El "juega vivo" es corrupto
Estacionarse en un lugar para discapacitados, robar la señal de cable, reproducir discos y películas ilegalmente y comercializar con ellos, son algunos de los ejemplos de los actos que ilustran lo que en la jerga criolla se conoce como "juega vivo".
Jugar vivo es aprovechar cualquier situación ventajosa que se nos presenta, en perjuicio de otra persona. El sociólogo Marcos Gandásegui se refiere al "juega vivo" como una forma muy común de corrupción, en la que sólo participa un pequeño grupo de panameños contrario a la creencia popular que nos tilda a la gran mayoría de aprovechados.
El problema se agrava cuando esta forma de actuar se institucionaliza, pues se convierte en un valor que desarrolla algunas normas que definen las reglas del juego.
Tanto a nivel gubernamental, como en algunos sectores económicos, el "juega vivo" se convierte en una institución. También lo vemos en el mundo de los negocios, la política, incluso en la cultura.
"En Panamá, hasta cierto punto, celebramos esa conducta", explicó el sociólogo. No la sancionamos o censuramos producto de la debilidad de algunas instituciones importante como la política, la economía, la iglesia y la familia.
"Si una autoridad o una persona común afirma que la deshonestidad y viveza es parte de nuestra idiosincrasia, está contribuyendo a perpetuar ese pensamiento y jugando él mismo el "juega vivo", añadió Gandásegui.
En opinión del experto, la mayoría de los panameños no somos "juega vivos", somos personas que tenemos valores, que creemos en el trabajo, en la responsabilidad, lealtad y honestidad. A su parecer, nadie en las esferas políticas actuales está haciendo campaña en favor de los valores más importantes.
Jugar vivo es aprovechar cualquier situación ventajosa que se nos presenta, en perjuicio de otra persona. El sociólogo Marcos Gandásegui se refiere al "juega vivo" como una forma muy común de corrupción, en la que sólo participa un pequeño grupo de panameños contrario a la creencia popular que nos tilda a la gran mayoría de aprovechados.
El problema se agrava cuando esta forma de actuar se institucionaliza, pues se convierte en un valor que desarrolla algunas normas que definen las reglas del juego.
Tanto a nivel gubernamental, como en algunos sectores económicos, el "juega vivo" se convierte en una institución. También lo vemos en el mundo de los negocios, la política, incluso en la cultura.
"En Panamá, hasta cierto punto, celebramos esa conducta", explicó el sociólogo. No la sancionamos o censuramos producto de la debilidad de algunas instituciones importante como la política, la economía, la iglesia y la familia.
"Si una autoridad o una persona común afirma que la deshonestidad y viveza es parte de nuestra idiosincrasia, está contribuyendo a perpetuar ese pensamiento y jugando él mismo el "juega vivo", añadió Gandásegui.
En opinión del experto, la mayoría de los panameños no somos "juega vivos", somos personas que tenemos valores, que creemos en el trabajo, en la responsabilidad, lealtad y honestidad. A su parecer, nadie en las esferas políticas actuales está haciendo campaña en favor de los valores más importantes.