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El IPAT y los carnavales tableños


"Si no ayudas no fastidies", reza un viejo dicho popular que viene como anillo al dedo a nuestro flamante Instituto Panameño de Turismo, el mismo organismo que nada ha hecho para sacar real provecho a la industria sin chimeneas en el país, a pesar de que por el Canal de Panamá transitan más de 13 mil barcos atestados de potenciales turistas cada año.
Naciones cercanas que no tienen la ventaja de poseer en medio de su territorio un paso obligado, han sido capaces de sacar mayores frutos a la lucrativa actividad, pese a tener mucho menos recursos que los nuestros, contando tan sólo con un poco de buena voluntad de sus funcionarios encargados.
De ese modo, Puerto Rico, ha logrado convertirse en un inmenso puerto de destino de cruceros, obteniendo 2,000 millones de dólares al año; Cuba, con todo y el embargo norteamericano, está generando 1,800 millones de dólares en igual período; República Dominicana igual, con 1,500 millones; y Costa Rica otro tanto con 600 millones. En Panamá, en cambio, no alcanzamos siquiera a 500 millones de dólares al año. Y lo poco que se acredita al rubro, es en realidad un mero turismo de compras.
Y, en medio de ese cuadro desolador, la directora regional del IPAT en Azuero, Ivis Vergara, con la autoridad de quien nada hace, se atrevió la semana pasada a hablar mal de lo poco o mucho que hacen los tableños, con su propio esfuerzo y carencias, para montar su carnaval. Sólo el amor y fuerza de la tradición puede explicar cómo han sido capaces de repetirlo con mayor esplendor cada año, pese a no contar con apoyo oficial y tener que enfrentar un sinfín de permisos, censuras, restricciones, multas, impuestos y explotación comercial inequitativa.
Como bien replicó a su modo Arcadio Villalaz, dirigente de Calle Abajo, los desórdenes son nada si se les compara con los carnavales de Río, con la diferencia que acá no ocurren asesinatos ni peleas masivas. Y de cualquier modo, si ocurriera, tal sería por deficiencia de las autoridades, incluyendo al IPAT, no de las tunas organizadoras del evento.
En más de una ocasión se han dado comentarios favorables de diplomáticos y extranjeros, deslumbrados por la alegría y el esplendor de los carnavales tableños, aunque el IPAT lo ignore.
Bien harían nuestros funcionarios en redescubrir los valores de las fiestas populares, que otros apreciamos, y coadyuvar a su fortalecimiento y mejoramiento, como fuentes generadoras de divisas y empleos. Y pueda ser que, en el esfuerzo, reconozcan lo que todos sabemos desde tiempos inmemoriales, que los tableños, montan un carnaval de fantasía, sólo para los visitantes; dejando los suyos verdaderos para el sábado de carnavalito y, a escondidas del IPAT y del resto del país, para cada año nuevo.


101 años de Panamá América

 
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