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El impacto de una tragedia


Toda tragedia deja una marca permanente en la vida de cualquier sujeto. De hecho, nosotros entendemos al inconsciente como la memoria de lo olvidado, sin embargo también cabe señalar que todo trauma es superable.
Acontecimientos como los ocurridos hace unas semanas atrás en el sector de Panamá este, me refiero a las inundaciones, son de hecho una tragedia individual y colectiva.
Para el sujeto el evento es intraducible, no hay palabras que permitan designar las experiencias vividas, el impacto retorna al sujeto a un estado de desamparo y vulnerabilidad, y a lo que realmente somos cuerpos, cuerpos frágiles, con una posibilidad de muerte, un ser-para-la-muerte.
No hay palabras para definir una suceso de tal magnitud: escena trágica, ver un hogar, un familiar, un ser querido perderse, desvanecerse frente a la incapacidad para hacer algo en ese instante
En efecto, de lo que se trata en una intervención en crisis, es no intentar tramitar con palabras lo imposible de decir en ese momento, sino ser una presencia para el sujeto, un apoyo, un soporte a la angustia experimentada.
En este sentido, las pérdidas materiales son secundarias, en relación a lo que gira en torno a ellas; es decir a su significación, pues no se trata de una casa, sino de un hogar; no se trata de un cuerpo, sino de un ser querido.
Los daños causados entran así dentro del orden de lo psíquico. En ese caso tendríamos que abordar el concepto de trauma psíquico.
Un trauma psíquico es un término que se utiliza para describir el efecto que produce, sobre una persona, un acontecimiento de la vida en extremo estresante.
Los desastres naturales como los ocurridos hace unas semanas, están tipificados dentro de los factores que podrían causar trauma psíquico infantil.
Los investigadores confirman que los individuos que experimentan acontecimientos extremos como desastres naturales, son propensos al desarrollo de un síndrome denominado: "trastorno por estrés postraumático".
Según los expertos, los niños son más propensos al desarrollo de este trastorno que los adultos.
La sintomatología abarca desde la re-experimentación del fenómeno a través de pesadillas, distanciamiento emocional, obnubilación psíquica, así como hiperexcitación; es decir, mayor irritabilidad, hipervigilia, dificultades para dormir, etc.
Algunos niños presentan conductas regresivas como enuresis (micción incontrolada), encopresis, así como malestares somáticos (dolores de cabeza, abdomen, etc).
Hacemos énfasis de que estas son reacciones posteriores al suceso, y requieren en tal caso de una atención especial para evitar un efecto más permanente y que desencadene en algún tipo de sicopatología.
La forma en cómo se maneje la experiencia traumática por el niño va a depender de cómo el adulto refleje ante el infante comportamientos, actitudes y creencias para enfrentar al crisis.
Por ejemplo, la falta de apoyo social por parte de los padres, la escasa comunicación, y la angustia que reflejen son factores que aumentan el riesgo de que el niño desarrolle un trauma.
Aunado a esto, la incapacidad para ejercer las funciones paternas causadas por la angustia, incrementarán dicho riesgo.
La comunicación es fundamental, y es más beneficioso (posterior al evento) hablar del fenómeno de forma abierta y franca, entre los familiares, que mantenerlo censurado.
Cualquiera de las sintomatologías antes descritas deben ser tomadas en cuenta, con el fin de abordar el problema a través de una intervención profesional.
Antes de conocerse los detalles del caso, llegó a hablarse hasta de la posibilidad de que Miguel Angel Watts había optado por el suicidio.

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