El Imperio contra-ataca
En la trilogía de "La guerra de las galaxias", me refiero a la de George Lucas y no a la de George W. Bush, y que tanto dio qué hablar -a principio de año- tras la insistencia de Estados Unidos para crear un escudo antinuclear que sirviera únicamente a los intereses de los norteamericanos.
En fin, en dichas películas se dejaban en claro varias cosas: al temido Darth Vader no se le podía ver fácilmente, los rebeldes que luchaban contra la tiranía galáctica estaban liderados por una princesa Leia, muy sosa para ganar ninguna batalla, por eso es un joven rebelde, Luke Skywalker, casi un bebé, quien logra -con una nave mercenaria- el éxito que todos esperaban. Auxiliado, eso sí, por un viejo y sabio guerrero. Hasta aquí todo el mundo entiende la cosa. Pero en los entretelones del asunto que conmueve desde hace semanas a la opinión pública mundial, Estados Unidos pretende ahora hacernos ver el drama promoviendo el tema al más puro estilo hollywoodense: con cantantes alzando sus coros de voces en televisión, estandarizando el producto (la guerra), y asegurándonos que Dios no es neutral y que la guerra que este domingo ha emprendido Bush hijo, "es la lucha del bien y el mal". Por su parte, bin Laden, que podría tratarse del Darth Vader de Lucas, haciendo lo mismo en Afganistán y anunciándonos que es la lucha de los fieles contra los infieles. Y la madeja de la guerra empieza a enredarse y ya nadie entiende nada.
Sigo: apariciones en televisión de los paquetes de actores, digo, presidentes o líderes mundiales, con los guionistas en la Casa Blanca lanzando el vídeo para vender al mundo -muy hábilmente- los derechos de los entuertos en que nos van asumir a todos. Y mientras esperamos "El regreso del Jedi", ideología neofascista disfrazada de misticismo y cristianismo, me pregunto: ¿Es lícito empeñarse en una guerra que no puede ser ganada? Lo mismo preguntan los especialistas en terrorismo internacional en medio del asombro en que se encuentran aún, tras el ataque del pasado martes 11 de septiembre perpetrado contra los cimientos mismos de las estructuras del poder económico y militar del país más poderoso del mundo. Pero la pregunta, por ahora, no tiene respuesta fácil.
Lo que sí han admitido casi todos los especialistas es que la validez de la pregunta no dependerá de su desenlace final. Todo lo contrario. Por ahora basta el efecto que produce entre las masas el uso de la violencia para que se justifique, para los terroristas, el empleo -a cualquier costo- del terrorismo, donde las palabras ética, justicia o humanidad desaparecen entre los convencionalismos que emplean los analistas cuando explican que a los terroristas les interesa justificar sus actos criminales como una arma "lícita" utilizadas contra aquellas personas o símbolos que justifican las injusticias que cometen sus gobiernos.
No obstante, para la sociedad americana, y el mundo en general, la oportunidad es de oro para reflexionar sobre los efectos en nuestras creencias a que nos obligan los gravísimos acontecimientos ocurridos en Nueva York y Washington. Y mientras se encuentran a los culpables, lo cual es un hecho difícilmente probable, no importa todas las dudas razonables que caigan contra Osama bin Laden, debemos redimir el imperio de la razón.
Por un lado las víctimas de los ataques, dirigidos por Estados Unidos, serán 100% musulmanes. Afganistán, del que no voy hablar, porque tiene tan solo un gobierno Talibán y mucha pobreza acumulada por guerras ganadas contra la poderosísima Unión Soviética, donde se empantanó igual que Estados Unidos en Vietnam, tiene nada menos que a Irán como vecino. Enemigo de Estados Unidos. Más allá está Irak, enemigo número uno de los Estados Unidos, ya que durante la Guerra del Golfo, la dejó unos 350 mil muertos y que, desde el bloqueo ha producido nada menos que 18 mil muertos más entre mujeres y niños por falta de medicinas y alimentos.
Pero Afganistán, rico por dentro -ricos yacimientos de carbón y petróleo nunca explotados por falta de carreteras- pero muy pobre por fuera, tiene a Uzbekistán como vecino norte. Uno de los supuestos aliados de la Coalición del Norte, el eufemismo militar que nadie entiende cómo se traduce. Bien, como les decía, esta ex República Socialista Soviética, donde se creó la primera Universidad Centroasiática, y donde figuran uzbekos musulmanes -que fue la segunda religión en la antigua Unión Soviética- galardonados con el Premio Lenin, hoy algunos de ellos son unos de los 7,000 presos políticos oficialmente reconocidos por el régimen, porque forman parte de los grupos disidentes en la perla de Oriente. Cualquier día estalla una guerra civil y no nos enteraremos. Por otro lado está Tadzhikistán, cumbres nevadas y majestuosas montañas y 60 siglos de historia dan la bienvenida a cualquier visitante. Turkmenia es frontera también y en su suelo conviven uzbecos, kazajos, kirguises, turmenos y tadshikos entre zonas feudales y riquísimas culturas que se alejaron todas del centralismo de los soviets rusos. En Pakistán la cosa está que arde. Y seguirá ardiendo. Para rematar Afganistán tiene frontera también con China.
Por lo tanto, hay un antes y un después del 11 de septiembre para la reflexión sobre el terrorismo internacional que supuestamente practica Afganistán. Por ahora me pregunto quién gobernará ese difícil país si cae el gobierno Talibán. No creo que nadie lo sepa.
