El inalcanzable costo de vida
Entre los fenómenos económicos que más han afectado a la población se encuentra, sin dudas, el problema del creciente costo de vida. Este se vincula con un episodio inflacionario cuyo origen puede establecerse alrededor de agosto de 2006, el que ha llevado a que desde ese momento hasta agosto del presente año el índice de precios al consumidor urbano, de acuerdo a cifras oficiales, muestre un crecimiento del 17%.
Teniendo en cuenta la llamada ley de Engel, que toma su nombre del economista alemán Christian Lorenz Ernst Engel (1821-96), quien postula que "cuanto más bajo es el ingreso familiar, más alta es la proporción de ese ingreso gastada en víveres o alimentos”, se concluye que el impacto inflacionario reciente viene afectado principalmente a los estratos menos favorecidos de la sociedad. Esto se demuestra al observase que el incremento del índice de precios del grupo de los alimentos y bebidas fue de alrededor del 31% durante el período que va de agosto del 2006 a agosto del presente año. Se trata, vale la pena agregar, de un fenómeno persistente, dado que, aún cuando el del petróleo ya no muestra el muy alto precio que alcanzaron el año pasado, la tasa anual de crecimiento de los precios alimenticios sigue manteniéndose en Panamá a un nivel equivalente al 4%.
Esta persistente inflación de los precios de los alimentos en nuestro país contrasta con la situación internacional, hecho que se evidencia si se tiene en mente que, según la FAO, el índice de precio de los alimentos a nivel internacional mostró entre agosto de 2008 y agosto del presente año una caída de más de 22%. Se trata de una situación que se refleja en una reducción en el precio al que importan los mayoristas panameños. Esto se hace claro cuando se aprecia que en el último año el índice de precios al por mayor de los productos agrícolas importados se redujo en 30%, a lo que se debe agregar que el de los alimentos bebidas y tabaco procesados industrialmente cayó, en el mismo período, en cerca del 3%. Nos encontramos, entonces, frente a un capital comercial oligopolista que ha venido enriqueciéndose a costa de las tribulaciones de la población. Es un grupo que, además, ha venido abusando del productor agropecuario nacional, lo que se hace patente cuando se tiene en cuenta que los precios agrícolas locales al por mayor cayeron en 2% el último año.
Esto apunta hacia la necesidad de una transformación institucional que sancione duramente las prácticas oligopólicas e imponga una estricta regulación de los precios y de los márgenes de beneficios en el nivel de la comercialización de los alimentos. Si bien estas son medidas poco probables en un ambiente en que la política está dominada por el sector comercial, su urgencia llama la atención sobre la importancia de la organización independiente de la población para defender sus propios intereses.