mundo y en la historia. El hombre educado se conoce a sí mismo, conoce su espacio y conoce su entorno. El hombre educado conoce los principios del arte y la literatura; de la ética, de la política y de la ley; de la filosofía y de la religión; tiene las debidas nociones científicas del mundo que lo rodea. Posee una capacidad disciplinada que lo ayuda a distinguir lo bueno de lo malo; lo feo de lo bello; lo trivial de lo importante. Sus gustos se han afinado y tiene el hábito y la capacidad de pensar de manera ética y lógica. Para esto se entra en la Universidad: para ser un hombre en el sentido auténtico, moral y esencial de la palabra.