Pero como los políticos practican mucho más la ficción que los cineastas o novelistas, me temo que los guionistas del Pentágono irán inventando villanos, veremos batallas entre buenos y malos, y surgirán los androides que nos harán estallar de risa cuando las lágrimas se nos acaben.
En fin, en dichas películas se dejaban en claro varias cosas: al temido Darth Vader no se le podía ver fácilmente, los rebeldes que luchaban contra la tiranía galáctica estaban liderados por una princesa Leia, muy sosa para ganar ninguna batalla, por eso es un joven rebelde, Luke Skywalker, casi un bebé, quien logra -con una nave mercenaria- el éxito que todos esperaban. Auxiliado, eso sí, por un viejo y sabio guerrero. Hasta aquí todo el mundo entiende la cosa. Pero en los entretelones del asunto que conmueve desde hace semanas a la opinión pública mundial, Estados Unidos pretende ahora hacernos ver el drama promoviendo el tema al más puro estilo hollywoodense: con cantantes alzando sus coros de voces en televisión, estandarizando el producto (la guerra), y asegurándonos que Dios no es neutral y que la guerra que este domingo ha emprendido Bush hijo, "es la lucha del bien y el mal". Por su parte, bin Laden, que podría tratarse del Darth Vader de Lucas, haciendo lo mismo en Afganistán y anunciándonos que es la lucha de los fieles contra los infieles. Y la madeja de la guerra empieza a enredarse y ya nadie entiende nada.
Sigo: apariciones en televisión de los paquetes de actores, digo, presidentes o líderes mundiales, con los guionistas en la Casa Blanca lanzando el vídeo para vender al mundo -muy hábilmente- los derechos de los entuertos en que nos van asumir a todos. Y mientras esperamos "El regreso del Jedi", ideología neofascista disfrazada de misticismo y cristianismo, me pregunto: ¿Es lícito empeñarse en una guerra que no puede ser ganada? Lo mismo preguntan los especialistas en terrorismo internacional en medio del asombro en que se encuentran aún, tras el ataque del pasado martes 11 de septiembre perpetrado contra los cimientos mismos de las estructuras del poder económico y militar del país más poderoso del mundo. Pero la pregunta, por ahora, no tiene respuesta fácil.
Lo que sí han admitido casi todos los especialistas es que la validez de la pregunta no dependerá de su desenlace final. Todo lo contrario. Por ahora basta el efecto que produce entre las masas el uso de la violencia para que se justifique, para los terroristas, el empleo -a cualquier costo- del terrorismo, donde las palabras ética, justicia o humanidad desaparecen entre los convencionalismos que emplean los analistas cuando explican que a los terroristas les interesa justificar sus actos criminales como una arma "lícita" utilizadas contra aquellas personas o símbolos que justifican las injusticias que cometen sus gobiernos.
No obstante, para la sociedad americana, y el mundo en general, la oportunidad es de oro para reflexionar sobre los efectos en nuestras creencias a que nos obligan los gravísimos acontecimientos ocurridos en Nueva York y Washington. Y mientras se encuentran a los culpables, lo cual es un hecho difícilmente probable, no importa todas las dudas razonables que caigan contra Osama bin Laden, debemos redimir el imperio de la razón.
Por un lado las víctimas de los ataques, dirigidos por Estados Unidos, serán 100% musulmanes. Afganistán, del que no voy hablar, porque tiene tan solo un gobierno Talibán y mucha pobreza acumulada por guerras ganadas contra la poderosísima Unión Soviética, donde se empantanó igual que Estados Unidos en Vietnam, tiene nada menos que a Irán como vecino. Enemigo de Estados Unidos. Más allá está Irak, enemigo número uno de los Estados Unidos, ya que durante la Guerra del Golfo, la dejó unos 350 mil muertos y que, desde el bloqueo ha producido nada menos que 18 mil muertos más entre mujeres y niños por falta de medicinas y alimentos.
Pero Afganistán, rico por dentro -ricos yacimientos de carbón y petróleo nunca explotados por falta de carreteras- pero muy pobre por fuera, tiene a Uzbekistán como vecino norte. Uno de los supuestos aliados de la Coalición del Norte, el eufemismo militar que nadie entiende cómo se traduce. Bien, como les decía, esta ex República Socialista Soviética, donde se creó la primera Universidad Centroasiática, y donde figuran uzbekos musulmanes -que fue la segunda religión en la antigua Unión Soviética- galardonados con el Premio Lenin, hoy algunos de ellos son unos de los 7,000 presos políticos oficialmente reconocidos por el régimen, porque forman parte de los grupos disidentes en la perla de Oriente. Cualquier día estalla una guerra civil y no nos enteraremos. Por otro lado está Tadzhikistán, cumbres nevadas y majestuosas montañas y 60 siglos de historia dan la bienvenida a cualquier visitante. Turkmenia es frontera también y en su suelo conviven uzbecos, kazajos, kirguises, turmenos y tadshikos entre zonas feudales y riquísimas culturas que se alejaron todas del centralismo de los soviets rusos. En Pakistán la cosa está que arde. Y seguirá ardiendo. Para rematar Afganistán tiene frontera también con China.
Por lo tanto, hay un antes y un después del 11 de septiembre para la reflexión sobre el terrorismo internacional que supuestamente practica Afganistán. Por ahora me pregunto quién gobernará ese difícil país si cae el gobierno Talibán. No creo que nadie lo sepa.
Pero como los políticos practican mucho más la ficción que los cineastas o novelistas, me temo que los guionistas del Pentágono irán inventando villanos, veremos batallas entre buenos y malos, y surgirán los androides que nos harán estallar de risa cuando las lágrimas se nos acaben.