El inglés en la palestra pública
Luego de hacerse público el Proyecto de Ley No. 141, por medio del cual se establece el uso del idioma inglés como idioma comercial de la República de Panamá, con el fin expreso de modernizar el ahora deficiente mercado, facilitar el comercio, las inversiones extranjeras, y además estimular su enseñanza y aprendizaje, han salido varias personas y grupos políticos y empresariales condenando de antemano al fracaso la iniciativa, tildándola de improcedente sin que medie, hasta el momento, un estudio reflexivo con contenido científico que nos oriente e indique, con sentido de realidad, si conviene o no a los intereses de la nación.
Hay que sopesar con serenidad las repercusiones favorables o desfavorables que tal decisión pudiera tener en estos momentos, donde la situación de extrema pobreza y desempleo agobia a vastos sectores de nuestra población y además tener presente el hecho de que nuestra juventud está desesperada por una nueva esperanza y oportunidad.
El proyecto de ley en mención ha desatado una especie de histeria, como todo que denota cambio en este país, dentro de algunos grupos de interés especial. Da la impresión que la preocupación de los traductores e intérpretes nacionales no es por el avance y bienestar del país, sino por sus propios intereses que piensan que pueden ser afectados.
El inglés es, hoy en día, el idioma comercial en el mundo y es utilizado por todas las potencias industrializadas occidentales en sus transacciones comerciales. Hace varios años, el Departamento de Estado estadounidense adoptó como política estatal que todos los diplomáticos y cónsules tenían la obligación de conocer y poder hablar el idioma del país anfitrión donde son enviados, para así no tener que depender del servicio de traductores e intérpretes en sus relaciones políticas y comerciales para beneficio de todos.
Es necesario que los panameños enfrenten los cambios que demanda la nueva era con confianza. Estamos viviendo procesos de modernización donde rápidamente se desarrollan nuevos estilos de vida, nuevas tácticas e ideas. Se ha revolucionado nuestros sistemas de comunicación, de educación, de producción y mercadeo, que está trayendo como consecuencia, nuevas alternativas y oportunidades.
Es un hecho que cambios en esos sistemas producen ajustes que algunos resisten y otros le dan la bienvenida. Pero lograr cambios radicales en nuestras prioridades socioeconómicas en estos momentos de globalización y apertura de mercados debe ser nuestra intención y filosofía básica.
En este mundo moderno y globalizado, lo que ayer era apropiado, hoy puede perder vigencia. Tenemos que estar dispuestos al cambio sin aferrarnos a viejos esquemas pasados y atrasados que nos puedan perjudicar, y adecuarnos a los tiempos que transcurren. Insisto que tenemos que forjar el cambio de mentalidad evolutivo necesario para sobrevivir y evitar profundizar la crisis socioeconómica en el país. Es necesario que seamos un pueblo práctico, orientados hacia el futuro. Tenemos que tener metas prácticas y un enfoque realista para promover el interés nacional, sino, ¿cuál sería el futuro de Panamá si sus hijos no se atreven a cambiar y a modernizar sus instituciones y doctrinas políticas y socioeconómicas?
Por mi parte, estoy dispuesto a esperar el análisis y dictamen final, ya sea a favor o en contra, que emane de los debates juiciosos y serenos entre los gremios, las asociaciones y personas versadas en el tema.
(junito@cwp.net.pa)
Hay que sopesar con serenidad las repercusiones favorables o desfavorables que tal decisión pudiera tener en estos momentos, donde la situación de extrema pobreza y desempleo agobia a vastos sectores de nuestra población y además tener presente el hecho de que nuestra juventud está desesperada por una nueva esperanza y oportunidad.
El proyecto de ley en mención ha desatado una especie de histeria, como todo que denota cambio en este país, dentro de algunos grupos de interés especial. Da la impresión que la preocupación de los traductores e intérpretes nacionales no es por el avance y bienestar del país, sino por sus propios intereses que piensan que pueden ser afectados.
El inglés es, hoy en día, el idioma comercial en el mundo y es utilizado por todas las potencias industrializadas occidentales en sus transacciones comerciales. Hace varios años, el Departamento de Estado estadounidense adoptó como política estatal que todos los diplomáticos y cónsules tenían la obligación de conocer y poder hablar el idioma del país anfitrión donde son enviados, para así no tener que depender del servicio de traductores e intérpretes en sus relaciones políticas y comerciales para beneficio de todos.
Es necesario que los panameños enfrenten los cambios que demanda la nueva era con confianza. Estamos viviendo procesos de modernización donde rápidamente se desarrollan nuevos estilos de vida, nuevas tácticas e ideas. Se ha revolucionado nuestros sistemas de comunicación, de educación, de producción y mercadeo, que está trayendo como consecuencia, nuevas alternativas y oportunidades.
Es un hecho que cambios en esos sistemas producen ajustes que algunos resisten y otros le dan la bienvenida. Pero lograr cambios radicales en nuestras prioridades socioeconómicas en estos momentos de globalización y apertura de mercados debe ser nuestra intención y filosofía básica.
En este mundo moderno y globalizado, lo que ayer era apropiado, hoy puede perder vigencia. Tenemos que estar dispuestos al cambio sin aferrarnos a viejos esquemas pasados y atrasados que nos puedan perjudicar, y adecuarnos a los tiempos que transcurren. Insisto que tenemos que forjar el cambio de mentalidad evolutivo necesario para sobrevivir y evitar profundizar la crisis socioeconómica en el país. Es necesario que seamos un pueblo práctico, orientados hacia el futuro. Tenemos que tener metas prácticas y un enfoque realista para promover el interés nacional, sino, ¿cuál sería el futuro de Panamá si sus hijos no se atreven a cambiar y a modernizar sus instituciones y doctrinas políticas y socioeconómicas?
Por mi parte, estoy dispuesto a esperar el análisis y dictamen final, ya sea a favor o en contra, que emane de los debates juiciosos y serenos entre los gremios, las asociaciones y personas versadas en el tema.
(junito@cwp.net.pa)